- 26 de agosto de 2026
Enrique Inzunza pasó de ser uno de los hombres más cercanos a Rubén Rocha Moya y un posible perfil para 2027 a dejar Morena y continuar como senador independiente.

Durante años, Enrique Inzunza Cázarez construyó su carrera política de la mano de Rubén Rocha Moya. Primero desde el gobierno de Sinaloa y después desde el Senado, el político se convirtió en uno de los hombres más cercanos al gobernador. Su llegada a la Cámara Alta en 2024 parecía confirmar que su carrera estaba en ascenso: obtuvo la presidencia de la Comisión de Estudios Legislativos y ganó peso dentro de Morena.
Su nombre incluso llegó a aparecer entre los posibles perfiles para competir por la gubernatura de Sinaloa en 2027. Sin embargo, el escenario comenzó a cambiar a partir de los señalamientos que surgieron en su contra y que posteriormente también fueron retomados por autoridades de Estados Unidos.
El 26 de agosto, Inzunza decidió dejar la bancada de Morena y continuar como senador independiente. La decisión ocurrió en medio de la presión para que solicitara licencia y después de que distintas figuras del partido cuestionaran su permanencia en el cargo.
Su salida de la bancada no significa que haya perdido el escaño para el que fue elegido. Lo que cambió fue su posición política: pasó de ser un integrante de la bancada oficialista y cercano a uno de los principales grupos políticos de Sinaloa a continuar el resto de su mandato fuera del grupo parlamentario de Morena.

El político que creció al lado de Rocha
Antes de llegar al Senado, Inzunza ocupó la Secretaría General de Gobierno durante la administración de Rubén Rocha Moya. Desde esa posición se convirtió en uno de los funcionarios más cercanos al gobernador y tuvo participación en asuntos políticos relevantes para la administración estatal.
En 2024 llegó al Senado como representante de Sinaloa y posteriormente asumió la presidencia de la Comisión de Estudios Legislativos. Desde ahí participó en la discusión de diversas reformas impulsadas por Morena durante el inicio del gobierno de Claudia Sheinbaum, lo que fortaleció su presencia dentro de la Cámara Alta.
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Su influencia también se extendía más allá de Sinaloa. Mantuvo relaciones con figuras importantes de Morena en el Senado, entre ellas Adán Augusto López e Ignacio Mier. Durante esa etapa, su carrera parecía avanzar dentro de la estructura del partido y su cercanía con Rocha Moya lo colocaba como uno de los políticos sinaloenses con mayor proyección.
Su nombre llegó a ser considerado para la sucesión estatal de 2027. Sin embargo, en junio de 2026 descartó buscar la candidatura y aseguró que su intención era permanecer en el Senado hasta concluir su mandato en 2030.
De los volantes en Culiacán a una acusación en Estados Unidos
Los cuestionamientos contra Inzunza no comenzaron con las autoridades estadounidenses. En enero de 2025, durante uno de los momentos más complicados de violencia en Sinaloa, fueron lanzados volantes desde una avioneta sobre Culiacán. En ellos aparecieron nombres y fotografías de políticos, empresarios y otras figuras públicas, a quienes se señalaba de tener presuntos vínculos con grupos delictivos.
Inzunza negó entonces cualquier relación con organizaciones criminales y rechazó las acusaciones. El episodio, sin embargo, marcó uno de los primeros momentos en que su nombre quedó relacionado públicamente con señalamientos de ese tipo.

La situación tomó otra dimensión el 29 de abril de 2026, cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos informó que un gran jurado había presentado una acusación contra Rubén Rocha Moya, Enrique Inzunza y otros ocho funcionarios y exfuncionarios relacionados con Sinaloa.
En el caso de Inzunza, la acusación estadounidense incluye cargos relacionados con una presunta conspiración para importar narcóticos y delitos relacionados con armas. Las autoridades de ese país sostienen que los acusados habrían colaborado con integrantes del Cártel de Sinaloa. Se trata de acusaciones y no de una sentencia, por lo que legalmente los señalados mantienen la presunción de inocencia mientras no se demuestre su culpabilidad.
Inzunza rechazó los señalamientos y calificó las imputaciones como falsas y dolosas. También sostuvo que se trataba de una campaña en su contra y negó nuevamente cualquier vínculo con grupos criminales.

El respaldo político que comenzó a desgastarse
Después de la acusación estadounidense, la situación política de Inzunza comenzó a cambiar. Al principio, dentro de Morena prevaleció el llamado a respetar la presunción de inocencia. Ignacio Mier, coordinador de la bancada morenista en el Senado, sostuvo que no se debía prejuzgar al legislador y que cualquier acusación debía estar respaldada por pruebas.
Con el paso de los meses, la discusión dejó de centrarse únicamente en las acusaciones y comenzó a enfocarse en la permanencia del senador dentro del Senado. Algunas voces de Morena consideraron que debía solicitar licencia para atender los señalamientos sin continuar ejerciendo las funciones asociadas a su cargo.
La presión aumentó en agosto, cuando Rubén Rocha Moya regresó a la gubernatura de Sinaloa después de más de 100 días de licencia. Sin embargo, su regreso duró alrededor de 33 horas, ya que posteriormente volvió a solicitar licencia para separarse del cargo. El episodio generó nuevas tensiones dentro de Morena y puso nuevamente bajo cuestionamiento al grupo político cercano al gobernador, del que también forma parte Enrique Inzunza.

En ese contexto, Ariadna Montiel sostuvo que Inzunza debió solicitar licencia. Imelda Castro, nueva dirigente de Morena en Sinaloa, también consideró que el senador debía separarse temporalmente del cargo para enfrentar los señalamientos. Desde la Cámara de Diputados, Arturo Ávila igualmente cuestionó su permanencia.
La presidenta Claudia Sheinbaum, al ser consultada sobre los políticos sinaloenses señalados, evitó defender a Inzunza y sostuvo que cada persona debía responder ante la ciudadanía por sus decisiones. La postura marcó un cambio frente a los primeros meses, cuando Morena había llamado a respetar la presunción de inocencia.

Inzunza rompe con la bancada de Morena
Ante la presión para que solicitara licencia, Enrique Inzunza tomó una decisión distinta. El 26 de agosto comunicó a Ignacio Mier, coordinador de Morena en el Senado, que dejaría la bancada y continuaría como senador independiente. En la carta, explicó que se trataba de una decisión personal, aseguró que mantendría sus actividades legislativas y volvió a rechazar los señalamientos en su contra.
La salida del grupo parlamentario no implica que haya renunciado al Senado ni que vaya a dejar el cargo. El legislador conserva su escaño y podrá continuar con su mandato hasta 2030, pero a partir de ahora lo hará fuera de la bancada morenista.
La decisión ocurrió después de que distintas figuras de Morena pidieran que se separara temporalmente del cargo para enfrentar los señalamientos en su contra. Entre ellas estuvo Ariadna Montiel, dirigente nacional del partido, quien consideró que el senador debió solicitar licencia.
Tras conocer la decisión, Montiel señaló que las opiniones y acciones de Inzunza serían responsabilidad personal y no de Morena. También informó que la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia revisaría su situación dentro del partido.
Un futuro político cada vez más incierto
La salida de la bancada modifica el escenario político que Inzunza había construido durante los últimos años. Aunque él mismo descartó competir por la gubernatura en 2027, su nombre había sido mencionado previamente entre los posibles perfiles del partido. Ahora, su futuro político queda ligado a una posición independiente y alejada de la estructura de Morena.
El senador conserva su escaño hasta 2030, pero tendrá que ejercerlo fuera de la bancada morenista y mientras continúan los cuestionamientos derivados de la acusación presentada en Estados Unidos. Esto representa un cambio importante frente al lugar que ocupaba cuando llegó al Senado y asumió la presidencia de una de sus comisiones.
Para un político que durante años construyó su carrera alrededor de la cercanía con Rocha Moya y con Morena, el cambio es significativo. No perdió el cargo, pero sí la posición que había alcanzado dentro del partido y la cercanía política que acompañó buena parte de su trayectoria.
Su siguiente etapa dependerá de cómo evolucionen los señalamientos en su contra, de las decisiones que tome Morena en Sinaloa y de la capacidad que tenga para mantener presencia política fuera de la estructura partidista que durante años respaldó su ascenso.
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