- 30 de agosto de 2025
La Fiscalía General de Justicia buscaba condenarla a 120 años de prisión.

El nombre de Karla Fernanda Hernández Gorostieta se ha vuelto uno de los más comentados en la Ciudad de México. Su historia mezcla violencia familiar, negligencia institucional, diagnósticos psiquiátricos y ahora un nuevo giro: su desaparición tras haber sido absuelta de un doble homicidio.
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El hallazgo que conmocionó a Álvaro Obregón
El 11 de agosto de 2022, vecinos de la colonia Unidad Alfonso XIII dieron aviso a las autoridades por un olor fétido que emanaba de un departamento. Al ingresar, policías y bomberos encontraron una escena de violencia: los cuerpos de Paola Georgina Gorostieta y Juan Carlos Gorostieta estaban en avanzado estado de descomposición.
Dentro del inmueble se encontraba Karla Fernanda, con manchas de sangre y acompañada de su perro pitbull. En ese momento confesó a los agentes que "había matado a su madre y tío", lo que dio pie a que la Fiscalía General de Justicia de la CDMX (FGJCDMX) la acusara de feminicidio y homicidio calificado.
Los informes iniciales apuntaban a que las víctimas tenían golpes y mordidas, posiblemente causadas por el perro. Pese a estas inconsistencias, la fiscalía la señaló como la principal responsable.
La defensa y los peritajes psiquiátricos
El proceso judicial dio un giro cuando la defensa presentó peritajes realizados por cuatro especialistas. El diagnóstico fue contundente: esquizofrenia, retraso mental grave y autismo.
El abogado Héctor Pérez explicó:
"Los peritos determinaron que Karla actuó bajo un episodio psicótico grave, sin capacidad de comprender la magnitud de sus actos ni de autodeterminarse".
La fiscalía, sin embargo, pedía 120 años de internamiento. Incluso alegaba que una de las víctimas había alcanzado a señalar a Karla como culpable, pero los peritos médicos descartaron esa versión: el hombre ya había fallecido antes del supuesto testimonio.
En abril de 2025, tras pasar más de dos años en prisión preventiva en Tepepan, el juez Alfredo Cárdenas Delgado dictó la absolución. La defensa declaró: "No demostró su participación en el hecho que la acusó".

Una vida marcada por violencia y abandono
Para entender este caso, es necesario mirar la vida de Karla antes del crimen. Desde pequeña enfrentó violencia familiar. Su madre la entregó al DIF, donde habría sido víctima de abuso sexual. Durante la adolescencia fue diagnosticada con autismo y esquizofrenia, pero nunca recibió tratamiento integral.
Meses antes del asesinato, su madre la había denunciado diciendo: "me pegaba y me amenazaba con su perro".
En prisión, Karla convivió con la población general, lo que deterioró su estado de salud. Intentó suicidarse en dos ocasiones. Al salir libre en abril de 2025, dijo que "está agradecida y feliz de recuperar su libertad, además de anhelar iniciar una nueva etapa sin violencia y en acompañamiento".
La desaparición tras ser absuelta
Tras su liberación, fue enviada a un albergue en Iztacalco donde recibía medicación y terapia.
Incluso, vecinos aseguraron haberla visto encapuchada intentando entrar al departamento donde murieron sus familiares, forzando la cerradura pese a que el inmueble seguía asegurado por la fiscalía.
El 9 de agosto de 2025 salió del albergue y no volvió. La Fiscalía emitió una ficha de búsqueda en la que se detallaba que vestía playera negra con el número 23 en rojo, chamarra café y un collar negro.
El periodista Carlos Jiménez alertó:
"Desde el 9 de agosto ya no regresó y están preocupados porque recibía su tratamiento psiquiátrico y la medicaban. Están preocupados porque no se esté medicando y pueda caer en un brote psicótico, que la puede llevar a cometer cualquier cosa".
¿Dónde está Karla Fernanda?
El 28 de agosto de 2025, la Comisión de Búsqueda de Personas de la CDMX publicó un fotoboletín con el folio D/02505. Horas después, su abogado informó que Karla estaba bien y que se había reportado en el Centro de Asistencia e Integración Social (CAIS), lugar del que salió de manera voluntaria.
El defensor detalló:
"Fer fue canalizada al CAIS por las gestiones que hizo el despacho y la Comisión de Derechos Humanos. En el CAIS se le ofrecieron albergue, atención médica, alimentos, terapia de adicciones y ocupacional en Villa Mujeres. Fer no quiso quedarse ahí por las limitaciones reglamentarias".
Añadió que Karla conoció a un hombre llamado Amaury y decidió irse con él. Aunque los vecinos del edificio donde ocurrieron los homicidios le impidieron el acceso colocando una cadena en la puerta, ella buscaba regresar a ese domicilio.
El abogado insistió en que se debe respetar su autonomía:
"Debemos respetar la autonomía de Fer, ya que no es una persona interdicta. Nadie tiene atribuciones legales para tomar decisiones por ella".
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El caso como reflejo de las fallas institucionales
El expediente de Karla expone varios problemas del sistema judicial y de salud en México:
- La criminalización de personas con padecimientos mentales severos.
- La falta de atención especializada en cárceles como Tepepan.
- La inexistencia de una red de apoyo tras la liberación.
- El estigma que recae sobre quienes viven con esquizofrenia o autismo.
Hoy, la historia de Karla Fernanda simboliza el cruce entre salud mental, violencia estructural y justicia. Este caso sigue generando controversia y cuestionamientos sobre la manera en que el sistema atiende a quienes viven con trastornos psiquiátricos severos.

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