- 03 de marzo de 2026
La administración confirmó que el presidente de Estados Unidos padece una afección circulatoria común en adultos mayores

En medio de especulaciones alimentadas por imágenes que mostraban hematomas visibles en sus manos, la Casa Blanca confirmó en junio de 2025 que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue diagnosticado con insuficiencia venosa crónica AB 9.
El anuncio buscó frenar las versiones que circulaban sobre su estado físico, pero terminó por reactivar un debate recurrente: la transparencia sobre la salud del mandatario más longevo en jurar el cargo en la historia del país.

El anuncio oficial desde la Casa Blanca
La secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, informó que el diagnóstico se realizó tras un examen médico integral. De acuerdo con su declaración, el presidente fue sometido a estudios vasculares y ecografías Doppler venosas bilaterales de las extremidades inferiores, luego de que presentara hinchazón en las piernas.
Leavitt explicó que la insuficiencia venosa crónica es una enfermedad frecuente en adultos mayores de 70 años y aseguró que no existían indicios de trombosis venosa profunda ni de enfermedad arterial.
En cuanto al hematoma visible en el dorso de la mano del presidente, precisó que sería un efecto secundario relacionado con la ingesta de aspirinas, descartando que estuviera asociado a un problema circulatorio mayor.
¿Qué es la insuficiencia venosa crónica?
La insuficiencia venosa crónica (IVC) es una afección del sistema circulatorio que ocurre cuando las venas de las piernas tienen dificultades para devolver la sangre al corazón. Esto provoca acumulación sanguínea en las extremidades inferiores y desencadena una serie de síntomas progresivos.
Entre las manifestaciones más comunes se encuentran:
- Dolor en las piernas
- Cambios en la piel
- Hinchazón o edema
- Aparición de arañas vasculares
- Calambres
- Varices
Se trata de una enfermedad crónica que, aunque puede ser controlada, no desaparece completamente. Su evolución depende de factores como la edad, el peso, la actividad física y la adherencia al tratamiento médico.
Nuevas imágenes y especulaciones: el sarpullido en el cuello
El tema volvió a colocarse en la conversación pública tras la viralización de una fotografía en la que se observa al presidente con un aparente sarpullido rojizo en el cuello.
Algunos usuarios en redes sociales relacionaron la erupción con la insuficiencia venosa crónica, aunque hasta el momento no existe confirmación médica que vincule directamente ese síntoma con su diagnóstico.
La difusión constante de imágenes del mandatario ha convertido cualquier señal física —desde inflamaciones hasta cambios en la piel— en objeto de escrutinio público inmediato.

Hematomas, maquillaje y explicaciones oficiales
Durante el último año se ha visto al presidente con hematomas recurrentes en las manos. Cuando aparecieron en la mano derecha, funcionarios de la Casa Blanca señalaron que eran consecuencia de la fuerza de sus apretones de mano al saludar. Posteriormente, el propio Trump comenzó a disimularlos con maquillaje.
Más recientemente, cuando surgió un hematoma en la mano izquierda, el presidente explicó que se había golpeado con una mesa y reiteró que se encontraba tomando aspirinas.
De igual forma, la hinchazón en las piernas —observable en distintos eventos públicos— fue atribuida por su equipo médico a la insuficiencia venosa crónica, una condición que afecta el retorno sanguíneo.
Un historial de opacidad médica
El diagnóstico actual se inserta en un contexto de larga data: la información sobre la salud de Trump ha sido históricamente escueta y, en ocasiones, excesivamente elogiosa.
En 2015, su entonces médico personal, Harold Bornstein, aseguró que Trump sería "el individuo más sano jamás elegido para la presidencia". En 2018, Ronny L. Jackson, médico de la Casa Blanca durante su administración, afirmó que, de haber seguido una dieta más saludable, Trump podría haber vivido hasta los 200 años.
Sin embargo, críticos y especialistas han cuestionado durante años la falta de datos concretos sobre su estado físico. Informes médicos vagos, ausencia de cifras básicas —como peso, presión arterial o niveles de colesterol— y la negativa a divulgar expedientes clínicos completos han alimentado la controversia.
Uno de los episodios más delicados ocurrió en octubre de 2020, cuando Trump enfermó gravemente de COVID-19. En aquel momento, su condición llegó a generar preocupación interna sobre la posibilidad de que necesitara ventilación mecánica.
No obstante, la gravedad del cuadro no se hizo pública de inmediato. Fue hasta después de que dejara el cargo, en enero de 2021, cuando se conocieron más detalles y sus médicos reconocieron haber ofrecido una visión excesivamente optimista durante la crisis sanitaria.
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