Un procedimiento ginecológico de rutina derivó en uno de los casos más graves de negligencia médica en México.

A ocho años del caso de negligencia médica, Vanessa Dib exige justicia.
A ocho años del caso de negligencia médica, Vanessa Dib exige justicia. Créditos: Especial

Lo que comenzó como una visita médica de rutina terminó por cambiarle la vida a Vanessa Dib. Hace ocho años, la joven, hoy de 31 años, acudió a una clínica de Querétaro para retirarse un Dispositivo Intrauterino (DIU); días después, despertó sin ambas piernas.

Su historia, marcada por diagnósticos tardíos y decisiones médicas cuestionadas, volvió a cobrar relevancia tras una recomendación emitida por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). Su caso se ha convertido en uno de los episodios más graves de presunta negligencia médica en México, al exhibir una cadena de omisiones en la atención de la salud que, de acuerdo con el organismo, pudieron haberse evitado.

Un procedimiento de rutina que terminó en tragedia

Vanessa acudió a una clínica en Querétaro para retirarse un DIU que se encontraba traslocado. De acuerdo con su testimonio, el procedimiento se realizó sin estudios previos de imagen, como ultrasonido o rayos X, indispensables para confirmar la posición del dispositivo y reducir el riesgo de complicaciones.

El DIU fue retirado con pinzas y, en apariencia, la intervención fue exitosa. Sin embargo, tres días después comenzaron los síntomas que marcarían el inicio de una crisis médica irreversible.

Acudió a consulta por un intenso dolor lumbar, donde fue diagnosticada únicamente con lumbalgia aguda, sin que se le practicaran estudios complementarios. Con el paso de las horas, su estado de salud se deterioró de manera acelerada.

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Vanessa Dib, de 31 años, perdió ambas piernas tras una cadena de errores médicos ocurridos durante el retiro de un DIU en una clínica de Querétaro. Créditos: Especial

Diagnósticos tardíos y atención de emergencia

Días después, ingresó a urgencias en condiciones críticas, con deshidratación severa y una pérdida considerable de sangre. Durante su hospitalización fue intubada, recibió transfusiones sanguíneas y sufrió un paro cardíaco, por lo que requirió maniobras de reanimación durante aproximadamente 30 minutos.

Ante la gravedad de la infección generalizada, el personal médico determinó la extirpación del útero y un ovario como parte de los intentos por salvarle la vida. Finalmente, se tomó la decisión de amputar ambas piernas, procedimiento que le dejó una discapacidad permanente.

Aunque la amputación fue justificada como una medida extrema para preservar su vida, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos concluyó que esta decisión fue consecuencia directa de una cadena de errores previos relacionados con una atención médica inadecuada y tardía.

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El IMSS deberá otorgarle atención médica vitalicia, Créditos: Especial

¿Qué dijo la CNDH del caso Vanessa Dib

Tras analizar el caso, la CNDH emitió una recomendación al considerar que la atención brindada no fue oportuna ni adecuada, y que existieron omisiones graves en el diagnóstico y tratamiento inicial.

El organismo advirtió que la víctima puede enfrentar trastornos fisiológicos secundarios, alteraciones en su función sexual y afectaciones psicológicas derivadas de la negligencia médica. Como parte de la reparación integral del daño, determinó que el IMSS deberá otorgarle atención médica vitalicia, así como proporcionar todas las prótesis necesarias para garantizar su movilidad y calidad de vida.

"El hospital deberá otorgar a la víctima, de forma vitalicia, la atención médica que requiera como consecuencia de la discapacidad permanente y las secuelas que esta le genere", señala el documento oficial.

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Un caso que expone fallas estructurales

El testimonio, retomado recientemente en un podcast, reavivó el debate sobre las fallas estructurales en la atención médica, la importancia de los diagnósticos oportunos y la responsabilidad de las instituciones de salud ante procedimientos que, aun considerados de rutina, pueden derivar en consecuencias irreversibles.

Más allá de la historia personal, el caso de Vanessa Dib se ha convertido en un llamado de atención sobre la necesidad de fortalecer los protocolos médicos, garantizar una atención oportuna y proteger el derecho a la salud de los pacientes para evitar tragedias que pudieron prevenirse.


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