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Centros de atención al inmigrante: un desastre

Por: QuintoPoder
Jul. 17

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Por: Florentina Romo

El sistema migratorio en los Estados Unidos se ve abrumado ante la demanda de atención y espacio, algo que resulta evidente en los centros de reclusión de la patrulla fronteriza en donde se denuncia negligencia y malos tratos.

Niños y padres, por separado

Actualmente el gobierno de Estados Unidos opera el sistema de detención de inmigrantes más grande del mundo, con una capacidad de 30,000 personas a la vez, pero la demanda generada por la crisis humanitaria en la frontera parece haber superado la capacidad de este sistema.

Las condiciones de estos centros son lamentables. La estación fue diseñada para retener a poco más de cien hombres adultos durante unas cuantas horas para ser procesados antes de transferirlos a otros sitios, mejor equipados y operados por otras agencias gubernamentales con regulaciones más estrictas respecto del número de baños y las regaderas requeridas, por ejemplo.

Sin embargo, el límite de 72 horas con frecuencia se ha superado durante la oleada actual de migrantes; algunos niños han estado en Clint durante semanas con celdas que funcionan como unidad de cuarentena o “celda de influenza” para los menores con enfermedades contagiosas.

Estándares requeridos

La sobrepoblación en estos recintos provoca desajustes en su operación. Un agente que ha trabajado para la Patrulla Fronteriza durante trece años —y que, pidió el anonimato— confirmó los informes de abogados de inmigración que afirman que los agentes les han pedido a los migrantes adolescentes que ayuden a cuidar a los niños más pequeños. Se cree que la cantidad de niños en el sitio superó los 700 más o menos en abril y mayo, y fue de casi 250 hace dos semanas.

La estación de Clint superaba por mucho su capacidad el día de la visita de Henry Moak, un funcionario federal, pues albergaba a 291 niños. El visitante encontró pruebas de una infestación de piojos; los niños también le contaron que tenían hambre y que los obligaban a dormir en el piso. Moak declaró que Clint cumplía con los estándares requeridos.

Otro testimonio, este de Warren Binford, integrante de un equipo de abogados que inspeccionó la estación en junio y directora del programa de Derecho Clínico en la Universidad de Willamette en Oregon, menciona que, en todos sus años de visitar centros de detención y refugios, jamás había visto condiciones tan deplorables: 351 niños hacinados en lo que describió como un entorno similar al de una prisión.

¿Y qué ha ocurrido? Dos centros fueron clausurados después de someter a las familias a cuartos fríos, alimentos de calidad inferior y atención médica inadecuada. En 2015, un juez federal descubrió que un centro de detención exponía a las madres y sus hijos a “condiciones generalizadas y deplorables” y “no logró” proporcionar entornos seguros y sanitarios.

Ahora se sabe más de la situación deplorable de estos centros y del desborde que viven luego de las políticas fallidas de Trump contra la inmigración, no obstante, el gobierno federal insiste en que las condiciones ofrecidas en estas instalaciones son adecuadas.

El propio presidente Trump aseguró a través de twitter que los migrantes recluidos en estos lugares gozan de mejores condiciones de las que enfrentaban en sus países de origen.



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