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#OPINIÓN: Jenni, una historia de dignidad y valentía

Por: QuintoPoder
Oct. 18

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La columna rota | Fridaguerrera Villalvazo (@fridaguerrera)

Desde este año hemos tratado de compartir historias de mujeres vivas, sí, aquellas que logran salvarse de relaciones violentas. Nunca habíamos tenido la historia de una mujer que sobreviviera a la violencia de sujetos deleznables como los descritos en la carta de Jenni.

Cuando me contactó por Facebook, insistía en que diera a conocer su historia, mi agenda y lamentablemente los casos que no paran de víctimas de feminicidio, me limitaban a concretar una cita. Un día, enojada, Jenni me reclamó diciéndome que no me importaba darle voz porque estaba viva, que sólo me importaban las mujeres asesinadas. Eso me hizo darme cuenta de que mi falta de tiempo no me permite abarcar todo y que tal vez Jenni no era la única mujer viva que tenía esa sensación, le aclaré que no era así y que ella me importaba. Le pedí que me mandara su historia y es como hoy celebro y agradezco su reclamo. Te dejo la historia de una mujer que no buscó ser violada, que hoy está en pie de lucha para lograr que la anhelada JUSTICIA, llegue. Gracias, Jenni.

“Estimada Frida:

Quiero compartir mi historia, una más sobre la violencia que sufrimos las mujeres, compartir mi historia no es sólo para que sea conocida, tengo la esperanza que al darla a conocer, las mujeres rompan el silencio a pesar de las circunstancias adversas que nos enfrentamos día con día, que no nos vamos a agachar ante el agravio. Tenemos que ser conscientes que el tema de violencia contra la mujer es un problema grave que ha lastimado mucho a la sociedad, a las familias de las víctimas y a las mujeres que sufren la violencia en silencio. También quiero decirles a las niñas, jóvenes y mujeres que no estamos solas , que estamos en pie de lucha por equidad y justicia, que será la semilla que dará fruto para generar un cambio.

No lo veremos en el presente, pero las futuras generaciones cosecharan el fruto de la lucha de erradicar la violencia y la cultura del machismo que ha sido el causante de esta ola de violencia de género, las mujeres de México exigimos justicia pronta y expedita para todas, que las autoridades hagan su trabajo y no hagan caso omiso a la violencia y exigimos seguridad, queremos salir y regresar a nuestros hogares vivas y que no se atente contra nuestra integridad.

A continuación empezaré con la historia. El día de la violación fue el 13 de mayo de 2016, acaba de cumplir 18 años, el agresor, Mario Antonio Ruiz, me mandó un mensaje invitándome al cine, éramos compañeros de partido, pertenecíamos a la organización adherida a la CNOP que pertenece al Partido Revolucionario Institucional (PRI). Yo acepté porque el plan era tener una cita, nos quedamos de ver cerca del metro San Cosme –yo vivo cerca de ahí–. Llegó por mí en un coche Ford Focus color gris plata, me dijo que íbamos a ir al cine cerca de Reforma. En el camino, él dijo que le pasara unos papeles en la guantera, en cuestión de minutos nos desviamos del camino hacia Reforma. Yo no logré ubicarme ni reconocer en el lugar donde estaba así que le pregunte que si no íbamos a ir al cine y me contestó que primero íbamos a ir a una reunión con sus amigos de la universidad. La verdad yo me enojé mucho y me saqué de onda, así que le pedí que por favor me llevara a un Metro cercano para poder ir a mi casa y no desviarlo del camino, pues me había cambiado los planes por completo, me dijo que me tranquilizara, que no íbamos a tardar mucho en la reunión y ya después si ya no quería ir al cine con él, me llevaría en mi casa.

Llegamos a una Bodega Aurrera, el único punto de referencia que recuerdo para tratar de ubicarme, ya estaba comenzando asustarme porque no sabía en donde me encontraba no podía reconocer el lugar, lo único que quería era llegar a salvo a mi hogar, nos bajamos del coche y entramos a la tienda, compró cosas para la supuesta reunión. Lo que me sacó más de onda y me pareció extraño es que había más bebida alcohólica que botana. Haciendo cuentas, era mucho alcohol para sólo dos personas, así que vio mi cara de extrañeza y comentó que vendrían muchos amigos y amigas para generar confianza en mí , que no iba ser la única mujer en la reunión. Yo no sabía qué pensar, ya estaba muy sacada de onda, asustada e incluso molesta por el cambio abrupto de los planes. Yo sólo pensaba en encontrar la manera de regresar a casa. Además, ¿cómo le iba hablar a mis padres para que vinieran por mí, si ni quiera sabia en donde estaba?

Llegamos a su casa en la calle de Panaderos, colonia Morelos, alcaldía  Venustiano  Carranza. Esa información la supe después de mi agresión gracias a la investigación privada que realizó mi padre para determinar en donde ocurrieron los hechos con los pocos datos que aporté, aclarando este punto continuaremos con la historia.

Afuera de su casa ya lo estaba esperando una persona que ahora reconozco como el segundo agresor llamado Helmer Henry  López  Núñez (como lo mencioné anteriormente, esta información clave que obtuvimos mi familia y yo fue con la investigación privada); Mario me presentó solo como su compañera de partido y este sujeto ni siquiera mencionó su nombre, sólo me saludó como si fuéramos conocidos, lo que me causó extrañeza. Entramos a su casa, pasamos por la cochera y subimos una escalera hasta que llegamos a su departamento, entramos y me pidió Mario que tomara asiento. Helmer y Mario comenzaron a conversar sobre ellos y la universidad, yo me sentía súper incomoda porque no tenía idea de lo que estaban hablando, pues eso no me permitía tener tema de conversación, después de unos minutos de conversación llego otra persona a quien reconozco ahora como David Osvaldo Chávez, la misma dinámica de presentación, Mario dice que somos compañeros de partido y el me saludó como si fuéramos conocidos y no menciona su nombre.

Después de que llegó David Osvaldo, Mario comentó que tenía un perrito en la azotea y que lo fuéramos a ver en lo que llegaban los demás, mencionó que me iba a gustar mucho el perrito, ya que las chicas les gusta mucho los animales, en especial los cachorros, yo le volví a insistir que me llevara de favor a un Metro cercano y que no era necesario llevarme a mi casa, que en el Metro podría llegar sin problema, que no se preocupara y así él podía seguir con la reunión y convivir con sus amigos. Mario me contestó que me tranquilizara, que después de ver al perrito me llevaba a casa y que no era una molestia para él dejarme en mi casa, subimos a la azotea, yo sólo quería salir de ahí porque de verdad ya me estaba asustando cada vez más y con la incertidumbre de qué es lo que sucederá después, solo pensaba la manera de salir y regresar a casa.

En la azotea, en efecto, sí estaba un cachorro. Yo lo acaricié para tratar de calmarme y no demostrar nerviosismo. En la azotea, Mario, Helmer y Osvaldo empezaron a drogarse, tenían bolsas de un polvo blanco que parecía cocaína y de una hierba de color verde, así que supuse que era mariguana, además subieron latas de lo que parecían  bebidas alcohólicas. Cuando vi eso, sentí mucho miedo  y nervios, yo sólo pensaba: “Tengo que salir ya”. Esto no es el plan inicial, yo tenía la intención de bajar pero en ese momento Mario me interceptó y Helmer saco su teléfono celular y puso música de reggaetón, Mario comenzó a acercarse a mí y querer abrazarme y pegar su cuerpo contra el mío, yo lo rechacé y bajé corriendo las escaleras y  llegué al departamento resuelta a irme de ese lugar y  volver a pedir de favor a Mario que me llevara a un Metro cercano para yo poder irme ya a mi casa sin excusa ni pretexto. Después de varios minutos que pasaron el azotea, Mario, Helmer y Osvaldo bajaron alterados, eso lo noté porque estaban enfiestados. Osvaldo dijo que no podía quedarse más tiempo porque su novia lo esperaba y no quería tener problemas, se despidió rápido sin más rodeos y Mario lo acompañó a la salida. Regresó y le volví a decir que si por favor me acompañaba a un Metro cercano para regresar a casa, porque aparte que estar en un estado inconveniente para manejar, no le quería generar problemas y mucho menos arruinar su reunión con sus amigos. En el fondo, no me convenció la historia de la reunión de sus amigos y amigas de la universidad. En ese momento yo era la única chica, Osvaldo se fue rápido, así que solo éramos tres personas y era mucho alcohol, además acepté una cita solo con Mario y el cambió los planes al meter más personas a lo que se supone es una convivencia de pareja. Íbamos a ir al cine, no a reunirnos con sus amigos y mucho menos a tomar ni tener sexo. Lo que hizo fue modificar el plan inicial sin avisar.

Mario me respondió que me tratara de relajar, que lo acompañara a beber y que para él no era molestia dejarme en mi casa, me dijo que su colonia era peligrosa y más para una mujer, que estaba anocheciendo, así que era muy riesgoso que yo saliera a la calle, me ofreció la bebida alcohólica diciéndome que me tranquilizara, me pidió que le diera un trago y  me prometió que me llevaría a casa. Yo estaba muy nerviosa, asustada y desesperada por salir de ahí, sólo quería volver a casa sana y salva, así que le di un sorbo a la bebida. Me supo muy raro, le pregunte qué es lo que me había dado, contestó que era ron con limón y sal, traté de tomármelo lo más rápido que podía pero el sabor era muy extraño y yo sólo pensaba salir de ahí con vida, después me empecé a sentir mal, sentía que la cabeza me flotaba y mi cuerpo no me respondía, tenía la sensación de que estaba pesado así que me senté en el sillón y alcancé a escuchar que Mario decía que me relajara y lo iba a pasar muy bien, así que comenzó a tocarme y yo le pedí que no lo hiciera, él preguntó “¿por qué no?”.

Siguió manoseándome, yo trataba de poner resistencia pero mi cuerpo no respondía, así que le dije: “¡Basta! Me siento mal, quiero vomitar”, en ese momento él me tomó de la mano, pero en lugar de llevarme al baño, me condujo a su recamara, ahí él se sentó en la orilla de su cama y me obligó a hacerle sexo oral, me estaba asfixiando con su pene y me tomaba tan fuerte del cabello que me dolió el cuero cabelludo. Yo trataba de poner resistencia, incluso le rocé el pene con mis dientes. Él lo tomo muy mal y me tiró al piso. Caí de rodillas y antes de quedar en el suelo, me había bajado el pantalón y la ropa interior, pues me estaba sometiendo por la cabeza, jalándome los cabellos y cuando trataba de liberarme él ponía más fuerza para lastimarme, volvió a ahogarme con su pene al introducirlo a la fuerza a mi boca. Entonces, estando sometida, percibí que alguien más se encontraba en la recamara y sentí que se colocaba detrás de mí, tomaba mis caderas y me introducía con fuerza su pene a mi vagina y sentí mucho dolor, entonces Mario afloja su agarre y alcancé a voltear y ver la cara de Helmer y le dije “¡No! ¡¿Qué haces?!”. En ese momento, él salió prácticamente corriendo de la recamara y Mario se acostó en la cama y como yo no tenía soporte de ningún lado me caí hacia atrás, me quedé unos segundos en el piso en estado de shock, tratando de dilucidar qué es lo que había pasado. Como pude, me subí los pantalones. Aún estaba en el suelo, me costaba trabajo levantarme, estaba muy adolorida de mis brazos, mi cabeza y genitales. Me acomodé la blusa, fui a la sala, me senté en el sillón y aún estaba en estado de shock.

Después de unos 10 minutos, Mario salió de la recamara y me preguntó que había pasado, porque se quedó dormido y no recuerda nada, yo no le contesté y tenía la cabeza agachada, no quería mirarlo. Me sentí tan mal, sucia y destruida. Sólo pedía a Dios salir con vida de ese lugar, como no le contesté y no di paso a una conversación, me dijo que ahora sí podía llevarme a mi casa. Salimos de su departamento y en el zaguán nos encontramos con Helmer, quien estaba muy nervioso, incluso sudando, y desviaba la mirada. Mario tranquilamente sacó las llaves del zaguán porque estaba cerrado.

Fue una tortura tener que soportar la presencia de mis dos violadores, parecía que a Mario no le importaba, estaba como si nada hubiera era pasado, por fin abrió el zaguán y Helmer salió a toda prisa, se despidió torpemente de Mario y él le dijo que si lo llevaba a su casa, Helmer contestó que no era necesario y se fue caminando.

Después de eso, Mario me preguntó dónde estaba mi casa, yo le contesté que no era necesario que me llevara directo a mi casa, que no se tomara la molestia y el sólo me dijo que si no le decía dónde estaba la ubicación de mi casa no me iba a llevar a ninguna parte. No tuve opción, yo solo quería regresar a casa.

En el trayecto a mi casa no cruzamos palabra, cuando llegamos a mi casa en la colonia San Rafael, alcaldía Cuauhtémoc, yo me disponía a bajar del coche y Mario me jaló del brazo y me obligó a que me despidiera de él, cuando llegué a casa de mis papás lo primero que hice fue entrar al baño y darme una ducha, me sentía muy sucia, solo quería limpiarme.

Cuando llegaron mis papás me preguntaron porque había lavado mi ropa y les contesté que tuve un accidente porque estaba en mis días, no insistieron en hacerme más preguntas, pero no estaban convencidos con mi respuesta. Al día siguiente fui al médico para revisión y tomar precauciones sobre las enfermedades de transmisión sexual y me dio la pastilla del día siguiente.

Meses después de mi agresión mis papas ya sabían lo que había pasado, me llegaron unos mensajes en redes sociales con amenazas. Los perfiles que logro recordar son Marvin, Martín y un tipo que se hacía llamar Joaquín , esos individuos me dijeron que mi partido me puso, o sea, el PRI, y que ya estaba dentro de una red de prostitución protegida por el partido y por el gobierno del expresidente Enrique Peña Nieto (la red de prostitución estaba bajo el control de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, incluso  salió un reportaje en MVS Noticias). Sabían todo de mí, en dónde estudiaba, quién era mi familia y que yo era cuadro del partido, es decir, una dirigente en formación dedicada al activismo político. Diario me hostigaban y me insultaban, recibía amenazas de que si no obedecía las órdenes le iban a hacer daño a mi familia, yo me asusté muchísimo porque me mandaron una foto de mis sobrinas y una ubicación real en donde se encontraba mi abuelita. Ellas viven en Puebla.

También en una ocasión, Mario me interceptó saliendo de la logia, que está cerca de mi casa en la colonia San Rafael, en la calle de Sadi Carnot. Yo iba a comprar material para mis trabajos escolares a la papelería y ahí me jaló fuerte del brazo, amenazándome de que si yo abría la boca, todos iban a saber “lo piruja que era”, porque me amenazó con difundir un supuesto video donde estamos los dos y dijo que nadie me iba a creer, que era su palabra contra la mía. Después de eso se subió a su auto y se fue.

Tres años más tarde me atreví a romper el silencio, sé que no es mi culpa lo que pasó, pero aun así lo recuerdo y me duele mucho.

El hecho de que este en pie de lucha no significa que no lastime e incluso rompa en llanto, sé que es un camino difícil porque en este país ser mujer parece que es un castigo, porque todo lo que te suceda, tú lo provocas y es tu culpa. Me he enfrentado a la revictimización, al hostigamiento y acoso sexual de la policía dentro de las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México (PGJ) y la omisión e indiferencia de las autoridades que tal parece que investigan a la víctima en lugar del delincuente. Aún tengo miedo de que mis agresores vuelvan a atacarme, pero gracias al apoyo de mi esposo y familia he logrado salir adelante, como lo mencioné anteriormente, las mujeres exigimos justicia, equidad y seguridad. No vamos permitir más injusticia ni violencia, las mujeres nos enfrentamos diariamente al peligro, muchas salen a trabajar o a estudiar.

De qué sirve esforzarse por salir adelante si no vas a regresar con vida ,de qué sirve ser una ciudadana mexicana protegida bajo el amparo de la Constitución si no aplican la ley a los delincuentes: No podemos tapar el sol con un dedo, lo único que nos queda es luchar para dejar un precedente de que la mujeres de México alzamos la voz para exigir justicia por las victimas que aún no se atreven a romper el silencio y por las que lamentablemente no están con nosotras.  ¡Ni una niña, jovencita y mujer violentada más!

Jenni”

 

#RompéElSilencio #JusticiaParaTodas #NosotrasSinMiedo #NoEstásSola #NoTeCalles #NiUnaMás

Octubre 2019

Eres madre, padre, hermana, hermano, hija, hijo. De una mujer víctima de feminicidio, desaparición, o intento de feminicidio. Búscame, ayúdame a visualizarlas y contar su historia, o mándanos tu historia y ayuda a que más mujeres sepan cómo salir de eso. Voces de la Ausencia.

*FridaGuerrera (@fridaguerrera | fridaguerrera@gmail.com) es activista por los derechos de las mujeres.

Las opiniones expresadas en este artículo corresponden al autor y no representan necesariamente la postura de Quinto Poder.

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