- 23 de abril de 2026
La madre de Julio César Jasso lo buscaba como desaparecido tras perder contacto con él, sin saber que ya había perpetrado el ataque en Teotihuacán.

La historia del ataque armado en la zona arqueológica de Teotihuacán continúa revelando detalles que evidencian no solo la planeación del agresor, sino también el desconocimiento total de su familia sobre lo ocurrido.
Julio César Jasso Ramírez, de 27 años, hizo creer a su madre, María Guadalupe Ramírez Valencia, que viajaría a Rusia días antes del atentado. Como parte de esa versión, le informó que cambiaría de número telefónico debido a problemas con su equipo, lo que no generó sospechas en su entorno cercano.
Poco después, la comunicación se interrumpió. Las llamadas dejaron de ser respondidas y la preocupación comenzó a crecer.
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“Dijo que iba al aeropuerto”: madre del tirador revela su última llamada
El 20 de abril, alrededor de las 18:00 horas, horas después de que ya se había registrado el tiroteo, la madre del agresor realizó una llamada al hotel donde su hijo se había hospedado durante 12 días.
Durante la conversación, de aproximadamente cuatro minutos, explicó que él le había dicho que un taxi lo recogería para llevarlo al aeropuerto y que se comunicaría al llegar. Sin embargo, nunca volvió a saber de él.

Ante la falta de respuesta, solicitó información sobre el vehículo que presuntamente lo trasladó, temiendo que pudiera estar desaparecido. Desde Puebla, intentaba reconstruir los últimos movimientos de su hijo sin imaginar lo que realmente había sucedido.
Horas más tarde, la verdad la alcanzó: al ver las noticias, reconoció a su hijo como el responsable del ataque armado en Teotihuacán, donde una turista canadiense perdió la vida y al menos 13 personas resultaron heridas.
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Un ataque planeado con anticipación
Las investigaciones de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México apuntan a que el atentado no fue improvisado. Desde febrero, el agresor ya había iniciado gestiones para hospedarse cerca del sitio arqueológico y, en los días previos, habría visitado la zona en diversas ocasiones.
Además, el 14 de abril adquirió un teléfono análogo y cambió de número, acción que ahora se interpreta como un intento por evitar ser rastreado. Tras el ataque, el agresor murió en el lugar. Su cuerpo fue trasladado a la Fiscalía Regional de Texcoco, donde se realizaron peritajes, incluida una segunda necropsia para esclarecer las circunstancias de su muerte.
Durante la madrugada, sus familiares acudieron bajo un operativo de seguridad para recoger los restos y posteriormente se retiraron con rumbo no informado.
El caso ha causado conmoción no solo por la violencia del atentado, sino por la historia paralela: la de una madre que buscaba a su hijo creyendo que estaba desaparecido, sin saber que ya había protagonizado un hecho que conmocionó al país.
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