- 15 de enero de 2026
Ana Caterina Marino rompió el silencio y denunció que fue agredida brutalmente por su expareja dentro de su propio departamento

En México, denunciar una agresión no siempre significa estar a salvo. Para muchas mujeres y las medidas de protección, aunque necesarias, no siempre logran neutralizar el riesgo real.
El caso de Ana Caterina Marino, una joven universitaria en la Ciudad de México, ilustra con claridad esa brecha entre la respuesta institucional y el miedo cotidiano que enfrentan las víctimas de violencia de género.
Aunque el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México ya le otorgó medidas cautelares y la Fiscalía capitalina abrió una investigación, la joven ha advertido públicamente que el peligro persiste, no solo por la gravedad de la agresión que sufrió, sino por el entorno que sigue compartiendo con su agresor.

Un agresor que sigue presente en su vida cotidiana
Uno de los elementos más alarmantes del caso es que la víctima y su agresor continúan coincidiendo en espacios en común. Ambos estudian en la misma universidad, comparten amistades y forman parte de un mismo círculo social, una condición que incrementa el riesgo incluso cuando existe una orden de restricción.
"Tengo miedo porque esta persona sabe dónde vivo, en dónde trabajo, los lugares que frecuento. Estudiamos en la misma universidad. Entonces, frecuentamos el mismo círculo social".
Este escenario expone una de las fallas estructurales en la atención a víctimas: las medidas legales pueden limitar el acercamiento físico, pero no eliminan los cruces inevitables cuando agresor y víctima comparten espacios educativos, laborales o sociales.

La agresión: un episodio de violencia extrema
El miedo que hoy expresa Caterina no es abstracto. Está directamente relacionado con la brutalidad del ataque que sufrió el pasado 17 de diciembre dentro de su propio departamento, a manos de su entonces pareja, un hombre identificado como Gustavo ´N´.
En un video difundido en redes sociales, la joven relató el nivel de violencia al que fue sometida:
"El pasado 17 de diciembre fui agredida brutalmente a golpes por mi entonces pareja dentro de mi propio departamento. Me sujetó los brazos, me inmovilizó, mientras con el puño cerrado comenzó a golpearme brutalmente mientras yo le pedía que parara porque sentía que me estaba matando".
Las lesiones visibles en su rostro y en uno de sus ojos acompañaron su testimonio, evidenciando que no se trató de una agresión menor, sino de un ataque que puso en riesgo su vida.
Te puede interesar: Julio Iglesias es acusado por exempleadas de abuso sexual; filtran imágenes y audios
Huir para sobrevivir
Tras la agresión, Caterina logró escapar de su agresor. En su testimonio explicó que tuvo que huir sin saber a dónde ir, hasta encontrar ayuda. Ese momento marcó un punto de quiebre, no solo físico, sino emocional.
"Gracias a Dios pude soltarme y escaparme y tuve que correr por mi vida hasta encontrar ayuda. Y hoy tengo miedo. Tengo mucho miedo por mi vida y porque pueda volver a hacerme algo".
La huida, común en muchos casos de violencia doméstica, suele ser interpretada como el final del peligro inmediato. Sin embargo, para muchas víctimas, ese es apenas el inicio de una etapa marcada por el temor constante.
Te puede interesar: Horror en Monterrey: hijo halla muerta a su madre tras forzar la entrada; investigan acumulación de gas
Denuncia formal y respuesta institucional
Después de los hechos, la joven presentó una denuncia ante la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México. Como resultado, el Tribunal Superior de Justicia capitalino le concedió medidas de protección, entre ellas una orden de restricción contra Gustavo ´N´.
"El Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México ya me consiguió medidas de protección en contra de esta persona, Gustavo N., para que no pueda acercarse a mí. Y quiero agradecer especialmente a la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México que ya se encuentra investigando este caso".
Aunque reconoció el actuar de las autoridades, Caterina subrayó que el proceso penal debe avanzar con mayor rapidez, pues el riesgo no ha desaparecido.
Lejos de sentirse protegida, la joven afirmó que vive con miedo permanente y responsabilizó directamente a su agresor de cualquier daño que pueda sufrir en el futuro. Su llamado no es solo personal, sino una advertencia sobre la urgencia de actuar antes de que la violencia escale.
"Confío plenamente en que actuará con firmeza, que no habrá impunidad. Y pido que se proceda penalmente en contra de mi agresor a la brevedad posible, porque tengo miedo y responsabilizo directamente a Gustavo N. de cualquier cosa que me pueda pasar, porque hoy fueron golpes que casi me matan, pero... no quiero que ninguna mujer vuelva a pasar por lo que yo pasé".
Síguenos en WHATSAPP y suscríbete a nuestro NEWSLETTER para continuar siempre informado.
Notas Relacionadas
1






