Opinión

Entre la expectativa e incertidumbre del regreso presencial: un poco de realismo

Frente a las expectativas e incertidumbres generadas por el inminente regreso a clases presenciales las escuelas preparan un conjunto de planes e intervenciones para atender todos los frentes: seguridad sanitaria, bienestar socioemocional, aprendizajes esperados, etc. Considerando los retos que se prevén para los primeros meses del ciclo escolar, no basta planificar al detalle; es necesario considerar la sencillez y sostenibilidad de esos planes y fomentar actitudes de flexibilidad y paciencia.

Por Cecilia Galas

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En las próximas semanas cientos de miles de docentes regresarán a las escuelas para las Jornadas de Limpieza Profunda, los Talleres de Capacitación intensiva (en modalidad presencial o virtual) y la sesión intensiva del Consejo Técnico Escolar. El 30 de agosto, las puertas de los centros educativos se abrirán y veremos a las niñas, niños y adolescentes regresar tras año y medio de educación a distancia. 

Alumnas y alumnos con mochilas al hombro y cubrebocas coloridos, saludándose a la distancia, hay quienes regresan a grados superiores; quienes se conocen por primera vez “en vivo” quizá mirándose con curiosidad y algo de nerviosismo. Docentes dando indicaciones sobre protocolos de entrada y filtros de salubridad, además de las indicaciones de cualquier primer día de clases, recogiendo responsivas de padres de familia y cuidadores, entre otros.

No importa cuánto planeemos, preveamos e imaginemos, el momento de la verdad será emocionante, ajetreado y también, quizás un poco caótico. ¿Cuántos estudiantes vendrán? Sabemos que la organización se dispuso para asistencia en grupos alternos, que un número no menor de padres de familia optarán por no enviar a sus hijos, que habrá otros estudiantes que tristemente no volverán en el futuro inmediato. 

¿Funcionarán los filtros y protocolos como lo esperamos? ¿Cuál será el nivel de respuesta y compromiso de la comunidad en la corresponsabilidad del cuidado y prevención en casa? ¿Nos sorprenderán los resultados de las evaluaciones diagnósticas o empatarán con la información y el panorama de aprendizajes de los alumnos que ya teníamos contemplado?

Tanto la guía de la sesión intensiva del CTE como los materiales del Taller intensivo de capacitación abordan con bastante detalle los pasos para elaborar los diagnósticos y planes que son, sin duda, imprescindibles y de gran ayuda, especialmente en este año cuando hay que manejar la tensión entre distintas prioridades: cuidar la salud de toda la comunidad educativa y las familias, asegurar la mejor atención a los estudiantes para atender a cada uno según el nivel en el que se encuentre, velar por el bienestar socioemocional de todos, entre otras.

Hay, sin embargo, algunos retos que considerar no tanto en la elaboración de los planes, sino en su implementación y posterior ajuste. Pongo a consideración tres retos, como ejemplo y punto de partida para reflexionar sobre el tema.

El primero, logístico en su naturaleza, es adaptar la organización de aulas y grupos al número de alumnos que, efectivamente, se presenten las primeras semanas de clase, combinándolo con la atención a los estudiantes que no están asistiendo, pero están inscritos; todo esto, con planes de intervención diferenciados por niveles de aprendizaje. Es muy posible que, a lo largo de los primeros meses, haya padres de familia que cambien de opinión y opten por “siempre sí” enviar o dejar de enviar a sus hijas e hijos a la escuela.

El segundo, casi inevitable, será el responder con rapidez al cierre y reapertura de grupos o el plantel completo frente a casos sospechosos y confirmados de COVID-19. Considerando los esfuerzos que supone preparar e implementar el plan de atención para el periodo extraordinario de recuperación en cada aula y el manejo de grupos alternos, la interrupción inesperada de clases y el regreso a una modalidad a distancia, quizás varias veces, durante el primer semestre del año escolar puede resultar desgastante, tanto para el equipo docente y directivo como para los padres de familia. 

Finalmente, queda por verse si dos meses serán suficientes para atender los niveles de rezago que presentarán algunos alumnos, particularmente considerando el reto anterior. Lo más probable es que se requiera una extensión del periodo extraordinario de recuperación; si esta extensión no es oficial, la escuela al menos debe reconocer el estado de sus estudiantes respecto a los aprendizajes esperados e incorporar esa realidad en sus planeaciones del resto del ciclo escolar.

La intención de señalar estos retos, lejos de agobiar o desalentar es aportar realismo en medio de una situación llena de incertidumbres y mucha planeación. La realidad es que necesitamos de los planes y previsiones para poder abrir las escuelas, pero a la vez, estos no serán suficientes para afrontar la situación. Necesitamos, además, ciertos criterios al momento de hacer los planes y ciertas actitudes al implementarlos.

Quizás el criterio más importante y, el más difícil de seguir, será el de la simplicidad. Se le atribuye a Albert Einstein la cita “Todo tiene que ser tan simple como sea posible, pero no más simple”. Rotaciones de aula, filtros de salud, medidas de sana distancia, diversificación de actividades, y todo el resto de las intervenciones deberían revisarse con ojos críticos pensando: ¿Podemos lograr el fin de esta actividad o proceso (por ejemplo, cuidar la sana distancia, atender al bienestar socioemocional o diferenciar el aprendizaje), de una manera más sencilla a la actualmente planteada?

¿Hay alguna forma de ahorrar pasos o retrabajo más adelante? Recordemos, durante el ciclo escolar no se dispondrá de días enteros para planear y replantear como sucede durante la sesión intensiva del CTE; en el día a día es necesario balancear muchas actividades e imprevistos, y no habrá más tiempo del que normalmente existe para realizar planeaciones didácticas o para elaborar un nuevo protocolo de sana distancia. Cualquier cambio que se haga más adelante requerirá de esfuerzos adicionales para comunicarlo a toda la comunidad y modificar sus prácticas. Esto no es para decir que no será necesario hacer ajustes sobre la marcha, sino que entre más sencillos sean los planteamientos para operar durante estos meses, más posibilidad de éxito tendrán y más fácil será comunicar las adecuaciones que se hagan.

Un segundo criterio es el de la sostenibilidad de las propuestas. Para ello, podemos preguntarnos: ¿El esfuerzo de implementar lo que estamos proponiendo se podrá mantener durante todo el ciclo escolar? ¿En dónde vemos riesgos que lleven a que las personas se cansen, harten o bajen la guardia? Estamos frente a una carrera de resistencia, si las medidas de seguridad sanitaria o los procesos de planeación de las actividades del aula, por ejemplo, son demasiado complejos terminarán por abandonarse o seguirse “a medias”, perdiendo al menos parte de su efectividad.

Respecto a la implementación, la clave será: flexibilidad y paciencia. Flexibilidad porque muchas veces las cosas no saldrán como se estaban pensado, surgirán situaciones imprevistas, casuísticas y dilemas que no se cubren en una planeación. En esos momentos, la claridad de los objetivos finales (cuidado de la salud física y el bienestar socioemocional, el logro de aprendizajes, etc.) deberán fungir como brújula en la toma de decisiones para poder pensar fuera de la caja y adaptarse a las circunstancias que se vayan presentando. 

Crédito: Angelov @Freepik

Paciencia porque los cambios y adaptaciones serán inevitables. Frente a situaciones críticas y de presión una reacción común es buscar culpables; en los casos que se presentarán muchas veces no los habrá o no servirá de mucho encontrar al responsable para llegar a la solución requerida. Esto no significa eximir de responsabilidades, que más que nunca cada persona debe asumir, pero sí que estemos dispuestos a sobreponernos a las primeras reacciones para poder dar soluciones efectivas sin sacrificar los objetivos más importantes.

Nos espera un ciclo escolar… emocionante, en todo el sentido de la palabra, con claroscuros y seguramente muchos aprendizajes y momentos entrañables tanto entre el equipo docente como con las alumnas y alumnos. No nos queda más que prepararnos con buenos planes, sencillos y sostenibles, armarnos de flexibilidad y paciencia.

¡Nos vemos el 30 de agosto!

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