Los riesgos a los que se exponen tus hijos y quizá no conocías


*Leo García

El entorno social digital está acercándose a cumplir su mayoría de edad si tomamos como principal referencia a Facebook, creado en 2004, y a Twitter, en 2006. En unos cuantos años una generación habrá nacido y alcanzado su mayoría de edad conociendo de toda su vida las redes sociales como las entendemos ahora.

Para algunos siempre han existido los microondas, los teléfonos celulares, las computadoras, los cajeros automáticos e internet. En los últimos 30 años la tecnología ha sido el gran facilitador que ha dado acceso a nuevos productos y servicios, y llevado el consumo de información hasta volverlo un bien más.

En lo que va del siglo XXI, el entorno digital se ha construido aprovechando internet como un medio, más específicamente un hipermedio, es decir, que existe información en distintos formatos juntos e interrelacionados, lo que ha permitido que todos los aspectos de la comunicación encuentren su lugar, pero en un nuevo formato.

Para el usuario como persona, el cambio en el modelo de generación, transmisión y consumo de información ha llevado de la convivencia a la interacción. En las redes sociales no se puede tener convivencia, solamente es posible interacción, lo que tiene importantes carencias y riesgos a considerar como parte de la educación en los menores para que no llegue a generar problemas en la personalidad.

Convivir tiene como requisito imprescindible el contacto personal, humano, integrarse al grupo y ejercer las habilidades de socialización como el respeto, la tolerancia, la empatía, la capacidad de escuchar y ejercer el lenguaje hablado. Somos seres inherentemente sociales.

Interactuar en las redes sociales digitales solamente es la capacidad de ejercer acciones comunes y relacionadas:publicar contenido, comentar el de otros, dar ‘likes’, ‘favs’ y ‘citar’, sólo lo que la plataforma permite, pero sin llegar a un factor de verdadera socialización.

Esto limita el desarrollo de la personalidad y además estimula aspectos que llevan a lo opuesto de lo deseable. La velocidad de respuesta y generación de estímulos, casi instantáneos, limita la capacidad de paciencia. Construir relaciones digitales que sólo refuerzan los códigos existentes limita la capacidad de tolerancia a posturas e ideas distintas. Y esto lleva al extremo opuesto donde entonces se ejerce intolerancia y se pierde la capacidad de lidiar con la frustración y el rechazo.

La reducción en la capacidad de tolerancia y paciencia propicia la ansiedad y puede facilitar el desarrollo de síntomas de depresión, como el “fear-of-reaching-out” o la ansiedad de estar todo el tiempo pendiente de lo que otros hacen en las redes sociales. Depresión causada por comparación. Ansiedad por la búsqueda de constante aceptación. Siempre dependiendo de los otros usuarios.

Para los menores, el riesgo más evidente está en la información al alcance sin los adecuados filtros de edad, y no se limita exclusivamente al contenido para adultos. Sitios web y perfiles en las distintas redes sociales pueden compartir contenido que, aunque tenga relevancia informativa, no deja de estar cargado de violencia o crueldad.
Sin importar la edad o género, siempre existe el riesgo de acoso, exposición involuntaria a contenido no deseado, fraude o suplantación de identidad.

Cuando hay actos de intimidación reiterados por parte de los compañeros de escuela, se puede hablar de ciberbullying.

Entre adolescentes, uno de los peores botones de muestra que podemos tomar como ejemplo para entender el alcance de estos nuevos riesgos es la práctica del llamado “pack”, en el que jóvenes (hombres y mujeres) comparten fotos y videos íntimos, propios o ajenos.

Este intercambio se ha vuelto común entre jóvenes, incluso a manera de hacer una ‘colección’. Y en algunos casos, son usados como forma de desquitarse, haciéndolos públicos a través de internet.

Cualquier cosa que llega a internet es prácticamente imposible de eliminar. Si lo que llega son fotos o videos íntimos, es también una vulneración grave a la privacidad de la persona que puede propiciar prácticas de acoso, extorsión, entre otras.

Es una larga y creciente lista de riesgos que para los adultos nativos y migrantes digitales todavía es un problema terminar de conocer y entender.

Es en parte por esto que las políticas de uso de las principales plataformas que permiten interacción social restringen su uso a partir de los 13 años de edad y en adelante.

Pero la realidad es que las tablets, teléfonos celulares y laptops, son frecuentemente la niñera moderna preferida por los ‘Padres 2.0’.

Es necesario tomar cada vez más conciencia del alcance y riesgos de la implicación social de la tecnología y educarnos como adultos responsables a la vez de educar a los más pequeños.

*Leo García (@leogarciamx) es desarrollador web y analista de tendencias en Twitter.

Las opiniones expresadas en este artículo corresponden al autor y no representan necesariamente la postura de Quinto Poder.

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