- 18 de marzo de 2026
Tras los terremotos de 1985 y 2017, diversos edificios están en riesgo de colapsar y generar un problema mayor para la población
A casi nueve años del sismo del 19 de septiembre de 2017, la capital del país aún convive con edificios dañados que continúan en pie, algunos abandonados, otros desalojados y varios más bajo vigilancia por riesgo estructural.
El tema volvió a cobrar relevancia tras el reciente colapso de un inmueble en San Antonio Abad, un hecho que encendió nuevamente las alertas sobre construcciones afectadas que no han sido rehabilitadas o demolidas.
Edificios a punto de colapsar en CDMX
Entre los casos más representativos se encuentra el edificio de Aguascalientes 12, en la colonia Roma Sur. El inmueble sufrió daños severos durante el sismo y desde entonces permanece abandonado, aunque, de acuerdo con versiones relacionadas al lugar, aún sería habitado por al menos cuatro personas.
- Otro punto bajo observación es Chapultepec 484, donde especialistas detectaron afectaciones estructurales que derivaron en su desalojo por el riesgo que representa para sus ocupantes.
- A la lista se suma el edificio gubernamental ubicado en la esquina de Monterrey y Oaxaca, también en la Roma, el cual permanece bajo resguardo de elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), sin actividad operativa.
- De igual forma, el inmueble localizado en Medellín y Puebla, en la misma colonia, presenta condiciones que han generado preocupación entre vecinos y autoridades.
Riesgo latente para la población
Aunque estos edificios siguen en pie, su deterioro ha mantenido la inquietud entre la ciudadanía, especialmente ante la posibilidad de nuevos colapsos.
El desplome en San Antonio Abad reabrió una pregunta clave: cuántos inmuebles dañados por el 19S continúan representando un peligro en la Ciudad de México.
Una ciudad con cicatrices tras los terremotos del 2017 y 1985
El terremoto de 2017 no solo dejó una tragedia inmediata, sino también una herencia de estructuras debilitadas y espacios abandonados.
A casi una década, la capital sigue enfrentando las consecuencias de aquel evento, con edificios que permanecen como recordatorio de un riesgo que, lejos de desaparecer, sigue latente.






