Shadow Ban, la forma de ‘callar’ las voces incómodas en redes sociales


*Leo García

¿Has sentido que te silencian en las redes sociales por tus opiniones? Tal vez sea así.

Las redes sociales digitales, especialmente las de alcance global como Twitter, Facebook, Instagram, YouTube y Reddit son el foro donde todos los temas tienen oportunidad de comentarse.

La interacción de usuarios con una amplia diversidad de perfiles sociales y contextos culturales lleva a que los comentarios tiendan al debate. El debate bajo un contexto tan diverso fácilmente amplifica las diferencias entre los usuarios. Con eso se inicia la espiral de polarización.

Cuando las posturas diversas de los usuarios se confrontan, los participantes buscan ya no sólo defender sus puntos de vista y opiniones, sino confirmar sus creencias e ideas. Así, se pasa del debate a un choque de identidades, se forman “bandos” y las ideologías se vuelven más fuertes que los argumentos, radicalizando la interacción.

En un entorno así de polarizado, las interacciones sociales también amplifican los aspectos más complejos de los usuarios. No solo se busca tener la razón, sino que aquel que no comparte la identidad del grupo sea expuesto, repelido y combatido.

El debate en redes sociales difícilmente supera la prueba de la argumentación con sustento, las razones se sustituyen por adjetivos y descalificaciones y de ahí a las posturas intolerantes expresadas en discursos de odio. Quienes llevan las interacciones a este punto consideran que están en ejerciendo su libertad de expresión.

Y como una complicación adicional, existen usuarios para quienes, por su perfil personal, las redes sociales son el espacio donde su única razón y forma de interactuar es la abierta provocación y confrontación sin límite: los troles.

En este ambiente tan propenso a la confrontación, el ejercicio de la libertad de expresión está a prueba. Los responsables de las redes sociales buscan el equilibrio entre el intercambio de ideas, el debate, y poner un límite al discurso radical y de odio.

En el caso específico de Twitter, lo plantean como “servir una conversación sana”. Y no es una tarea fácil en una red global donde las interacciones se dan a un ritmo nunca visto en la historia.

El dilema que presenta el modelo de interacción digital es complejo de plantear y resolver, ¿dónde acaba la libertad de expresión y empieza el discurso de odio?, ¿dónde se modera el comportamiento por bien de la comunidad digital y empieza la censura?

Una de las primeras consecuencias de las frecuentes espirales de radicalización de las interacciones es que los usuarios esporádicos están reduciendo todavía más el tiempo que pasan conectados o definitivamente están cerrando sus perfiles para buscar espacios específicos a sus intereses.

En cambio, cada vez son más los usuarios que ingresan a las redes sociales específicamente para participar del debate público, es decir, del modelo que tiende a la polarización. Las redes sociales se están convirtiendo en el foro público específicamente de debate político.

Política Digital 101

Hacer política es una de las actividades humanas más complejas. Es en sí misma la actividad sustentada en el debate y confrontación de ideas por excelencia. El usuario promedio ahora forma parte del debate político en las redes sociales. Cuando la política es el motivo de interacción entre grupos antagonistas, la espiral de radicalización se da casi de manera inmediata.

¿Qué se puede hacer? ¿Cómo se puede buscar moderar el discurso sin que se acuse censura? Se han ideado y se están probando distintos procedimientos.

Los responsables de las redes sociales han dado a los usuarios la posibilidad de ser quienes reporten los excesos y abusos que otros usuarios pueden estar cometiendo en medio de la conversación. Cuando las razones del reporte son claras y se justifican la penalización se procede según corresponda.

Una falta moderada puede ser penalizada con el bloqueo de la cuenta reportada, lo que impide publicar por un determinado periodo, o hasta eliminar aquello por lo que fue reportada.

Si las faltas son reiteradas o es una grave, puede proceder la suspensión de la cuenta.

En el extremo, la medida más drástica que se toma es el cierre de la cuenta del usuario conflictivo y el veto definitivo de su dueño. Milo Yiannopoulos y Alex Jones son de los casos más conocidos que han llegado hasta este punto.

Pero en ocasiones, las razones del reporte no son claras.

Callando voces incómodas

Otro criterio que se toma en cuenta es si un usuario es reportado reiteradamente, pero las razones no son del todo claras. En ese caso se aplica el llamado “shadow ban”, un bloqueo parcial como medida de precaución.
El shadow ban es, casi literalmente, poner en la sombra la cuenta de un usuario, de forma que se reduce la visibilidad de sus interacciones. No se le bloquea totalmente ni se le suspende. Pero para ver lo que publica, es necesario entrar directamente a su perfil porque sus interacciones dejan de estar visibles hacia los usuarios en general.

La idea es que mediante esta acción se saca a la persona de la conversación para que no siga causando malestar dando prioridad a que otros usuarios lo reportaron.

El problema es que como parte del debate político, hay quienes han abusado de esta medida de precaución.

Visto desde la perspectiva política, quienes se ven afectados con cuentas puestas en shadow ban consideran que es una forma de censurarlos por causa de sus opiniones que resultan incómodas e inconvenientes a ciertos intereses.

En otros casos, según el perfil de las cuentas que se consideren afectadas, se forma la percepción que Twitter directamente está tomando parte del debate marcando postura política y favoreciendo a uno u otro grupo.

El propio Donald Trump acusó a Twitter de shadow banning cuando la plataforma penalizó cuentas de sus simpatizantes y militantes del Partido Republicano.

Quizá lo más delicado sea que, en efecto, grupos de usuarios pueden realizar reportes coordinados para sacar de la conversación a cuentas según convenga. Es decir, el shadow ban sí puede actuar como un medio para que grupos de usuarios censuren a otros por motivos políticos o de choque de ideologías.

¿Qué se puede hacer cuando el usuario libre y voluntariamente busca la confrontación más allá de las razones?

¿Cómo se puede considerar un acto de censura cuando se busca moderar la interacción que llega a la radicalización y el odio?

¿Será que algún día se encuentre el punto medio y se logre “una sana conversación”?

*Leo García (@leogarciamx) es desarrollador web y analista de tendencias de Twitter.

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