Opinión

Tertulias literarias: leer desde el corazón

Poner en palabras nuestras emociones es la primera acción para comprenderlas. La lectura –y en especial la lectura de libros infantiles ilustrados en los que la interrelación del texto y la imagen conforman la historia– es una vía ideal para que el lector novel conozca sus emociones y las de sus seres queridos. Los libros nos ayudan a clarificar lo que no tenemos claro. Hablar de nuestras lecturas con nosotros mismos y con otros es una forma de conocer nuestras emociones y de construirnos como lectores críticos y autónomos. 

Por Aline de la Macorra

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Poner en palabras nuestras emociones es la primera acción para comprenderlas.

Poner en palabras nuestras emociones es la primera acción para comprenderlas. - Especial (Colorines Educación)

Las escuelas son espacios donde las relaciones entre sus mimbros no solo son educativas, representan también una visión del mundo de quienes integran las comunidades escolares: de los modos de vivir, de pensar y de enseñar en donde la transmisión de valores como la solidaridad, la confianza, el apoyo, la escucha y el aprendizaje colaborativo debieran conformar el eje que sustente esas relaciones. 

Las emociones son parte integral del ser humano. Todos tenemos emociones, pero ¿cómo se manejan las emociones en la escuela? ¿Se habla de ellas? ¿Se ignoran? ¿Se incorporan a las conversaciones en las aulas? En la práctica he observado que cuando los docentes hacen reflexiones y autoexploraciones personales están más abiertos a acompañar a sus alumnos en el terreno emocional. Sin embargo, no es tan sencillo hacerlo.

¿Cómo manejamos las emociones?  

Muchas veces no encontramos las palabras, o no tenemos claridad de lo que nos sucede internamente. Hay cosas que se sienten y que no sabemos cómo compartir y expresar. Pueden ser pensamientos, emociones o sensaciones corporales. Hablar de nuestro ser, implica lenguaje, cuerpo y palabra. Cuando nos sentimos atrapados y a punto de explotar como una olla exprés, pero no encontramos la forma de expresarlo y compartirlo, es el primer paso hacia la comprensión de lo que nos sucede.

La lectura y las tertulias literarias abren nuevos caminos para nuestra autoexploración, porque cuando leemos nos reconocemos en las acciones contenidas en los textos. Reconocemos nuestras vivencias y las de otros e interpretamos los dilemas del texto leído desde perspectivas diferentes. Cada lector tiene una perspectiva y en la tertulia puede compartirla con el resto de los lectores del grupo.

En particular, la lectura de cuentos ilustrados propone al lector historias que se relatan desde dos lenguajes: el de las palabras y el de las imágenes. Ambos cuentan una parte de la historia.  Las palabras solas, no relatan todo.  Las imágenes tampoco. Es necesario “leer” ambos lenguajes para adentrarse en la historia. 

Este regreso a clases está siendo muy complejo.  Todos los involucrados: familias, directores, maestros, niñas y niños han acumulado una gran cantidad de emociones, como soledad, miedo, pérdidas. ¿Me pregunto qué tanto se han cargado más las responsabilidades a las mujeres y a las niñas? ¿Tienen espacios con quién hablar?

Como maestras y maestros es indispensable asegurar que la escucha activa esté presente en nuestro día a día escolar. Hemos de “oír” tanto el lenguaje verbal como el no verbal. Reconocer las emociones en el tono de voz, los movimientos corporales o los silencios. Es necesario ser empáticos, ponernos en los zapatos del otro para tratar de comprender lo que le pasa. Eso es acompañarlo. La escucha activa implica encontrar la palabra que más se acerca a las emociones que vivimos. No es lo mismo sentirse liberada, que satisfecha. 

Las palabras tienen diferentes intensidades emocionales. Estar aburrida, sentirse ansiosa o devaluada son matices que se refieren a sentimientos particulares. Nombrar las emociones con la justa palabra acerca a las personas a su mundo interior. A veces, cuando nos sentimos mal, generalizamos las emociones utilizando una misma palabra para expresarlas todas, borrando así los diferentes matices de nuestro malestar.

La lectura no solo nos lleva a mundos de fantasía, de aventuras o de conocimientos. También le ofrece al lector la posibilidad de encontrar las palabras que busca. Los libros pueden, por lo tanto, ser el inicio de la comprensión y transformación de las emociones. 

La lectura de los libros permite: 

Hablar con uno mismo. Es una forma de pensar en voz alta. De enunciar lo obvio, pues lo que no es obvio solo se sabrá al establecerse lo que sí es. Decir lo que pensamos que sabemos nos lleva a descubrir lo que no sabemos.

Hablar a otros. Cuando se habla con los demás es necesario estructurar el pensamiento para que sea comunicable, porque el otro tendrá que interpretar lo que escucha. Hacer públicas las conversaciones es convertir los pensamientos en posesiones colectivas. Hablar a otros permite construir significados a través de un proceso en el que se organizan y se expresan los pensamientos. 

Hablar juntos. Es conversar con otros, y permite acceder a un conocimiento, entendimiento y apreciación que supera lo que se logra solo.  Escuchar a los otros permite reconocer otros puntos de vista, para construir la propia apreciación.

Hablar de lo nuevo. Al analizar un asunto con otros se enriquece los sentidos.  Se encuentran posibilidades que no se habían pensado y se pueden argumentar y reconstruir interpretaciones.

El acto de leer

El acto de leer, entre otras muchas otras cosas, implica descubrir la historia y relacionarla con las experiencias y emociones propias. Es vital comprender y disfrutar lo que se lee.

Uno de los objetivos principales de la educación, es formar lectores críticos y autónomos.  Pero ¿cómo lograrlo?

Mientras lee, el lector piensa en muchas cosas, pero ¿en qué piensa?  Reconocer y detectar los pensamientos es un punto esencial de ser lector y es parte fundamental de las estrategias para alcanzar la comprensión.  Los lectores competentes reconocen que mientras leen piensan y se imaginan lo que ocurrirá, analizan si la historia es congruente, confirman sus hipótesis y continúan por ese camino. Otras veces se replantean lo que pensaban y elaboran nuevas hipótesis.  Los lectores están en constante relación con el texto y con sus propias experiencias. 

Una breve mirada a algunos libros

Los libros infantiles ilustrados nos ofrecen una enorme gama de posibilidades para abordar emociones como: el mal humor, las inseguridades, la ansiedad que puede producir, por ejemplo, el cambio de hogar, o temores largamente anidados en lo más recóndito de nosotros mismos. 

IMAGEN: Colorines Educación

En Yo y mi miedo, la protagonista descubre que los demás también tienen miedos y no solo ella, lo que hace que disminuya su agobio. Tú importas plantea cómo todas las personas son valiosas, sean grandes o pequeñas. También trata lo esencial de descubrir que todos lo somos, aun cuando nademos a contracorriente. Sin importar si llegamos en primer lugar o en último. El libro asimismo aborda la dificultad, a veces, de encontrar a alguien que nos brinde ayuda, cuando la necesitamos, pero reconforta al lector asegurándole que es cosa de seguir buscando y así encontrará el apoyo que requiere. Al otro lado del jardín cuenta la historia de una niña que se siente inmensamente desamparada y con un enorme vacío, porque se va a vivir con su abuela a otra casa, lejos de sus padres; pero, poco a poco va llenando ese vacío y tomando control de sus emociones. El libro de los sentimientos presenta las vivencias cotidianas de dos hermanos, distinguiendo cuándo están felices o nerviosos, o por qué se sienten tímidos, enojados, celosos, tristes o malhumorados.  

Los adultos, en particular los docentes y los padres, pueden explorar –solos o acompañados por los menores– títulos como los anteriores en bibliotecas públicas, escolares y de aula. Su lectura les abrirá posibilidades quizá no descubiertas aún.

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