- 20 de enero de 2026
El doble feminicidio en Cuautitlán reveló antecedentes ignorados, una huida que terminó en captura y el testimonio de un niño que fue decisivo.

El municipio de Cuautitlán Izcalli se convirtió en uno de los principales focos de atención nacional tras el asesinato de Cindy Medrano y de su madre, Teresita de Jesús Tavera.
El crimen, ocurrido en la colonia San Francisco Cascantitla, dejó al descubierto no sólo la brutalidad de un ataque dentro del ámbito familiar, sino también una secuencia de alertas previas que no fueron atendidas a tiempo. Con el paso de los días, la investigación avanzó marcada por un elemento central: el testimonio de un niño de seis años que sobrevivió y rompió el silencio.
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La escena del crimen en San Francisco Cascantitla
Los hechos ocurrieron en un departamento donde Cindy, de 25 años, se había refugiado junto a sus hijos tras alejarse de una relación violenta. En ese mismo espacio vivía su madre, Teresita, de 53 años, quien se encontraba en silla de ruedas tras una amputación de ambas piernas debido a una enfermedad crónica.
La vivienda, aparentemente tranquila, se convirtió en el escenario de un ataque que terminó con la vida de ambas mujeres.
Familiares acudieron al domicilio después de no lograr comunicarse con Teresita. Al ingresar, encontraron a las dos mujeres sin vida y alertaron a las autoridades. Policías municipales acordonaron el inmueble y personal de emergencia confirmó el fallecimiento. Desde ese momento, la Fiscalía General de Justicia del Estado de México tomó el control de las investigaciones por el delito de feminicidio.

El agresor y la violencia dentro del núcleo familiar
El principal sospechoso fue identificado como Erick Antonio “N”, pareja de Cindy y padre de la hija menor. De acuerdo con la investigación, el hombre ingresó al domicilio y atacó a ambas mujeres con extrema violencia. Teresita, debido a su discapacidad, no pudo defenderse ni escapar, mientras que Cindy fue agredida dentro del mismo inmueble.
Este ataque no fue un hecho aislado. Existían antecedentes de violencia familiar que ya habían sido documentados. Erick Antonio “N” había sido denunciado previamente por agredir a Damián, el hijo mayor de Cindy, quien sufrió una fractura de fémur. A pesar de la gravedad de esa agresión, el proceso legal no avanzó luego de que la denuncia fuera retirada, permitiendo que el agresor permaneciera en libertad.
Un niño sobreviviente y el testimonio que estremeció
Dentro de la vivienda se encontraba Damián, un niño de seis años, quien logró sobrevivir al ataque. El menor permaneció encerrado mientras ocurría la agresión y fue rescatado después del hallazgo de los cuerpos. Al ser puesto a salvo, pronunció una frase que rápidamente se difundió por su impacto:
“Mi papá es una mala persona, mató a mi mamá”.
Ese primer testimonio marcó el rumbo del caso. Días después, durante la audiencia judicial, la declaración formal del niño se convirtió en una de las pruebas más contundentes para el Ministerio Público. En su relato, identificó al agresor y describió cómo atacó primero a su abuela y después a su madre. Una de las frases que quedaron asentadas en el expediente fue:
“Mi papá es malo... mató a mi mamá y a mi abu”.
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Antecedentes ignorados y alertas que no bastaron
Conforme avanzó la investigación, el caso comenzó a ser analizado como un ejemplo de violencia documentada que no se tradujo en prevención. La agresión previa de Erick Antonio "N" contra Damián, denunciada en su momento, es hoy señalada como una alerta crítica que no derivó en medidas de protección efectivas para Cindy ni para sus hijos.
Vecinos y familiares coincidieron en que la violencia dentro de la relación era conocida. Cindy había intentado romper con ese ciclo alejándose del agresor y buscando refugio en casa de su madre. Sin embargo, la falta de seguimiento institucional permitió que el riesgo persistiera hasta desembocar en el doble feminicidio.

La huida y captura del presunto feminicida
Tras el asesinato de Cindy y Teresita, Erick Antonio “N” huyó del Estado de México. Durante varios días se mantuvo prófugo, lo que generó indignación social y una intensa movilización policial. Autoridades estatales y federales activaron operativos de búsqueda en carreteras, aeropuertos y distintos puntos del país ante la posibilidad de que el sospechoso intentara escapar al extranjero.
La desaparición del agresor mantuvo en vilo a la familia de las víctimas y a la comunidad de Cuautitlán Izcalli, mientras en redes sociales se multiplicaban los llamados para su localización y detención.
La huida terminó en Guerrero, donde Erick Antonio “N” fue localizado y detenido en un operativo interinstitucional. En la acción también fue asegurado un segundo hombre, señalado por presuntamente ayudarlo a ocultarse tras el crimen, y quien además, tenía una decnuncia previa por abuso sexual contra una menor. Ambos fueron puestos a disposición del Ministerio Público y trasladados al Estado de México para enfrentar los cargos correspondientes.
La detención fue presentada por las autoridades como un avance clave en el caso, aunque no disipó todas las dudas ni las exigencias de la familia, que desde el inicio reclamó una investigación exhaustiva.
Inconsistencias forenses y exigencia de claridad
Uno de los puntos que más controversia generó fue la discrepancia entre los dictámenes forenses y lo observado por los familiares durante el reconocimiento de los cuerpos. Mientras las actas oficiales establecieron una causa de muerte por estrangulamiento, los familiares señalaron la presencia de lesiones visibles en la cabeza que apuntan a un traumatismo craneoencefálico provocado por golpes con un objeto contundente.
Estas inconsistencias reforzaron la exigencia de que la investigación no minimizara la violencia ejercida y que los peritajes reflejaran con precisión la mecánica real del ataque. Para la familia, la justicia implica no sólo una sentencia, sino también la verdad completa sobre lo ocurrido.

El destino de los menores tras el crimen
Después del doble feminicidio, la situación de los hijos de Cindy se convirtió en una prioridad. La hija menor, Erika Camila de 3 años, fue localizada horas después del crimen y quedó bajo resguardo del DIF municipal. Damián, el niño sobreviviente, fue entregado a familiares y comenzó a recibir atención psicológica especializada.
"De día amarró a mi abu Tere y la mató a pisadas. De noche amarró a mi mamá Cindy y la mató a pisadas", declaró Damián a las autoridades.
Su testimonio, fundamental para el proceso judicial, evidenció también el impacto profundo que la violencia tuvo en su vida.
El asesinato de Cindy y Teresita provocó una fuerte reacción social en Cuautitlán Izcalli y en todo el Estado de México. Durante los servicios funerarios, familiares, vecinos y personas solidarias se reunieron para despedir a ambas mujeres y exigir justicia. El velatorio, realizado a pocos kilómetros del lugar del crimen, se convirtió en un espacio de duelo y de reclamo colectivo.
Las imágenes de los féretros colocados uno junto al otro simbolizaron dos vidas truncadas por la violencia y reforzaron el llamado a que estos casos no queden impunes ni se repitan.

Un proceso judicial marcado por la voz de un niño
Con el agresor detenido y el proceso judicial en marcha, el testimonio de Damián se mantiene como una pieza central del expediente. Su relato permitió reconstruir los hechos y sostener la acusación, pero también dejó en evidencia el costo humano del feminicidio.
Más allá de las cifras y los comunicados oficiales, el caso de Cuautitlán mostró cómo la violencia familiar impacta de manera directa en la infancia y cómo una voz pequeña puede convertirse en la clave para buscar justicia.
Hoy, Erick Antonio “N” enfrenta prisión preventiva y un proceso que podría derivar en una condena severa de hasta 140 años de prisión. Sin embargo, para la familia de Cindy y Teresita, la justicia va más allá del castigo penal. Incluye el reconocimiento de las fallas institucionales, la atención a los menores y la garantía de que las denuncias por violencia no vuelvan a ser ignoradas.
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