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Sin agua y sin derechos; la vida que no eligieron decenas de mujeres chiapanecas

Por: BereniceChavarría Tenorio
Mar. 08

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“Desde que tengo memoria”, es la respuesta de las mujeres mayores del ejido Zaragoza de la Montaña cuando les preguntan ¿Desde cuándo hace esto? Y es que por décadas, ellas aprendieron a caminar largas distancias para obtener un recurso natural al que por derecho deberían tener acceso: el agua.

Un día para ellas es andar bajo el sol por más de dos horas para poder obtener agua que recogen de una pequeña laguna que está contaminada desde hace cuatro años y que se seca poco a poco debido al cambio climático.

Zaragoza de la Montaña se ubica en el municipio de Comitán de Domínguez, Chiapas. Las poco más de 500 mujeres que viven en este ejido -de aproximadamente mil 67 habitantes- nacen, crecen y mueren sin derechos.

Esta comunidad es la misma que hace más de tres meses se viralizó por encarcelar a un burro que hizo destrozos en una parcela. Pero nadie sabe que en este lugar, donde apenas se construye una carretera para poder llegar, reina la esperanza de un futuro mejor.

La crisis de agua que enfrenta la población chiapaneca ha llegado a ser catalogada peor que la que se vive en países africanos, así lo dijo en 2017 el relator de las Naciones Unidas para el Derecho al Agua y el Saneamiento, Léo Heller, cuando recorrió los caminos que miles de mujeres enfrentan día a día.

“Esa es nuestra forma de sobrevivir”

“Me levanto a las 5:00 o 6:00 de la mañana. Hacemos oficio de la casa; desayunamos, dejamos arreglado todo y nos preparamos para cargar un viaje de agua y uno de leña”, cuenta Guadalupe, una mujer de 27 años que realiza esta actividad desde que era una niña.

Ella vive con sus dos hijos y con su esposo en Zaragoza de la Montaña. Diariamente acude a la laguna principal a abastecer sus cántaros, pues es su ‘obligación’ mientras su pareja va a trabajar.

Enrojecida por el sol de mediodía y con una mirada tímida, Guadalupe cuenta que la crisis que enfrentan es dura.

“Nuestro anhelo es tener agua pero no se puede. A veces vemos películas con hermosas aguas y desearíamos que estuvieran aquí, pero no tenemos la oportunidad”.

A sus hijos, Guadalupe les explica que deben acompañarla a recolectar porque gracias a eso podrán bañarse. “Ellos ya saben, tienen que venir y se acostumbran. La niña ya carga agua”.

“Aquí una de madre no quiere hacer sufrir a sus hijos, pero la pobreza es lo que provoca todo”.

Recolectar leña, lavar su ropa cerca de la laguna principal; son sólo algunas de las actividades que las mujeres realizan diariamente. Bajo los rayos del sol permanecen poco más de cinco horas, hincadas en el pasto, tallando sobre rocas y escuchando a sus hijos correr alrededor.

Cuando concluyen, regresan por el mismo camino de terracería por el que llegaron. Mismo camino que ha visto generaciones de mujeres pasar, desgastar sus suelas y sudar; porque es su “deber”, porque “las prepararon desde pequeñas”.

Este camino lo conoce bien Norma, quien recolecta agua con ayuda de su sobrina de 13 años, una menor de edad que tampoco recuerda desde cuándo comenzó a realizar esta actividad.

La mujer de 63 años rompe en llanto al hablar de la pobreza en la que viven. Ella estudió hasta tercer año de primaria y su trabajo es hacerse cargo de sus padres. Su papá, de casi 100 años, se encuentra enfermo “tiene diarrea por beber agua contaminada de la laguna”. Pero tampoco hay un servicio médico que lo cure ni abasto de medicinas que les permita mantener su salud.

La madre de Norma, quien prefirió el anonimato, llegó a esta comunidad cuando tenía 25 años. Hoy tiene 90. Setenta años después, “todo sigue igual”, asegura.

“Desde chiquitas ponía a mis hijas (entre ellas Norma) a cargar agua y un manojo de leña, esa es nuestra forma de sobrevivir. Estamos sufriendo”.

“Ya no creemos en las autoridades”

En febrero de 2017, el alcalde de Comitán, Chiapas, Mario Antonio Guillén Domínguez, entregó 250 tinacos rotoplas, con el objetivo de “darles calidad de vida a los habitantes del ejido Zaragoza de la Montaña”.

Dichos tinacos no ayudaron, refieren las mismas mujeres que los recibieron. Entre ellas Cecilia, quien asegura que a pesar de que le entregaron su ‘rotoplas’, continúa realizando caminatas hacia la laguna, pues los tanques son demasiado pequeños para la cantidad de agua que requiere la familia.

Ella, al igual que Guadalupe y Norma, cuenta que han sido visitadas por autoridades municipales y federales -de quienes no recuerdan su nombre- que les explicaron la imposibilidad de poner tuberías en su ejido. Sin más recibieron un “no es posible”.

Otros políticos más han llegado a recolectar votos, y se van. Norma rememora que cuando se encontraban las elecciones en las que Vicente Fox resultó ganador, el partido Acción Nacional les prometió tuberías a cambio de su voto. Nunca volvieron.

“Siempre nos han engañado, ha venido mucha gente a decirnos que nos van a apoyar con un tanque. Entregamos copia de credencial, de CURP. También por parte de PROSPERA dijeron que nos iban a ayudar con un tanque y entregamos papeles. Pasaron meses y esperamos, pero nada”, narra Cecilia.

– ¿Qué le diría a Andrés Manuel López Obrador si lo tuviera frente a usted?

– Con el gobierno ya no contamos, porque somos muy engañadas. Tenemos desconfianza, porque ha pasado gobierno sobre gobierno y nunca ha llegado ayuda. Nos lo prometen, pero cuando ellos ganan, nos olvidan.

La lluvia, su esperanza

Son las 12:00 de la tarde, el sol se encuentra en su punto alto y el tronar de las piedras al caminar anuncia la llegada de las mujeres a la plaza principal de Zaragoza de la Montaña, un pequeño lugar techado con lámina que se ubica frente la iglesia del ejido.

Mujeres de 18, 27, 35 y hasta 60 años, miran con esperanza a un grupo de activistas que les dirán cuántas de ellas tendrán la oportunidad de construir un ferrocemento, que funcionará como tanque de captación y filtración de agua de lluvia para sus hogares.

Ellos son Tsomanotik, que en lengua tojolabal significa “Manos Unidas en Solidaridad”. Una organización que promueve el cuidado de la naturaleza, la sustentabilidad y la vida digna de las personas.

La organización llevó a Zaragoza de la Montaña el proyecto que busca otorgar a 60 mujeres la estructura de un tanque, así como apoyarlas en la construcción de estufas ahorradoras y baños secos.

Sumado a esto, a través de talleres, brindan capacitación para que ellas “reflexionen, se reconozcan y mejoren su vida en temas de alimentación, salud, violencia, autoestima y organización. Es apoyar su toma de conciencia, planeación, cómo ellas toman decisiones y construyen alternativas”, detalló Bertha Barrios, fundadora de Tsomanotik.

Entre ocho y nueve meses se busca mejorar la vida de 60 mujeres, 20 de ellas adheridas al programa Jóvenes Construyendo el Futuro. Recibir esta beca les permitirá construir su tanque y capacitarse para realizar un trabajo que les brinde remuneración económica.

Con tres mil 748 pesos, ellas construirán un ferrocemento a partir de malla de gallinero, cemento e impermeabilizante. “El agua será captada en los techos de sus casas, llega al tanque y dentro se coloca un pequeño filtro. La beca incluye una pipa para que llenen su tanque por primera vez”, explicó Bertha Barrios.

Sin embargo, la organización se enfrentó a dos problemas: el primero involucra a empresas que se aprovecharon de la comunidad haciéndole creer a las habitantes que las integrarían a Jóvenes Construyendo el Futuro. Pero no fue así, se llevaron su documentación y nunca volvieron. Cuando Tsomanotik intentó dar de alta a las mujeres, varias ya estaban registradas con otras empresas.

Como segundo problema se enfrentan a la falta de recursos: debido a que no todas pueden ser inscritas al programa, Tsomanotik realiza labores de fondeo para cubrir la meta. 15 mil pesos necesita cada mujer para su sistema de captación de agua de lluvia, en total se requieren 900 mil pesos.

“Creemos que es una oportunidad de gran beneficio para las mujeres, entonces estamos haciendo esta propuesta. El propósito es que haya un antes y un después. No tendrían que caminar a la laguna todos los días, de esa manera les regalamos tres horas diarias que les permitan hacer una actividad que les genere recursos económicos”, dice Bertha Barrios.

La fundadora de la organización, quien ha trabajado de cerca con defensores de derechos humanos, denunció la poca existencia de programas que lleguen a las mujeres y mejoren su calidad de vida.

Pese a que el panorama resulta poco alentador para las mujeres del ejido, la llegada de esta organización les cambió la vida.

Algunas ya iniciaron la construcción de su tanque, como María, quien a lado de sus cinco hijos anhela el momento en que concluya la obra, pues cuenta que ella y sus cuatro pequeñas aún recolectan agua diariamente.

“Quiero que mis hijas no sufran como nosotras sufrimos, que ellas sean felices”, expresó mientras sostiene al único niño de la familia en brazos.

Una problemática que va más allá

No es Brasil, Egipto, Pakistán, Sudáfrica, Indonesia, Togo, Guatemala, Bangladesh, Nigeria, Ghana, o Nicaragua; es México, país donde -al igual que los mencionados anteriormente- la población femenina es la más afectada por la falta de agua potable y saneamiento.

“Mujeres y niñas pasan una cantidad desproporcionada de horas en tareas domésticas no remuneradas que son muy pesadas, les lleva mucho tiempo ir a buscar agua y leña, lavar la ropa y los platos, y preparar los alimentos. Estos trabajos reducen sus oportunidades de acceder a la educación, trabajos y la participación política. Además perpetúan entre generaciones la transferencia de la pobreza y la falta de empoderamiento”, de acuerdo con ONU Mujeres.

Y no sólo eso, pues al hablar de salud, el hecho de que las mujeres beban agua contaminada que recolectan de las lagunas, puede provocar abortos espontáneos debido a infecciones, las cuales también pueden presentarse por la falta de higiene durante la menstruación.

Deshidratación, diarreas, disentería y cólera, son las enfermedades más comunes en mujeres, niñas y niños que viven en estas comunidades.

Pese a que es bien sabido que en diversos países se presentan estas desigualdades, la falta de datos desglosados por género supone un obstáculo enorme a la hora de obtener pruebas y formular políticas públicas sustentadas, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Como parte de algunas soluciones se observa el ejemplo de Marruecos y su Proyecto de Suministro Rural de Agua y Saneamiento del Banco Mundial, el cual se implementó en seis provincias. Gracias a esto, la asistencia de las niñas a la escuela aumentó en 20 por ciento en cuatro años. Esto debido en gran parte a que pasan menos horas consiguiendo agua.

Al mismo tiempo, el acceso fácil a este líquido de forma potable, redujo en un 50 a 90 por ciento el tiempo que dedican las mujeres y las niñas en conseguirlo.

Marruecos, ONU Mujeres

En el caso de México, el proyecto federal enfocado en “garantizar progresivamente los derechos humanos al agua y al saneamiento, especialmente en la población más vulnerable”, es el Programa Nacional Hídrico (PNH), 2019-2024.

Sin embargo, la última actualización del registro de sus mesas estatales para la presentación de propuestas y el desarrollo de un plan, sólo registra una visita en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el pasado 19 de enero de 2019.

“Chiapas es, junto con Tabasco, los estados que concentran la mayor cantidad de agua dulce en México, pero paradójicamente gran parte de la población no tiene agua potable. La situación de comunidades que están en la laguna es gravísima, y las autoridades poco se han preocupado”, detalló en entrevista Ana Cristina Vázquez Carpizo, defensora y exdirectora operativa de Amigos de San Cristóbal.

Por lo que el panorama es claro: en Chiapas hay agua, pero la situación que viven las comunidades se ha invisibilizado. Organizaciones de la sociedad civil han hecho esfuerzos por contener la problemática, pero, sin recursos es imposible atender a toda la población. Ahora, el gobierno federal tiene una tarea: hacer que las mujeres chiapanecas gocen de una vida con derechos.


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