A un año de la tragedia de La Concordia, las nuevas reglas para pipas buscan reducir riesgos, pero más de 700 multas muestran que los incumplimientos continúan.

La explosión de una pipa en La Concordia dejó 32 personas fallecidas y 63 lesionadas. Un año después, las heridas siguen abiertas y el riesgo no ha desaparecido.
La explosión de una pipa en La Concordia dejó 32 personas fallecidas y 63 lesionadas. Un año después, las heridas siguen abiertas y el riesgo no ha desaparecido. Créditos: Especial

10 de septiembre de 2025. 14:19 horas. Una pipa cargada con casi 49 mil 500 litros de gas LP avanzaba por el distribuidor vial de La Concordia, en Iztapalapa. En cuestión de segundos, el vehículo perdió el control, golpeó los muros de contención y el tanque sufrió una fractura que provocó una fuga masiva de combustible.

El gas se extendió por alrededor de 180 metros y, segundos después, ocurrió una de las tragedias más graves de los últimos años en la Ciudad de México: una explosión que alcanzó a automovilistas, pasajeros del transporte público, peatones y trabajadores que se encontraban en el lugar.

El saldo final fue de 32 personas fallecidas y 63 lesionadas. Un año después, lo ocurrido no sólo permanece en la memoria de las familias que perdieron a un ser querido. También dejó cambios en las reglas para las pipas que transportan sustancias peligrosas, como nuevos límites de velocidad, restricciones para circular y más revisiones. Pero hay una pregunta que sigue abierta: ¿las nuevas reglas realmente están evitando que una tragedia como ésta se vuelva a repetir?

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La explosión en La Concordia dejó 32 personas fallecidas y 63 lesionadas tras la fuga de gas LP de una pipa. Créditos: Especial

Así ocurrió la explosión que cambió las reglas para las pipas

La pipa de la empresa Gas Silza, perteneciente a Grupo Tomza, había salido de Tuxpan, Veracruz, alrededor de las 7:32 de la mañana con destino a una estación ubicada en Tláhuac, donde debía descargar el gas LP que transportaba.

Después de recorrer alrededor de 400 kilómetros, la pipa llegó al punto donde debía incorporarse a la vialidad. Al tomar la curva, el conductor perdió el control y la unidad chocó contra los muros de contención que dividen la circulación. El combustible se extendió por la zona y, en cuestión de segundos, inició el incendio. Las llamas alcanzaron varios vehículos y a quienes se encontraban cerca, mientras otras personas intentaban escapar del lugar.

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La pipa de Gas Silza transportaba casi 49 mil 500 litros de gas LP cuando perdió el control en el distribuidor vial. Créditos: Especial

Los primeros en ayudar fueron conductores, vecinos y personas que se encontraban en la zona. Algunos abandonaron sus vehículos para alejarse del fuego y otros intentaron auxiliar a quienes habían quedado atrapados. Poco después llegaron bomberos, policías, paramédicos y elementos de Protección Civil para controlar la emergencia y trasladar a los heridos a diferentes hospitales.

La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México investigó las condiciones en las que ocurrió el accidente y realizó cientos de estudios para determinar qué había provocado la volcadura. Finalmente, concluyó que el conductor circulaba a 44 kilómetros por hora en una zona donde el límite era de 40 y que esa velocidad provocó que perdiera el control al tomar la curva.

Los peritajes también descartaron que un bache, un desnivel de la calle o las condiciones del asfalto hubieran provocado el accidente. Tampoco encontraron una falla en el vehículo. Con estos elementos, la Fiscalía estableció que el accidente se debió al exceso de velocidad.

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Bomberos, policías, paramédicos y vecinos participaron en las labores de auxilio tras la explosión en Iztapalapa. Créditos: Especial

No eran sólo números: las historias detrás de las víctimas

Detrás de las 32 personas que murieron había estudiantes que regresaban a casa, trabajadores que se dirigían a sus empleos, conductores, padres y madres de familia. La mayoría realizaba sus actividades cotidianas cuando quedaron atrapados entre las llamas.

Una de las historias que más conmocionó fue la de Alicia Matías Teodoro, de 49 años. Trabajaba como checadora en una base de transporte público cercana al Metro Santa Martha y llevaba consigo a su nieta Jazlyn, a quien cuidaba mientras su hija trabajaba. Cuando el fuego alcanzó la zona, Alicia protegió a la niña con su propio cuerpo. La menor sobrevivió, pero su abuela sufrió quemaduras en gran parte del cuerpo y murió días después en el Hospital de Traumatología y Ortopedia Victoriano de la Fuente Narváez.

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Los peritajes de la Fiscalía determinaron que la unidad circulaba a 44 kilómetros por hora en una zona con límite de 40. Créditos: Especial

Ana Daniela Barragán Ramírez, estudiante de 19 años de la UNAM, fue otra de las víctimas. La joven regresaba a casa cuando las llamas la alcanzaron. Sus familiares y amigos recorrieron hospitales y difundieron su fotografía en redes sociales para localizarla. Días después, las autoridades confirmaron su muerte mediante una prueba de ADN.

Otra familia que quedó marcada por la tragedia fue la de Misael Cano Rodríguez, de 39 años. El trabajador de la alcaldía Iztapalapa viajaba junto con su hija Tiffany, de 16 años, y su nieto Isaí. Habían salido para recoger un regalo para el pequeño, pero el vehículo en el que viajaban quedó atrapado entre las llamas. Misael y Tiffany murieron a consecuencia de las quemaduras, mientras que Isaí logró sobrevivir.

 

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Las 32 víctimas de La Concordia tenían historias, familias y proyectos que quedaron interrumpidos por la explosión. Créditos: Especial

Como ellos, otras familias pasaron horas e incluso días sin saber qué había ocurrido con sus seres queridos. Mientras recorrían hospitales y buscaban respuestas, algunas víctimas permanecían sin identificar; en otros casos, fue necesario recurrir a fotografías, documentos o pruebas de ADN para confirmar sus identidades. Detrás de cada búsqueda había una familia esperando una noticia que, para muchas, terminó siendo la más dolorosa.

Fueron 32 historias distintas, 32 familias que perdieron a alguien y 32 vidas que quedaron interrumpidas aquel 10 de septiembre. Sus nombres forman parte de la memoria de una tragedia que marcó a Iztapalapa y a la Ciudad de México:

  • Armando Antillón Chávez, 45 años
  • Ana Daniela Barragán Ramírez, 19 años
  • Juan Carlos Bonilla Sánchez, 41 años
  • Misael Cano Rodríguez, 39 años
  • Irving Uriel Carrillo Reyes, 20 años
  • Carlos Iván Contreras Salinas, 29 años
  • Óscar Rubén Uriel Cortez Cisneros, 58 años
  • Eduardo Noé García Morales, 55 años
  • José Gabriel Hernández Méndez, 17 años
  • Juan Antonio Hernández Betancurt, 51 años
  • Jorge Flores Islas, 50 años
  • Alicia Matías Teodoro, 49 años
  • Juan Carlos Sánchez Blas, 15 años
  • Gilberto Aarón León Méndez, 47 años
  • Jesús Joel Tovar García, 40 años
  • Edgar Santiago Álvarez, 51 años
  • Omar Alejandro García, 28 años
  • Oswaldo Gutiérrez Espinoza, 30 años
  • Fernando Soto Munguía, 34 años
  • Eduardo Romero Armas, 30 años
  • Norma Chávez Ortega, 50 años
  • Abril Díaz Castañeda, 34 años
  • Jaime Javier Becerra, 49 años
  • Giovani Martínez Llanos, 16 años
  • María Salud Jaurrieta, 59 años
  • Erik Vicente Acevedo Romero, 33 años
  • Ricardo Corona Hernández, 40 años
  • Adolfo Franco Madrigal, 36 años
  • Alí Yael González Aranda, 18 años
  • Laura Lorena Barrera de la Torre, 31 años
  • Óscar Uriel García Rivera, 31 años
  • Tiffany Odette Cano González, 16 años

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Un memorial en Lomas de Zaragoza mantiene presentes los nombres y recuerdos de quienes murieron en la tragedia. Créditos: Especial

Las heridas que dejó La Concordia siguen abiertas

Para quienes sobrevivieron, el accidente tampoco terminó cuando las llamas fueron controladas. Decenas de personas resultaron heridas y algunas tuvieron que permanecer durante semanas o meses en hospitales debido a la gravedad de sus quemaduras.

Entre los casos más delicados estuvieron los de dos menores. Jazlyn, quien fue protegida por su abuela Alicia, y Uriel, de dos años, continúan recibiendo apoyo especializado. Ambos han recibido atención de la Fundación Michou y Mau, que les ha proporcionado prendas especiales para sus quemaduras, tratamientos y rehabilitación.

A la par de la atención médica, también avanzó el proceso de reparación para las víctimas y sus familias. Para agosto de 2026, la Fiscalía capitalina informó que se habían alcanzado 156 acuerdos reparatorios, por un monto total de 471 millones 192 mil pesos. Los acuerdos incluían a familiares de las personas fallecidas y a quienes resultaron afectados por el accidente.

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Los operativos para revisar pipas aumentaron después del accidente, con multas por exceso de velocidad y otras faltas. Créditos: Especial

Para entonces, sólo quedaban dos asuntos pendientes. Uno correspondía a Jazlyn, debido a que su familia continuaba revisando los gastos relacionados con el tratamiento que necesitará en el futuro. El otro estaba relacionado con daños a la vía pública.

Cerca del lugar de la explosión, vecinos de Lomas de Zaragoza colocaron un memorial para recordar a quienes murieron. Con fotografías y mensajes, el sitio se convirtió en un espacio para mantener viva la memoria de las víctimas y pedir que lo ocurrido no vuelva a repetirse.

Más de mil 900 revisiones, pero los incumplimientos siguen

Después del accidente, cambiaron las reglas para las pipas que transportan gas LP y otras sustancias peligrosas en la Ciudad de México. El objetivo fue reducir los riesgos y evitar que vehículos cargados con grandes cantidades de combustible circulen a velocidades altas o por zonas donde una emergencia podría afectar a muchas personas.

Uno de los principales ajustes fue establecer un límite de 30 kilómetros por hora para estos vehículos en determinados puntos y fijar restricciones de horario para su circulación. También se establecieron nuevas condiciones sobre las vialidades por las que pueden transitar y aumentaron las sanciones para quienes no las cumplan. 

Las autoridades, además, aumentaron la vigilancia en los principales accesos carreteros a la capital. Entre los puntos donde se realizan estos operativos están La Concordia, la entrada de la carretera México-Cuernavaca, Periférico, la carretera México-Toluca e Indios Verdes. 

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Las nuevas restricciones buscan reducir los riesgos de que vehículos con grandes cantidades de combustible circulen por zonas urbanas. Créditos: Especial

A nivel federal también hubo cambios. En octubre de 2025 entraron en vigor dos normas de emergencia relacionadas con el transporte y la distribución de gas LP. Estas establecieron nuevas medidas de seguridad para las empresas y los vehículos encargados de mover y distribuir este combustible, como controles de velocidad, seguimiento mediante GPS y revisiones de las condiciones de las unidades. Su vigencia fue extendida por seis meses, hasta octubre de 2026.

Desde septiembre de 2025, la Secretaría de Seguridad Ciudadana ha realizado más de mil 900 revisiones a pipas que transportan gas LP y otras sustancias peligrosas. Durante estos operativos se han aplicado más de 700 multas por distintas faltas, entre ellas circular por lugares donde tienen restringido el paso, superar los límites de velocidad y no cumplir con algunas medidas de seguridad.

Las cifras muestran que hay una mayor vigilancia, pero también dejan ver que las reglas todavía no se cumplen por completo. De acuerdo con la autoridad, ocho de cada 10 operadores de pipas incumplen alguna disposición relacionada con la velocidad o la circulación.

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Un año después de la tragedia, las pipas siguen compartiendo las vialidades de la capital con miles de automovilistas, peatones y usuarios del transporte público. Créditos: Especial

El riesgo de otra tragedia sigue presente

Un año después, La Concordia volvió a ser parte de la rutina de miles de personas. Los vehículos pasan todos los días por el mismo lugar donde una pipa provocó una explosión que cambió la vida de decenas de familias.

Las cicatrices de quienes sobrevivieron todavía están presentes y, para las familias de las víctimas, el recuerdo de lo ocurrido tampoco ha desaparecido. La emergencia terminó aquel 10 de septiembre, pero sus consecuencias continúan.

La pregunta ahora es si lo aprendido después de La Concordia será suficiente para evitar que una situación similar vuelva a ocurrir. Porque en una ciudad donde miles de personas comparten las calles con vehículos que transportan grandes cantidades de combustible, un descuido puede volver a tener consecuencias irreparables.




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