- 09 de abril de 2026
El gobierno de Sheinbaum evalúa usar fracking para reducir su dependencia del gas de Estados Unidos, pese al rechazo del gobierno de AMLO.

México enfrenta un dilema energético: necesita más gas natural para sostener su crecimiento, pero producirlo en el país implica riesgos ambientales importantes. En medio de este escenario, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha abierto la puerta a una técnica que durante años fue rechazada: el fracking.
Este posible cambio marca un giro en la política energética nacional y ha reavivado un debate que parecía cerrado.
¿Qué es el fracking y por qué genera polémica?
El fracking, o fractura hidráulica, es una técnica para extraer gas y petróleo atrapados en rocas profundas. Funciona de manera relativamente sencilla:
Se perfora un pozo en el subsuelo.
Se inyecta agua a alta presión mezclada con arena y químicos.
Esta presión rompe las rocas.
El gas o petróleo liberado sube a la superficie.
El problema es que este proceso puede:
Usar grandes cantidades de agua
Contaminar mantos acuíferos
Liberar gases que contribuyen al cambio climático
Por eso, ha sido ampliamente cuestionado en todo el mundo.

Del rechazo total al debate abierto
Durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el fracking fue rechazado de forma tajante. Desde el inicio de su mandato en 2018, el expresidente dejó clara su postura: no se utilizarían métodos que dañaran el medio ambiente.
A lo largo de su sexenio, reiteró que esta técnica implicaba un uso excesivo de agua y riesgos de contaminación, e incluso buscó prohibirla a nivel constitucional.
Para su administración, la soberanía energética, es decir, que México produjera su propia energía, debía lograrse sin recurrir a este tipo de prácticas. Sin embargo, el panorama comenzó a cambiar con la llegada de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Sheinbaum cambia el enfoque
Aunque durante su campaña Sheinbaum también criticó el fracking, ya como presidenta ha adoptado una postura más flexible.
Su gobierno no ha aprobado directamente esta técnica, pero sí ha decidido evaluarla.
La razón principal es clara:
México depende fuertemente del gas natural que compra a Estados Unidos.
Actualmente:
El país consume alrededor de 9 mil millones de pies cúbicos diarios de gas
Aproximadamente el 75% proviene de Texas
Esta dependencia representa un riesgo. Si hay problemas en el suministro o aumentos de precio, México podría enfrentar dificultades energéticas importantes.
El plan: producir más gas en México
Para reducir esta dependencia, el gobierno ha planteado aumentar la producción nacional de gas.
Petróleos Mexicanos (Pemex) propone:
Aprovechar yacimientos convencionales (más fáciles de explotar)
Explorar yacimientos no convencionales (más complejos), donde podría usarse fracking
La meta es ambiciosa:
Pasar de 2 mil 300 millones de pies cúbicos diarios en 2025
A más de 4 mil millones para 2030
Además, el objetivo a largo plazo es lograr la autosuficiencia energética hacia 2035.

¿Fracking “más limpio”? La apuesta del gobierno
La presidenta ha insistido en que no se trata de usar el fracking tradicional, sino de analizar nuevas tecnologías que reduzcan el daño ambiental.
Entre las alternativas que se están considerando:
Uso de agua reciclada o salada
Reducción de químicos tóxicos
Métodos más controlados de extracción
Para ello, se creó un comité científico con especialistas de instituciones como la UNAM y el Instituto Politécnico Nacional, que evaluará si realmente existen opciones más seguras.
Según Sheinbaum, cualquier decisión dependerá de la evidencia científica y de la aceptación de las comunidades.
Las críticas: “no existe el fracking sustentable”
Organizaciones ambientalistas han reaccionado con preocupación. Colectivos como la Alianza Mexicana contra el Fracking y Greenpeace advierten que:
El fracking sigue siendo una técnica altamente contaminante
Las “nuevas tecnologías” no han demostrado ser seguras
Los impactos pueden tardar años en aparecer
Entre los principales riesgos señalan:
Contaminación del agua
Escasez de recursos hídricos
Emisión de gases contaminantes
Posibles afectaciones a la salud, incluso cáncer en comunidades cercanas
Además, cuestionan la idea de un “fracking sustentable”, argumentando que, en esencia, sigue siendo una forma de extraer combustibles fósiles.

Un debate que apenas comienza
El posible regreso del fracking en México no es una decisión tomada, pero sí un tema que ya está sobre la mesa.
Por un lado, el gobierno busca:
Reducir la dependencia energética
Fortalecer la producción nacional
Garantizar el suministro de electricidad
Por el otro, especialistas y organizaciones advierten:
Los costos ambientales pueden ser altos
La transición debería enfocarse en energías limpias
En el fondo, la discusión es más amplia: ¿Debe México apostar por más gas para asegurar su energía, o acelerar su salida de los combustibles fósiles?
La respuesta, por ahora, sigue en evaluación científica. Pero lo que es claro es que el debate sobre el fracking ha vuelto… y esta vez podría definir el rumbo energético del país en los próximos años.
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