- 19 de enero de 2026
La viralización de un video en redes sociales volvió a colocar en la conversación pública a Jorge Rivero, exgalán del cine mexicano.

La reaparición de Jorge Rivero no ocurrió en una premiere ni en un homenaje institucional, sino en un gimnasio de Los Ángeles. A sus 88 años, el actor mexicano fue captado ejercitándose de manera cotidiana, un registro que, tras viralizarse en redes sociales, lo devolvió al debate público luego de décadas fuera del foco mediático.
El episodio no marca un regreso profesional ni una estrategia de posicionamiento, sino una reactivación involuntaria de la memoria cultural en un entorno digital que tiende a reinterpretar figuras del pasado desde claves distintas a las de su época de fama.

La viralidad como detonante, no como propósito
El video fue difundido por Jonathan Cheung, actor hongkonés radicado en Estados Unidos, quien compartió el encuentro sin identificar inicialmente a Rivero como una figura histórica del cine mexicano. En la publicación escribió: "Abuelo de 88 años arrasando en el gimnasio", frase que encapsula el asombro ante la constancia física del actor más que su trayectoria artística.
En la breve conversación registrada, Cheung le pregunta por su motivación para entrenar diariamente. Rivero responde: "Mi salud. Quiero mantener mi salud, no perderla", y más adelante añade: "Seguir adelante mientras pueda. Siempre con la mente y el cuerpo sanos". El propio Cheung resume el impacto del momento al escribir: "Solo eso dice suficiente. Algunas personas te recuerdan por qué debes seguir adelante".
Un retiro prolongado y una figura ausente del discurso público
Rivero se retiró de la actuación hace más de cuatro décadas. Aunque en torno a esa decisión circularon versiones diversas, el propio contexto indica que optó por una vida privada, enfocada en el negocio de bienes raíces en Los Ángeles junto a su esposa, la guionista Betty Kramer.
Su alejamiento contrastó con la lógica de una industria que suele prolongar la visibilidad de sus figuras o administrar su salida del espacio público. En ese vacío, su nombre permaneció más como referencia simbólica que como presencia activa, hasta que la circulación del video reconfiguró su lugar en la conversación contemporánea.

Durante las décadas de 1970 y 1980, Jorge Rivero fue uno de los principales galanes del cine mexicano. Participó en producciones nacionales e internacionales como Río Lobo (1971), dirigida por Howard Hawks y protagonizada por John Wayne, así como en Bellas de noche, Pedro Páramo y El pecado de Adán y Eva.
Su imagen estuvo asociada a un ideal físico que funcionó como capital simbólico dentro de la industria. Años después, el propio Rivero reconocería esa lectura reduccionista al afirmar: "Algunas veces han dicho que solo tengo músculos, pero yo siento la actuación como algo natural", dijo a El Universal. Hoy, ese mismo cuerpo reaparece resignificado, ya no como emblema de juventud, sino como evidencia de continuidad y disciplina.
Disciplina, vejez y memoria colectiva
En el video, Rivero atribuye su constancia a una enseñanza heredada de su padre: "Él me dijo: cuando ves venir el toro, Jorge, tú no lo recibes de frente, le haces así", dice entre risas. Cheung añade otro elemento que llamó la atención de los usuarios: "De hecho, me lo encontré en una cafetería, y adivina qué pidió: cinco claras de huevo".
Tras la difusión del material, las reacciones no tardaron en aparecer. Usuarios mexicanos identificaron al actor y compartieron recuerdos de su presencia en gimnasios de la Ciudad de México décadas atrás. La conversación se desplazó rápidamente de la sorpresa individual a la evocación colectiva.
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