#OPINIÓN: No alimenten al trol


#HuellaDigital | *Leo García (@leogarciamx)

Hay temas que piden volver a ellos una y otra vez, buscando enriquecerlos y ampliar la perspectiva, dando vista a las distintas aristas por la complejidad que en sí mismos implican.

Uno de ellos es el asunto del acoso, agresión y violencia en línea, conocido como ‘troleo’, que cuando además se hace de manera coordinada, se le conoce como “campañas adversariales”.

En Inglaterra, el Centro para Contrarrestar el Odio Digital (Center for Countering Digital Hate o CCDH) publicó un manual de contraestrategia para manejar este tipo de interacción. El manual propone dos momentos: qué hacer inmediatamente cuando hay una crisis con una campaña adversarial, una “troll storm”; y lo que hay que hacer después, cuando ya pasó.

¿Qué hacer inmediatamente?

No contestar

Lo primero, lo básico, el punto de partida, es no contestar ninguna de las agresiones. Quienes realizan una campaña adversarial, los troles, lo que buscan es causar tanto malestar como puedan, para lo que se valen de incitar a participar a tantos usuarios como sea posible; pero además esto les permite difundir sus mensajes e incluso, si la campaña es con intenciones políticas o afines a algún gobierno, difundir propaganda.

Con frecuencia se cree que es obligado contestar una campaña adversarial buscando ganarles la discusión a los troles, pero eso no sirve. Para un trol, contestarle ya es en sí mismo un triunfo, porque además abre la posibilidad que difundan ellos sus propios mensajes, aunque sea sin sentido o relación alguna al supuesto motivo de la campaña adversarial.

En todas las redes sociales existe la posibilidad de bloquearlos, y aunque según la psicología de los troles eso puede verse como un triunfo, lo más importante es que el usuario víctima de la campaña limite el alcance de las agresiones, pero sin incitar a que arrecien su ofensiva. La opción de “silenciar” tiene esa utilidad; las cuentas que son silenciadas dejan de aparecer entre las interacciones de la víctima, pero los troles no se enteran que han sido silenciados.

De hecho, algo que resulta en una gran motivación para los troles es cuando su objetivo, su víctima, empieza a denunciar que está siendo atacado, lo que los llevará a arreciar su abuso y les ganará más simpatía entre quienes compartan su esfera de interacción y sean parte de su grupo afín.

Distancia

Una campaña de odio, una campaña adversarial, por origen y definición es un problema que busca causar tanto malestar como sea posible en su víctima, que genera enojo, miedo y angustia, lo que quita la tranquilidad, pero sobre todo llega al daño psicológico y emocional. Así, además de no responder a las agresiones, es recomendable dejar de participar en las redes sociales, no sólo donde está sucediendo el ataque, aunque sea por unas horas.

Los troles suelen tener una lógica muy básica: recurren a intentar dañar el prestigio de quienes son sus víctimas, por lo que sus agresiones principalmente se basarán en atacar sus logros y cualidades, además de a quienes les muestren simpatía y apoyo.

Adicionalmente, una forma de reducir la ansiedad, angustia, y hasta miedo, que puede causar una campaña adversarial, es apagar las notificaciones de las aplicaciones de las redes sociales.

Cuando la campaña haya terminado, con el ánimo recuperado, con tanta paciencia y serenidad como sea posible, el CCDH recomienda realizar algunas acciones.

¿Qué hacer después?

Registro y reporte

En caso de recibir mensajes que contengan amenazas (explicitas o implícitas), es necesario conservar registro de ellas. Se puede tomar capturas de pantalla donde sea visible claramente el nombre de los usuarios que los publicaron, la hora y la fecha, pero sobre todo hacer lo posible por conservar las direcciones de los mensajes, porque aun sí posteriormente son eliminados, pueden ser rastreados internamente por la red social que corresponda.

Para eso, el registro debe ser usado para reportar las amenazas, no sólo a manera de denuncia pública, más bien y sobre todo, aprovechando los mecanismos que las redes sociales proveen. Es importante poner el reporte de la manera más clara y explícita posible para ayudar a que se tomen las medidas necesarias.

De hecho, en el caso de los mensajes amenazantes también se debe recurrir a las autoridades, en México se tienen áreas especializadas en delitos cibernéticos.

Y aunque los mensajes no sean amenazantes, actualmente la coordinación y manipulación de la conversación en línea cada vez es tomada más en serio como un problema por parte de las empresas dueñas de las distintas redes sociales, por lo que también es posible proceder a reportar a quienes participan en campañas adversariales por considerarse como spam.

Apoyo y solidaridad

Las campañas sustentadas en dinámicas de odio es algo que sucede con más frecuencia de la que debería. Algunas no son repentinas y avasalladoras, a forma de “tormentas”, sino que se vuelven campañas de golpeo sistemático, repetitivo, continuo, y de largo plazo. A diferencia de lo que CCDH recomienda, en México realmente no existen organizaciones que asesoren a usuarios promedio en el manejo de este tipo de este tipo de campañas, los esfuerzos se enfocan principalmente en periodistas por el estado de vulnerabilidad que se vive en nuestro país.

Esta bien puede ser un área de oportunidad para grupos que busquen ayudar y orientar a gente, usuarios promedio, que pasan por una campaña adversarial y no saben qué hacer o a quién recurrir.
La guía es puntual, tiene recomendaciones también para los responsables de medios de comunicación y las empresas dueñas de las redes sociales. Puede consultarse aquí

Hagamos red, sigamos conectados, sin alimentar al trol. Es por bien de uno mismo.

 

*Leo García (@leogarciamx) es desarrollador web y analista de tendencias de Twitter.

Las opiniones expresadas en este artículo corresponden al autor y no representan necesariamente la postura de Quinto Poder.

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