- 28 de enero de 2026
Martha Pérez fue recordada como una madre protectora y amorosa que organizó los XV años de su hija semanas antes de ser asesinada.

El caso de Martha González Pérez conmocionó a Veracruz por la brutalidad del crimen, pero detrás de los titulares quedó la historia de una madre que dedicó su vida a cuidar, formar y proteger a su hija. Vecinos, colegas y personas cercanas coinciden en un mismo retrato: Martha era una mujer entregada a su familia y profundamente comprometida con su rol materno.
Martha tenía 53 años y vivía en el municipio de Agua Dulce, donde era conocida por su trabajo como maestra de preescolar y por su participación activa en la comunidad. Su vida cotidiana transcurría entre la escuela, su hogar y las actividades religiosas, siempre acompañada de su hija adolescente.
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Una madre presente y protectora en el hogar
Martha vivía sola con su hija en la colonia Kilómetro Dos. Según los testimonios de vecinos, llevaba una vida tranquila y mantenía una relación cercana con la adolescente, a quien acompañaba de forma constante en sus actividades escolares y personales.
Personas cercanas señalan que era una madre atenta y firme, pendiente de los horarios, las amistades y el bienestar de su hija. Esa protección se reflejaba en gestos cotidianos y en decisiones importantes que tomaba pensando en su futuro.
El testimonio de un conductor de taxi resume esa relación madre-hija:
"La quería mucho, la protegía mucho; yo manejo un taxi y era su chofer de ellas, de la chica y de otra muchachita, se llevaban muy bien, de hecho, ella le marcaba a cada rato para saber, hija ya llegaste a la escuela y así".
La fiesta de XV años que hoy duele recordar
Uno de los elementos que más ha captado la atención de la comunidad es que, apenas en diciembre, Martha le habría organizado la fiesta de XV años de su hija. Vecinos del Kilómetro Dos recuerdan ese momento como una muestra clara del amor y la dedicación que sentía por ella.
De acuerdo con información del periodista periodista Gerardo Enríquez Aburto, la docente "siempre la procuro, cuidó y la lleno de amor y cariño", y nunca imaginó que semanas después su propia hija estaría involucrada en su asesinato. Para muchos habitantes de Agua Dulce, ese contraste hace aún más incomprensible lo ocurrido.
Maestra y guía para generaciones de niños
Durante más de 20 años, Martha trabajó como docente de nivel preescolar en el Jardín de Niños "Leopoldo Lagunes". Ahí fue reconocida como una educadora constante, puntual y cercana a sus alumnos.
Padres de familia y compañeros docentes la recuerdan por su trato afectuoso y su compromiso con la educación inicial. Tras conocerse su muerte, el plantel suspendió actividades y colocó flores y veladoras como muestra de duelo.

Una vida ligada a la fe y al servicio comunitario
Además de su labor educativa, Martha participaba como catequista en la Iglesia de la Santísima Trinidad, donde colaboraba en la formación religiosa de niños y adolescentes. Su presencia en la iglesia reforzaba su imagen como una mujer dedicada al acompañamiento y al cuidado de los demás.
Este entorno formaba parte esencial de su vida cotidiana y de la educación que brindaba a su hija, con quien compartía estas actividades comunitarias.
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El crimen que sacudió a Agua Dulce
La noche del domingo 25 de enero, o durante las primeras horas del lunes 26, Martha fue asesinada dentro de su vivienda. Posteriormente, su cuerpo fue sacado al exterior y calcinado en una cuneta cercana a su domicilio.
La Fiscalía Regional de Coatzacoalcos informó que los presuntos responsables son su hija, Jana Guadalupe "N", y el novio de ésta, Pablo de Jesús "N", ambos menores de edad. El caso se investiga bajo el protocolo de feminicidio.
Una maestra cercana a la familia expresó el sentir colectivo:
"No hay modo de explicar esta situación tan terrible, es muy difícil decir, dar un diagnóstico de que pasó y porqué pasó; no hay palabras".
Hoy, en Agua Dulce, Martha Pérez González es recordada como algo más que una víctima: fue una madre amorosa, una educadora comprometida y una mujer profundamente vinculada a su comunidad. Su historia sigue generando preguntas, dolor y reflexión sobre los vínculos familiares y la violencia que marcó su final.

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