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La Castañeda: el lúgubre hospital mental de la CDMX

La Castañeda fue un psquiátrico donde acontecieron hechos terribles, en el lugar donde estuvo dicen los vecinos que espantan. Te contamos porqué La Castañeda es "uno de los lugares más malditos" de la CDMX

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La Castañeda no sólo albergó horrores mientras funcionó como hospital psiquiátrico, ya que en los edificios que ahora ocupan esa zona, se han reportado fenómenos paranormales que parecen prolongar el terrorCréditos: Twitter @mechediazortega

La Castañeda, un impresionante hospital psiquiátrico, fue una de las grandes obras inauguradas por el ex presidente y general Porfirio Díaz durante los festejos por el Centenario de la Independencia. El gobierno adquirió el terreno de una antigua hacienda y fábrica de pulque para construir este moderno hospital psiquiátrico en la época. Antes de ser conocido como un manicomio, La Castañeda fue propiedad de Don Ignacio Torres Adalid, un influyente empresario apodado "El Rey del Pulque", que tenía varias propiedades similares en otros estados de la república.

Situado al sur de la ciudad, en la zona de Mixcoac, actualmente ocupada por las unidades habitacionales Torres de Mixcoac, Lomas de Platero y la Escuela Nacional Preparatoria No 8 "Miguel E. Schulz", La Castañeda reemplazó a instituciones anteriores subsidiadas por la iglesia y la beneficencia pública, como los hospitales de Divino Salvador, San Hipólito y La Canoa. El hospital fue diseñado para albergar y atender a unos 1,200 pacientes, distribuidos en 24 edificios dentro del vasto recinto de más de 140 mil metros cuadrados que era la ex hacienda.

A lo largo de sus 58 años de funcionamiento, La Castañeda recibió a 61,480 pacientes. Sin embargo, lo que en un principio fue considerado un lujoso "palacio para los locos" se convirtió en un lugar de pesadilla a partir de la década de 1920. Los pabellones se clasificaban según la calificación que se le daba a los pacientes, y aunque los adjetivos utilizados eran poco amables, tales como "distinguidos, alcohólicos, tranquilos, peligrosos, epilépticos, imbéciles e infecciosos".

Con el paso de varias décadas, el antiguo manicomio, La Castañeda, pasó de ser un destacado hospital psiquiátrico a convertirse en una auténtica pesadilla. Su oscuro pasado está plagado de historias de maltrato, abandono y tortura hacia los enfermos. A medida que los recursos federales y los patrocinios disminuyeron drásticamente, la capacidad del hospital se vio superada, pero aún así se mantuvo en funcionamiento. Aquellos que eran enviados a esta institución mental eran etiquetados como "locos", aunque en algunos casos, las familias simplemente abandonaban a sus seres queridos en este infierno, incluso sin indicios de enfermedad mental.

Las condiciones en las que vivían eran deplorables. Además de sufrir abusos con tratamientos como electrochoques, baños de agua helada y confinamientos en cuartos húmedos llenos de ratas, el personal médico les trataba de manera inhumana. Aunque el martirio para estos pacientes llegó a su fin con el cierre del hospital el 27 de junio de 1968, el espíritu atormentado de aquellos que sufrieron allí persistiría en las generaciones siguientes. El (siempre infame) presidente Gustavo Díaz Ordaz y su secretario de Salud, el general Rafael Moreno Valle, llevaron a cabo la clausura del inmueble, y se reubicó a los aproximadamente 3,000 enfermos en otros hospitales.

Durante la década de los 70, se construyó el fraccionamiento Torres de Mixcoac en los terrenos que antes ocupaba La Castañeda. Los vecinos que vivieron en estos edificios cuentan que experimentaron sucesos muy extraños. A partir de las diez de la noche, se escuchaban lamentos y el arrastre de muebles.

En los pasillos comunes, algunas personas afirmaban haber visto macetas moverse solas y otras afirmaban haber presenciado figuras subiendo y bajando las escaleras gritando fuertemente. A día de hoy, no se tiene más información sobre estos fenómenos, ni siquiera acerca de los ex internados, lo que resulta sumamente misterioso, como si solo fueran apariciones de fantasmas o visiones del pasado.

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