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#OPINIÓN: La paradoja de la tolerancia

Por: QuintoPoder
Oct. 17

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#HuellaDigital | *Leo García (@leogarciamx)

Facebook, Twitter, Google con su YouTube, Apple, y todas las empresas de tecnología enfrentan la llamada paradoja de la tolerancia.

Esta paradoja propone que este concepto se entiende incluyendo la idea de tolerar a quienes son de ideas y posturas que no lo son, lo que es a la vez un riesgo potencial para que sea precisamente la intolerancia la que termine imponiéndose.

Donde es más sencillo identificarla es en el dilema de la libertad de expresión y los riesgos que se plantean con respecto al discurso de odio. El caso tradicional es el planteamiento acerca de si el discurso nazi debió tolerarse tanto como se hizo, que terminó llevándolos al poder y con las consecuencias históticas conocidas.

En 2014, Facebook presentó la versión de su Newsfeed basado en tendencias, un espacio dedicado a presentar noticias relevantes. Con el auge de la aparición de medios alternativos esta versión de Newsfeed se volvió el lugar ideal para construir audiencia difundiendo su contenido a la par de medios masivos tradicionales.

El problema fue que también lo aprovecharon quienes, diciéndose medios alternativos, periodistas, o reporteros, empezaron a difundir contenido sin sustento ni rigor alguno, sino más bien de tipo sensacionalista, cargado de ideología política o abiertamente proselitista. Además, mucho de ese contenido era afín a las audiencias simpatizantes con la ideología nacionalista radical, donde es aceptada la postura antiinmigrante y de discriminación racial.

En las primeras versiones del Newsfeed, Facebook recurrió a periodistas, redactores y hasta académicos, para hacer un trabajo de curación de contenido buscando ofrecer información relevante y sustentada. Cuando este equipo disminuyó la visibilidad del contenido sensacionalista o basado en discurso de odio, fue acusado de censura.

La paradoja se hizo patente cuando una parte de la audiencia exigía la libertad de publicar, compartir y difundir su contenido, aunque en él se incluyeran teorías de conspiración, negacionismo de todo tipo, y explícito odio racial. Y otra parte de la audiencia reclamaba los riesgos de permitir la libre difusión de ese mismo contenido.

Y fue precisamente bajo la idea de la tolerancia y la libertad de expresión que Facebook buscó satisfacer a la audiencia y escapó de hacer un trabajo de moderación al desarrollar algoritmos y controles a la disposición del usuario, para que fuera quien decidiera qué contenido consumir, pero además darle relevancia.

Ahora se sabe, años después, que eso sólo propicio la manipulación de la audiencia aprovechando sus sesgos cognitivos, lo que a su vez ha polarizado a la población aun fuera de la pantalla. Baste mencionar el caso de las convocatorias a los rallies de ‘Unite The Right’ y ‘Black Lives Matter’ en Charlottesville, a la misma hora y en el mismo lugar, que terminó con dos muertos, o situaciones verdaderamente graves como la crisis étnica en Myanmar. Entre otros muchos ejemplos.

Moderar contenido es la tarea más compleja del entorno social digital moderno por la abrumadora cantidad que se genera minuto a minuto, pero también por el constante esfuerzo de aprovecharlo con fines poco legítimos.

Y la situación se complicará aún más ahora que en la próxima campaña presidencial de 2020, para algunos de los candidatos ya es tema relevante el regular a las mayores empresas globales dueñas de los servicios digitales.

Por un lado, se les exige fragmentar su operación y buscar mecanismos que les permitan rendir cuentas, pero además, algunos exigen que las plataformas sean proactivas conteniendo la interacción basada en odio y otros tantos le siguen llamando a eso censura.

El derecho a mentir

Como ha sucedido cada vez con más frecuencia, este dilema es puesto a la luz de la política, dónde hasta el mismo Donald Trump personalmente ha acusado a las empresas de tecnología de una postura anticonservadora. No es el único, uno de los más famosos es Project Veritas, fundado por James O’Keefe, que ha conducido diversas investigaciones para, supuestamente, demostrarlo.

Pero la realidad es que las empresas propietarias de las redes sociales, principalmente Facebook y Twitter, han hecho un gran esfuerzo por mantener un equilibrio entre la tolerancia, el debate álgido, y contener el discurso de odio.

Son muchos los casos, perfectamente documentados, donde se ha demostrado como Donald Trump a través de Twitter ha mentido, ha ofendido, ha sido racista, ha sido misógino, y no ha sido moderado, mucho menos censurado. Tan así que tanto Facebook como Twitter han tenido que explicar el porqué de este trato preferencial: están anteponiendo el interés público y el derecho a mantenerse informados por su relevancia en la conversación.

Personajes como los presidentes y gobernantes, en general, toda forma de congresistas, diputados, senadores, secretarios, ministros, son protagonistas de la conversación que por su función todo lo que hagan y digan es relevante y del interés de sus comunidades, países, o el mundo. El compromiso y a lo que dan preferencia las empresas es a la libertad de la audiencia a mantenerse informados acerca de estos protagonistas.

Precisamente sobre esta misma premisa es que, cada vez más, alrededor del mundo se genera el marco legal para que tampoco sea posible para ellos bloquear usuarios y evitar que los lean.

Y aún en ese entendido, la senadora Ellizabeth Warren ha ido a más.

Se demostró cómo uno de los anuncios de campaña de Donald Trump, denostando a Joe Biden, carece de todo fundamento, por lo que se le solicitó a Facebook que lo retirara y se negó. Así que la senadora Warren contrató su propio anuncio con contenido totalmente falso, además, presentando a Mark Zuckerberg como parte del mismo.

¿Hasta dónde las empresas deben tomar parte en medidas activas para moderar contenido? Existen criterios ampliamente estudiados, debatidos y comentados, acerca de cuáles deben ser los alcances de la libertad de expresión, a qué considerar discurso de odio y cuál debe ser el límite que se le ponga.

La natural necesidad humana de comunicarnos es tan poderosa, pero tan frágil, que seguramente por mucho tiempo más será debatida la paradoja de la tolerancia. Ojalá que para entonces los intolerantes nos sigan permitiendo expresar ideas, aunque les resulten contrarias.

Hagamos red, sigamos conectados.

*Leo García (@leogarciamx) es desarrollador web y analista de tendencias de Twitter.

Las opiniones expresadas en este artículo corresponden al autor y no representan necesariamente la postura de Quinto Poder.

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