- 05 de enero de 2026
Luego del derrocamiento de Nicolás Maduro, Donald Trump intensifica la presión contra Cuba, mientras México queda bajo escrutinio por su respaldo energético y político a la isla.

El escenario geopolítico en América Latina cambió de forma abrupta tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro en una operación militar encabezada por Estados Unidos.
Apenas días después, el presidente Donald Trump dejó claro que el siguiente objetivo estratégico de su administración podría ser Cuba, un país que durante décadas ha sido un actor central en los equilibrios regionales y que hoy mantiene una relación estrecha con el gobierno mexicano encabezado por Claudia Sheinbaum.
Las declaraciones provenientes de Washington no se limitaron a análisis o advertencias diplomáticas. Trump sugirió abiertamente que la caída del sistema cubano no sólo es una consecuencia previsible del colapso venezolano, sino un objetivo político en sí mismo.
Al regresar a la capital estadounidense desde Florida, el mandatario afirmó:
"Cuba parece que está a punto de caer, se está hundiendo definitivamente. No sé cómo van a poder mantenerse, no tienen ingresos. Recibían todo sus ingresos de Venezuela, del petróleo venezolano".
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El golpe venezolano y su impacto directo en La Habana
Cuba fue uno de los países más afectados por las consecuencias inmediatas del operativo en Venezuela. Antes incluso de que el gobierno cubano reconociera públicamente lo ocurrido, comenzaron a circular versiones dentro de la isla sobre la muerte de fuerzas de seguridad cubanas que se encontraban en Caracas. Más tarde, La Habana confirmó que 32 militares y miembros de seguridad fallecieron durante los hechos.
Sin embargo, el impacto real fue más profundo. La caída de Maduro amenaza con cortar uno de los principales pilares económicos del régimen cubano: el suministro de petróleo venezolano, que durante años permitió a la isla sostener su sistema energético a cambio del envío de personal médico y de seguridad.
Washington endurece el mensaje
El secretario de Estado, Marco Rubio, reforzó la narrativa de presión al advertir públicamente que el gobierno cubano debería sentirse amenazado.
"Si yo viviera en La Habana y estuviera en el gobierno, estaría preocupado", declaró en una entrevista televisiva. Sus palabras resonaron con fuerza entre la comunidad cubana en el sur de Florida, donde la caída del régimen en la isla ha sido una aspiración política constante.
En ciudades como Little Havana y Doral, exiliados cubanos se sumaron a celebraciones por la caída de Maduro. Dariel Fernández, funcionario electo en Miami-Dade, fue contundente al señalar a Financial Times:
"Cuba es la ´raíz´ de los problemas con Venezuela, Nicaragua y otros regímenes de izquierda en la región".
Añadió que "ahora ha llegado el momento... de que el régimen comunista y socialista de los Castro sea responsabilizado también, y de que el pueblo cubano finalmente sea libre".

Escepticismo entre analistas
Pese al tono triunfalista, expertos en asuntos cubanos cuestionan que el gobierno de La Habana colapse únicamente por el golpe económico. Michael J. Bustamante, académico de la Universidad de Miami, expresó también al periódico sus dudas sobre ese escenario:
"Si la pregunta es si el gobierno cubano va a colapsar por sí solo porque el dolor económico va a aumentar" sin los envíos de crudo, "soy muy escéptico".
Juan González, exfuncionario del Consejo de Seguridad Nacional, coincidió en que la interrupción del petróleo agravará la crisis humanitaria, pero no necesariamente provocará la rendición del régimen. "Cortar las entregas de petróleo va a apretar enormemente la situación humanitaria", advirtió al diario estadounidense.
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México entra en la ecuación
El giro más delicado del conflicto se produjo cuando la atención de Washington se desplazó hacia México. Tras la reducción drástica de los envíos venezolanos, México se convirtió en el principal proveedor de petróleo de Cuba en 2025, superando incluso a Caracas.
De acuerdo con datos de la organización industrial Kpler, el país exportó en promedio más de 12 mil barriles diarios a la isla, lo que representó cerca del 44 por ciento de sus importaciones totales.
Esta relación energética colocó al gobierno de Sheinbaum bajo un intenso escrutinio. La administración Trump llamó públicamente a México a reconsiderar su respaldo a Cuba y criticó convenios como el envío de brigadas médicas cubanas, calificándolos como esquemas de trabajo forzado.
Katherine Dueholm, subsecretaria adjunta del Departamento de Estado, fue directa al señalar:
"Desafortunadamente, al apegarse a su política exterior no intervencionista, la actual Administración (de Sheinbaum) ha actuado con frecuencia de maneras que contradicen lo que consideramos nuestros valores compartidos y los objetivos de EU. Esto incluye, su apoyo al régimen cubano, brutal, corrupto y económicamente disfuncional".

Presión política y advertencias comerciales
Las críticas no se limitaron al ámbito diplomático. Legisladores republicanos de origen cubano intensificaron sus ataques contra México. La congresista María Elvira Salazar lanzó un mensaje directo:
"Presidenta Claudia Sheinbaum: la historia está mirando. Basta ya de respaldar dictaduras en Venezuela y Cuba".
Carlos Giménez y Mario Díaz-Balart advirtieron que la postura mexicana podría tener consecuencias económicas, especialmente de cara a la revisión del tratado comercial entre Estados Unidos, México y Canadá en 2026. Giménez alertó sobre "graves consecuencias para el comercio entre nuestros países" si México mantiene el envío de petróleo a Cuba.
La postura de Sheinbaum
Frente a la creciente presión, la presidenta Claudia Sheinbaum defendió la relación histórica entre México y Cuba, subrayando que los acuerdos energéticos no son exclusivos de su administración.
"Primero lo hacemos en un marco legal, como país soberano y segundo, lo hacemos para dar continuidad a una serie de apoyos que se han dado históricamente de nuestro país a Cuba".
La mandataria recordó que todos los gobiernos mexicanos, sin importar su signo político, han mantenido vínculos con La Habana. Además, criticó duramente la captura de Maduro, al afirmar que "la acción unilateral y la invasión no pueden ser la base de las relaciones internacionales en el siglo XXI".
Mientras Cuba enfrenta apagones, escasez de alimentos y una crisis económica profunda, la presión externa se intensifica. Algunos observadores consideran que el contexto podría abrir la puerta a reformas internas, aunque otros dudan de que el actual liderazgo esté dispuesto a implementarlas.
Carlos Alzugaray, diplomático retirado, advirtió a Washington Post que la amenaza externa es grave, pero subrayó que la mayoría de los cubanos no desea una intervención extranjera.
"No creo que la gente esté tan desesperada como para recibir con los brazos abiertos una intervención estadounidense".
En este escenario, México queda entre su política histórica de no intervención y la presión de su principal socio comercial. Tras Venezuela, Cuba se ha convertido en el nuevo eje de confrontación, y la postura mexicana podría definir no sólo su relación con Washington, sino su papel en el reacomodo político de América Latina.
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