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¿Cómo un proyecto inconcluso se convirtió en el Monumento a la Revolución?

Por: CarlaOrdonez
Dic. 16

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El Monumento a la Revolución mexicana es símbolo de la historia de nuestro país. Aunque la gran mayoría de los mexicanos lo hemos visitado al menos una vez, seguramente hay muchos datos que se desconocen sobre el mismo.

El Monumento a la Revolución se encuentra ubicado en la Plaza de la República, en la colonia Tabacalera de la CDMX. Se empezó a construir sobre una estructura de 67 metros cuadrados.

Todo surgió durante el gobierno de Porfirio Díaz, quien en 1897 lanzó una convocatoria internacional para la construcción del Palacio Legislativo.

Al mismo tiempo, dicha construcción se convertiría en un edificio para conmemorar el centenario de la Independencia de México, a conmemorarse en 1910.

La idea principal de Porfirio Díaz era que el nuevo edificio fuera uno de los palacios legislativos más lujosos del mundo, con más de 14 mil metros cuadrados.

El ganador de la convocatoria y encargado de la obra fue el reconocido arquitecto francés Émile Bénard.

Bénard se inspiró en recintos como el Capitolio de Estados Unidos y del Parlamento de Budapest, de esta manera buscaba convertir al palacio en una obra con estética europea neoclásica.

Sin embargo, el lujoso Palacio Legislativo estuvo envuelto en polémica, debido a la poca claridad por parte del arquitecto, así como las grandes sumas de dinero que necesitaba la construcción.

Fue hasta el 23 de noviembre de 1910, tres días después de haber iniciado la Revolución Mexicana, cuando Porfirio Díaz colocó la primera piedra del edificio.

Dicho movimiento provocó que la obra del Palacio Legislativo Federal se pausara por falta de recursos, ya que fueron utilizados para combatir el levantamiento en el país.

En 1912, la construcción se suspendió, por lo que únicamente quedó una estructura metálica.

En 1922, el arquitecto Émile Bénard quiso recuperar su proyecto, motivo por el cual regresó al país.

Ese mismo año se acercó con el gobierno de Álvaro Obregón y presentó lo que sería una adaptación a la idea inicial.

Bénard propuso convertir la estructura abandonada en un panteón para los héroes de la guerra.

Dicho intento por salvar la construcción quedó frustrado con las muertes de Obregón, en 1928, y la del arquitecto al año siguiente.

Fue hasta 1933, cuando el arquitecto Carlos Obregón Santacilia rescató la inconclusa obra de Émile Bénard.

Carlos Obregón reinterpretó la estructura y espacios para otorgarle su nuevo significado: “el uso de la plaza como espacio público en torno a la conmemoración de una revolución constante”.

El monumento está construido con cuatro pilares, obra del maestro Oliverio Martínez para simbolizar la Independencia y las leyes de Reforma, Agraria y Obrera.

En 1936 se le empezó a dar uso como mausoleo de personajes revolucionarios, ya que en las criptas colocadas en los cuatro pilares se encuentran los restos de Venustiano Carranza, Francisco I. Madero, Plutarco Elías Calles y Pancho Villa.

Pero fue hasta 1938 cuando la construcción del Monumento a la Revolución Mexicana se concluyó.

Pero en 1970, debido a problemas con el elevador, el monumento cerró. Siendo hasta 2009, para celebrar, el Bicentenario de la Independencia de México y los 100 años de la Revolución Mexicana, que el gobierno inició un proceso de renovación del edificio.


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