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#OPINIÓN: Lupe; mi niña amada cuando fue asesinada. Una carta al cielo

Por: QuintoPoder
Sep. 06

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La columna rota | Fridaguerrera Villalvazo (@fridaguerrera)

Desde el primer momento que la vimos ahí en medio de ese llano, llena de tierra, de dolor, abrazada por la dejadez social. Calcetas rojas, una sudadera verde agua, la cobija blanca con ositos amarillos y azules. El dolor se apoderó de nosotros, era 18 de marzo de 2017, ese día me llegó la noticia como otras más que a diario documento. Nos cimbraste el corazón y la conciencia desde ese instante. Al mes nos dolió más saber que nadie había reclamado tu mancillado cuerpo, que nadie te extrañaba, que a nadie le dolías. Que no existía un ser que te reclamara. Decidimos, Daniel y yo, hacerte nuestra, adoptarte así, basurificada, cosificada, asesinada. Desde ese 20 de abril de 2017, te nombramos nuestra beba, nuestra ‘Calcetitas Rojas’.

Fueron siete largos meses de pedir por medio de mi transmisión de #FeminicidioEmergenciaNacional que un alma generosa nos ayudara para poder obtener una foto de tu carita, y entonces realizar un dibujo de tu rostro para dar con tu nombre, familia, y asesinos. Fue en septiembre de ese mismo año que alguien se tocó el corazón o tal vez nos tuvo lástima, sí, así como esa que todo aquel que te vio sentía por ti, pero que no hizo nada por ayudarte en realidad.

 

La historia muchos la conocieron cuando los medios de comunicación voltearon a vernos, a ti y a nosotros, para dar a conocer tu rostro. Ese primer dibujo creado por una joven mujer llamada Esther y que siempre prefirió el anonimato. El 1 de noviembre supimos que estabas sepultada en una tumba privada, en un panteón que yo jamás habría podido pagarte. Luego de casi ocho meses encontramos el lugar gracias a una buena colega periodista.

A principios de noviembre nació tu rostro real hecho a lápiz por Alejandra Arce, quien sorora se acercó a Marcia, una de las administradoras de Siguiendo Tus Huellas. Ale, con todo el amor y profesionalismo realizó esa carita y entonces, luego de que los medios nuevamente nos ayudaran; llegó Marina, tu tía, creo que la única mujer de tu familia que intentaba hacer algo por rescatarte de esa mujer, de esa que te dio la vida y también te la arrebató. Te identificaron. Sí eras tú, la niña arrojada como basura, la niña que pocos amaron de verdad, la niña que era moneda de cambio para tu madre, tu padrastro, tu abuela, el vecino, el conocido, el basurero, todo aquel que podía sacar algo de ti en beneficio sólo de ellos.

El 14 de diciembre, luego de pensar cómo iba a entregar la investigación a la Fiscalía del Estado de México, que en aquel momento no hizo más que sepultarte en una tumba digna y no en una fosa común. Llegó una foto junto con un mensaje: “Ella se llama Lupita, y estuvo en casa de mi madre de diciembre de 2016 a febrero de 2017, cuando su madre y padrastro se la llevaron”. Me alarmé, me cimbré, tus tías no tenían una foto reciente tuya, sólo cuando eras bebé. Y ahí estabas con tus botitas negras, esas que dejaron en aquel sórdido lugar, una de ellas en medio de tu vagina, cómo despreciándote, cómo si no hubiera sido suficiente todo lo que a tu corta edad ya habías sufrido. Al siguiente día conocimos a Lalo, “tu papá”, a quien durante dos meses decidiste llamar así, aquel que, junto con su abuela, solo quisieron ayudarte y Yadira, tu madre, no los dejó. Entregué a la fiscalía todo, tu foto, la investigación, el video dónde decías tu nombre, el último vestigio que quedó de ti viva.

Ya es septiembre de 2019, y el día 3 tuve nuevamente a Pablo, tu padrastro y a Yadira, tu madre, frente a mis ojos, su furia no dejó de ser visible, los estaban condenando a 88 años de prisión, ¡puf!, casi toda su vida, y lo más importante, serás registrada porque así lo ordenó el juez. Guadalupe Medina Pichardo, así te llamas, ya no eres más #CalcetitasRojas, ahora ya tendrás tu nombre, aunque eso no te devolverá la vida. Al escuchar la sentencia ese 3 de septiembre mi cara no dejó de sonreír, de mostrarle a Pablo con todo y sus miradas intimidantes que a Daniel y a mí sí nos importaste. Que si en vida nadie hizo por ti, ellos pagarían por tu feminicidio porque así lo condenó el juez, ellos recordarán y sufrirán en cada segundo de esos 88 años, 2 mil 777 millones 068 mil 800 veces ellos pensarán en ti, en cada lágrima, en cada grito de terror, de dolor, de tú no comprender, de no conocer el amor, quiénes eran los Reyes Magos, porque nunca nadie te amó, sólo Lalo y su abuelita.

Princesa, llegó la justicia, tu sonrisa llenó aquella sala nuevamente, tu voz retumbó en todo el país y fuera de él. No, no merecías ser asesinada. Merecías alguien que te amara, no te conocimos y jamás lo haremos, pero sé que en alguna parte tu estarás para recibirme con un cálido abrazo, que te colgarás a nuestro cuello, tal como lo hizo hoy tu hermana. Hoy cambiaste la vida de dos de tus hermanos porque contarán con becas para estudiar hasta la universidad. Hoy mi niña, tienes que irte porque hoy se hizo justicia para ti.

Te dejo las palabras de quién fungió como tu padre, cargando tu dibujo, buscando en cada rincón de Nezahualcóyotl por noches, madrugadas, días, hasta que encontramos quién eras.

“La sociedad no ha aprendido a llamarte por tu nombre, será porque nunca lo tuviste, nunca te registraron, legalmente no existías, no le importaste a nadie, ni a tus padres. Te tiraron como un desecho después de usarte y saciar el instinto bestial de alguien que mordió tu piel tierna y golpeó todo tu cuerpo pequeño y frágil hasta dejarte sin vida.

Toda tu vida sufriste maltrato y desprecio, a nadie le importabas, solamente cuando alguien te quería usar hasta como cenicero, saciarse o demostrar su poder sobre tu inocencia. Poder sin escrúpulos que engrandece su alma podrida y mezquina, llena de maldad y rencor y que al ver un ser indefenso volcar sobre él toda esa inmundicia.

Ahora después de saber tu nombre seguía siendo “Calcetitas Rojas”, la niña maltratada, vejada, violada, mordida, despreciada, minimizada por quienes tienen poder y que lo usan para satisfacerse de ti, de tu inocencia, de tu feminicidio.

‘Calcetitas Rojas’, tú representas a la niñez mexicana que no le importa a nadie, ni a sus padres, ni al gobierno, ni a la sociedad y que te sigue usando para satisfacer su instinto de poder y mezquindad.

Yolloxochitzin (Flor del corazón)

Nacida del amor por ti, brotaste del dolor, de una mujer Frida, que te amó sin conocerte, sin saber quién eras, pero que naciste y floreciste de ese sentimiento, de ese dolor que nadie comprende. Eres flor que embellece el dolor.

Lupita… ¡no! Lupe así te llamabas, así decidiste llamarte. Lupe la niña donde convergen las otras. Lupe, el nombre que le diste a Lalo, a quien le dabas la mano semidormida cuando llegaba para darte la bienvenida, el único hombre que te amó, que te cuidó, que te vistió, que le importaste, el que no se aprovechó de ti, el que no te maltrató, quien quiso cuidarte, pero tus “padres” no lo permitieron y te siguen arrancando de tu hogar, para asesinarte y exhibirte nuevamente, para dejarte tirada y llena de polvo en un terreno baldío, en una pantalla fría.

¡Lupe! La niñez olvidada, violada, maltratada, despreciada e ignorada por todos. Lupe, la niña que buscaba ser feliz y no se lo permitieron.

Lupe tiene más nombres: Camila, Evelyn, Lupita, Dulce, Alessandra, Loreto, Ángeles, Natalie, Amely, María Elena Saavedra Barrera, Jennifer, Grecia, María Del Carmen, Johana Elizabeth, Memffis, Valentina, Valeria, Kenia, Rubí y “Calcetitas Rojas”.

Dan, ‘El Colaborador’

 

Gracias a cada uno de los que siguieron la búsqueda cuando no tenía rostro, gracias a la Fiscalía que al final nos ayudó a darle justicia. Gracias, Marina, por no vencerte nunca, gracias a Marcia, a Siguiendo Tus Huellas, a Ale Arce, a mi querido Rich por creerme, a Lalo y Doña Rosa por amarla, a los medios que nos ayudaron al final a darle rostro y voz, a Daniela, su abogada; a cada uno y una que se unieron a compartir su imagen, su historia. Gracias al comandante Rueda, a Dylcia. Pero antes que nadie, a Daniel, mi compañero de vida, por adoptar juntos a nuestra beba, a nuestra Lupe.

Septiembre 2019

Eres madre, padre, hermana, hermano, hija, hijo. De una mujer víctima de feminicidio, desaparición, o intento de feminicidio. Búscame, ayúdame a visualizarlas y contar su historia, o mándanos tu historia y ayuda a que más mujeres sepan cómo salir de eso. Voces de la Ausencia.

*FridaGuerrera (@fridaguerrera | fridaguerrera@gmail.com) es activista por los derechos de las mujeres.

Las opiniones expresadas en este artículo corresponden al autor y no representan necesariamente la postura de Quinto Poder.

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