- 23 de marzo de 2026
El uso de una ambulancia con sirenas encendidas para un traslado personal desata debate sobre legalidad, ética y sanciones en la CDMX.

Un traslado exprés terminó convirtiéndose en una controversia nacional, debido a que la cantante Natalia Jiménez se volvió el centro de atención luego de utilizar una ambulancia como medio de transporte tras su presentación en el festival Vive Latino, desatando críticas por el uso de unidades de emergencia para fines personales.
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El caso se hizo público cuando la propia artista compartió detalles de su traslado, lo que rápidamente generó reacciones. La discusión no solo se basa en la acción en sí, sino en las posibles implicaciones legales y éticas de utilizar un vehículo destinado a salvar vidas como transporte privado.
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¿Qué ocurrió exactamente?
La noche del 14 de marzo, tras su participación en el Vive Latino, la intérprete abordó una ambulancia privada que originalmente estaba asignada para atender emergencias dentro del evento. El vehículo salió del recinto y avanzó por importantes vialidades de la Ciudad de México (CDMX), incluyendo Circuito Interior, con sirenas y luces encendidas.
El objetivo era llegar con rapidez al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), desde donde la cantante continuaría su trayecto en helicóptero hacia Huamantla, en Tlaxcala.
Las imágenes y testimonios del recorrido provocaron indignación entre usuarios, quienes señalaron que este tipo de acciones podrían afectar la disponibilidad de servicios de emergencia para personas en situación crítica.
¿Qué dice la ley sobre el uso de ambulancias?
El uso de ambulancias en la capital está regulado por normas específicas que establecen claramente sus funciones. De acuerdo con el reglamento vigente en la CDMX, estos vehículos, ya sean públicos o privados, sólo pueden activar sirenas y luces cuando atienden una emergencia real o trasladan a un paciente en estado grave.
Además, la normativa federal, como la NOM-034-SSA3-2013, establece que las ambulancias deben utilizarse exclusivamente para atención médica prehospitalaria. Cualquier desviación de este propósito puede considerarse una falta administrativa o incluso un delito.
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Entre las posibles sanciones se contemplan multas económicas que pueden ir de los 2 mil a los 9 mil pesos, así como penas de prisión que van de seis meses a dos años en casos más graves. También se pueden aplicar medidas como el retiro de la unidad, la suspensión del servicio o la revisión de licencias operativas.
Un punto importante en este tipo de situaciones es la responsabilidad legal. Según la legislación, las sanciones no recaen directamente en los usuarios del servicio, sino en quienes operan la ambulancia.
Esto incluye a la empresa propietaria, al personal médico o técnico y a quienes autorizaron el uso indebido del vehículo. En otras palabras, salvo que se configure otro delito, la persona que solicita el traslado no enfrenta consecuencias penales directas.
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