La igualdad sustantiva en México avanza con reformas y decretos que buscan cerrar brechas históricas.

La construcción de un país más justo requiere diálogo.
La construcción de un país más justo requiere diálogo. Créditos: IA.

La igualdad sustantiva en México avanza con reformas y decretos que buscan cerrar brechas históricas. El reto está en transformar esos marcos legales en cambios reales en la vida cotidiana de las mujeres. La construcción de un país más justo requiere diálogo, participación y compromiso colectivo.

En México, la igualdad sustantiva ha dejado de ser un concepto reservado a los círculos académicos o a los movimientos feministas. Hoy forma parte del lenguaje político y se ha convertido en una meta que el gobierno federal actual coloca en el centro de sus reformas. La llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia en 2024 abrió un nuevo capítulo: por primera vez, una mujer dirige el país y lo hace con la convicción de que la igualdad no debe quedarse en la ley, sino reflejarse en la vida diaria.

La diferencia entre igualdad formal y sustantiva es significativa. La primera reconoce que hombres y mujeres tienen los mismos derechos en el papel; la segunda busca que esos derechos se ejerzan de manera efectiva, que las condiciones sociales, económicas y culturales permitan que las mujeres vivan libres de violencia, participen en política, accedan a la justicia y tengan autonomía económica. En otras palabras, la igualdad sustantiva aspira a que la letra de la ley se convierta en experiencia cotidiana.

En los últimos años, México ha dado pasos importantes. En 2025, el Congreso aprobó una reforma que actualizó 17 ordenamientos legales para incorporar la perspectiva de género en educación, salud y cultura. Ese mismo año, la presidenta firmó un decreto que garantiza la igualdad sustantiva en la Constitución, reforzando el marco jurídico nacional. Organismos como ONU Mujeres han reconocido estos avances, señalando que México ha construido una arquitectura institucional sólida para la igualdad de género, en colaboración con sociedad civil y organismos internacionales.

No obstante, la pregunta que surge es si estos cambios legales se reflejan en transformaciones reales en la vida de las mujeres. La respuesta no es sencilla.

La violencia de género sigue siendo una preocupación constante. Aunque existen fiscalías especializadas y protocolos, muchas mujeres enfrentan un sistema de justicia lento y poco sensible. En el ámbito económico, la brecha salarial persiste y las mujeres continúan cargando con la doble jornada: el empleo remunerado y el trabajo doméstico no pagado. Las políticas públicas han intentado aliviar esta carga, pero los cambios culturales avanzan con mayor lentitud.

La educación también enfrenta retos. Se han incorporado contenidos con perspectiva de género en los planes de estudio, pero las aperturas sociales y políticas aún avanzan lentas. Sectores conservadores se oponen a la educación sexual integral y a iniciativas que cuestionen los roles tradicionales. La igualdad sustantiva, en este sentido, se enfrenta tanto a obstáculos institucionales como culturales.

Un aspecto que merece atención es la interseccionalidad; no todas las mujeres viven las mismas desigualdades. Las mujeres indígenas, afrodescendientes, rurales o con discapacidad enfrentan barreras adicionales que las políticas generales no siempre contemplan; la igualdad sustantiva requiere reconocer estas diferencias y diseñar acciones específicas que atiendan la diversidad de experiencias.

El contraste entre discurso y realidad es claro. El gobierno federal ha colocado la igualdad sustantiva en el centro de su narrativa, pero la vida cotidiana de muchas mujeres sigue marcada por desafíos. La pregunta, entonces, no es si México ha avanzado —porque lo ha hecho—, sino cómo lograr que esos avances se traduzcan en cambios profundos y sostenibles.

La respuesta pasa por fortalecer la implementación local, garantizar acceso efectivo a la justicia, reducir las brechas económicas y, sobre todo, impulsar un cambio cultural que desmonte estereotipos y resistencias. Ningún decreto, por sí solo, puede transformar la manera en que una sociedad entiende y vive el género.

La igualdad sustantiva en México es, hoy, una construcción en proceso. Una construcción que necesita la participación activa de la sociedad civil, de los movimientos feministas y de cada persona que cree en un país más justo. Porque la igualdad no se mide únicamente en reformas o discursos, sino en la posibilidad real de que todas las mujeres vivan con libertad, seguridad y dignidad.

IA.
La sociedad civil y los movimientos feministas seguirán siendo actores fundamentales.  Créditos: IA.

Llamado a la acción

La igualdad sustantiva en México representa un avance histórico, pero aún enfrenta retos profundos. El gobierno federal ha colocado la perspectiva de género en el centro de su agenda, pero la verdadera transformación dependerá de:

  • Fortalecer la implementación local.
  • Garantizar acceso efectivo a justicia y seguridad.
  • Reducir brechas económicas y laborales.
  • Impulsar un cambio cultural que desmonte estereotipos y resistencias.

La sociedad civil y los movimientos feministas seguirán siendo actores fundamentales para vigilar que la igualdad sustantiva no se quede en el papel, sino que se traduzca en vidas más libres y dignas para todas las mujeres y diversidades. La igualdad sustantiva no es un destino fijo, sino un camino que se construye día a día. Cada voz que se suma, cada acción que cuestiona la desigualdad y cada esfuerzo por transformar la cultura contribuye a que la igualdad deje de ser una promesa y se convierta en una realidad compartida.

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Rubí Peniche Cetzal* Integrante de MUxED. Doctora en Investigación Educativa por la Universidad de Granada, España. Investigadora titular del Instituto de Investigación y Desarrollo Educativo de la Universidad Autónoma de Baja California, México. Sus líneas de investigación se enfocan en la eficacia escolar, el bachillerato y la transición a la educación superior. 

Correo: [email protected] 

X: @peniche_rubi

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