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#Indignante: La violaron, torturaron y mataron; los asesinos están libres

Por: QuintoPoder
Nov. 29

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La historia de terror para una familia del Estado de México comenzó hace año y medio y parece que nunca tendrá fin.

El 5 de febrero del 2015, Fátima Quintana Gutiérrez, de 12 años, originaria de la comunidad Lupita Casa Viejas en Lerma, Estado de México, salió de su casa rumbo a la secundaria como lo hacía todos los días, pero nunca regresó.

Para llegar tenía que atravesar una zona campestre hasta la carretera, lugar donde tomaba un camión que la llevaba hasta la escuela.

Por lo general, regresaba a las 2:40 de la tarde y en la parada uno de sus padres la esperaba, pero ese día su mamá se entretuvo haciendo la comida.

Cuando había pasado una hora y no llegaba a casa, la mamá, Lorena Gutiérrez, se preocupó y salió, junto con otros vecinos a buscarla. “Fue ahí donde inició la pesadilla”, cuenta la señora.

Lo que le hicieron a su hija no tiene nombre. La habían violado y torturado. En ese entonces la fiscalía mexiquense les dijo a los padres que la pequeña había muerto por traumatismo craneoencefálico severo.

Fue hasta el día del juicio cuando el doctor que la examinó relató lo que había pasado.

En su declaración dijo que tres sujetos le tiraron los dientes y le sacaron un ojo. Todavía estaba viva cuando se la llevaron caminando varios metros hasta una zona boscosa donde la apuñalaron unas 90 veces, no para matarla, sino para someterla.

Ahí no acabó el sufrimiento para esa niña, quien además fue violada anal y vaginalmente, le rompieron las muñecas, le abrieron el pecho y dejaron una herida de 30 centímetros en la entrepierna.

A pesar de todo lo que había sufrido, aún estaba con vida y consciente.

Cuando acabaron de abusar de ella, los sujetos le aventaron tres piedras en la cabeza, una de más de 60 kilos.

Luego de dar la declaración el médico legista, cuenta la madre, se acercó le dijo “señora, discúlpeme por lo que ha tenido que escuchar. La verdad, una muerte así yo no la había visto”.

Los tres asesinos fueron los hermanos Luis Ángel y Josué Atayde Reyes quienes tenían, en ese entonces 19 y 17 años y conocían a la niña de toda la vida, pues vivían a unos 100 metros de su casa.

El otro fue José Juan Hernández Cruceño, un individuo que proveniente de Naucalpan que tenía 23 años y que recién acababa de llegar a la comunidad. Siempre fue conocido por ser violento y conflictivo.

Según relata la madre, el día de los sucesos, cuando comenzaron la búsqueda, encontró cerca de la casa de los hermanos la sudadera de su hija llena de sangre. Se acercó a preguntar por ella, pero cuando la vieron Josué, de 17 años, salió corriendo con la mochila de Fátima.

Acto seguido, José Juan, el nuevo en el pueblo, también huyó con la ropa llena de sangre y lodo.

Trató de detenerlos, pero no pudo, pero con la ayuda de su esposo lograron someter a Luis Ángel, el mayor de los hermanos.

Después iniciaron la búsqueda del cuerpo y lo encontraron no muy lejos de la casa de estos sujetos.

Esa misma noche, los tres fueron capturados por los vecinos. “Los iban a linchar, ¿sabe? Los iban a quemar vivos. Yo lo impedí. Yo los entregué vivos a la policía. Y ahora me arrepiento. Me siento una mala madre”, contó la madre a El Grafico.

Y cómo no se iba a arrepentir si a más de año y medio de lo sucedido, el actor intelectual del feminicidio, José Juan, está libre porque en el mes de junio de este año, la jueza Janeth Patiño no lo encontró culpable, pese a todas las pruebas encontradas y pese a que había estado hospitalizado por la golpiza que le pusieron los pobladores.

La defensa presentó un video con el que intentaron demostrar que el día de los hechos había estado en otro lugar, y lo consiguieron.

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El que era el menor está por salir de prisión porque cuando pasó el crimen no tenía la mayoría de edad. Sólo uno fue condenado a 75 años de prisión.

No conformes con eso, la familia tuvo que abandonar la comunidad porque recibieron amenazas de muerte y ahora buscan asilo en otro país.

Seguramente, nunca podrán estar en paz y menos si saben si estas personas están libres, como si nada hubiera pasado.

#OEG

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