- 09 de enero de 2026
El pequeño de dos años regresó a Escárcega, donde fue velado y despedido entre oraciones y recuerdos

Diecisiete días después de una tragedia, el silencio y el dolor se apoderaron de una casa en Escárcega, Campeche. Ahí, entre rezos y abrazos, familiares y amigos dieron el último adiós a Federico, el niño de dos años que perdió la vida en un accidente aéreo en Galveston, Texas, cuando viajaba para recibir atención médica especializada.
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El cuerpo del pequeño Fede, como lo llamaban con cariño, finalmente regresó a su hogar tras un largo y complejo proceso de repatriación. Su historia tocó fibras sensibles, pues el menor había sido trasladado a Estados Unidos a bordo de un avión de la Armada de México con la esperanza de salvarle la vida, luego de sufrir quemaduras en más del 40 por ciento de su cuerpo.
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El regreso a casa tras la tragedia
Federico viajaba en la aeronave Beech King Air 350, matrícula ANX 1209, cuando el avión se desplomó en la bahía de Galveston. El accidente terminó con la vida de varios tripulantes y pasajeros, entre ellos el pequeño y el médico que lo acompañaba. Tras permanecer en Texas, el féretro con los restos del niño arribó al Aeropuerto Internacional de Cancún, procedente de EE.UU.
En ese último trayecto estuvo acompañado por sus padres, Edward de la Cruz Ramírez Franco y Julia Aracely Cruz Vera. Ella es una de las dos sobrevivientes civiles del accidente y continúa en proceso de recuperación. Desde Cancún, el cuerpo de Federico fue trasladado por carretera hasta Escárcega, donde la familia ya lo esperaba para despedirlo.
A su llegada, vecinos, amigos y seres queridos se reunieron en la vivienda familiar para velar al menor en una ceremonia íntima, cargada de dolor, pero también de recuerdos. Su padre lo describió entre lágrimas como un niño lleno de vida. "Era alegre, bailador, travieso como todos los niños. A mucha gente le robó el corazón y así lo vamos a recordar", expresó.
Edward también compartió el testimonio de su esposa sobre los momentos previos al impacto. Relató que la tripulación alertó sobre turbulencia durante el descenso y que, tras el golpe, Julia perdió el conocimiento hasta que despertó en el agua, luchando por respirar. El relato refleja la crudeza de una tragedia que cambió para siempre a la familia.
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La misa que se convirtió en despedida
Luego del velorio, se celebró una misa de cuerpo presente. La ceremonia tenía un significado especial: Federico sería bautizado el 3 de enero, pero lo que estaba planeado como una celebración se transformó en un adiós. Entre cantos, oraciones y muestras de apoyo, los padres encontraron consuelo en la fe.
El abuelo del pequeño, Efraín Cruz, habló conmovido sobre la pérdida de su nieto. "Es triste, pero es el destino que Dios quiso. A veces estamos tranquilos, a veces muy tristes, pero lo amamos mucho", compartió.
Las cenizas del pequeño permanecerán en su hogar, junto a las de su hermanita Rosita, quien falleció hace cuatro años. En ese altar familiar descansan ahora ambos hermanos, rodeados de flores y oraciones.
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