La manipulación que lleva a la polarización


#HuellaDigital | *Leo García (@leogarciamx)

Las redes sociales como las conocemos actualmente lograron su auge hasta llegar a ser globales a partir de hacer un cambio en la forma en que se construyen las relaciones dentro de ellas. Se volvieron egocéntricas, poniendo al usuario, cada uno de quienes en ellas interactúan, desde su propia perspectiva como el centro de atención.

Y a la vez, ese es probablemente el mayor de sus problemas.

Pertenencia e identificación: “Soy, porque somos”

Las redes sociales no son más que la reunión de dos o más personas que comparten intereses. Se basan en el sentido gregario, la necesidad de las personas de integrarse en grupos. Dentro de las plataformas, la capacidad de construir las relaciones a partir de los intereses comunes lleva a conectar entre similares. Similares en ideas, creencias, conocimientos, aficiones, opiniones y todo lo que permita identificación. A esto se le conoce como homofilia.

En las redes sociales, el usuario en lo individual se construye a sí mismo desde la relación que forma con el grupo al que se integra según la identificación y afinidad.

En las entregas anteriores se han comentado los métodos de amplificación y manipulación mediante el uso de cuentas falsas, troles, (ro)bots, y granjas de clicks. Esto inició con la finalidad generar la percepción de popularidad de un perfil, aunque esa popularidad no sea real.

La intención detrás de esta estrategia es formar perfiles que parecen generar suficiente interés y credibilidad para darles notoriedad, principalmente con fines comerciales. Así surgen los “influencers”, literalmente, los influenciadores.

Pero conforme la interacción creció, su alcance llegó a distintos ámbitos, las redes se convirtieron en plataformas de movilización política y social, la popularidad se volvió un elemento que además confiere validez y autoridad. En consecuencia, los perfiles con gran factor de influencia lo son también en lo político y lo social.

Estos influenciadores con facilidad son líderes, de facto, de los grupos que los usuarios forman en torno a un interés común. Ese es el primer objetivo que se busca con estas estrategias enfocadas en lo político y lo social.

Aunque esa influencia no sea real, lo que importa es que parezca real. La autoridad de un perfil actuando como factor de influencia es una de las formas más efectivas de inducir un mensaje a una audiencia y manipular su comportamiento, aún más allá de las pantallas.

Estruendo, coacción y coerción

El segundo gran objetivo de los mecanismos de manipulación es generar una gran cantidad de interacciones, aunque algunas solo simulen ser reales, pero siempre enfocadas a construir una narrativa.

Estas interacciones pueden ser dirigidas a amplificar una idea, una forma de estruendo para llamar la atención, aunque para eso se tenga que coaccionar al usuario ejerciendo formas de presión para que tome la postura que interesa en la narrativa.

Inducir una idea mediante los amplificadores correctos, y convenientes, permite hacerla llegar masivamente a una audiencia que la recibirá sin cuestionarla, más bien, la aceptará, la hará propia, y participará del ciclo de amplificación al continuar difundiéndola voluntariamente.

Esto se sustenta en el sesgo de confirmación. Para una persona es más fácil creer lo que de antemano quiere creer, lo que está predispuesta a creer. Para un usuario, una persona, creer y aceptar los mensajes que simplemente confirman sus ideas preexistentes es la manera más sencilla de manipularla.

O bien, bajo el mismo estruendo, interrumpir el libre flujo de ideas de quienes no están de acuerdo ni son afines a la simpatía de la postura que se esté buscando amplificar, para lo que se recurre a las interacciones de coerción, el troleo.

En cualquiera de los casos, el usuario resiente los efectos a nivel emotivo conduciendo su tren de ideas y finalmente modificando su comportamiento. Son los “riesgos de seguridad cognitivos”.

Estas técnicas de manipulación están siendo motivo de un profundo y muy amplio estudio para entender su alcance más allá de las pantallas y la forma en que están cambiando el acuerdo social, no sólo en lo político, sino en todos los ámbitos donde puede influir.

Polarización y radicalización

Para completar esta serie, es urgente entender que los estudios realizados hasta ahora muestran que lo que más fácilmente se refuerza con estas estrategias son las ideas relacionadas a las diferencias sociales, siendo un medio poderoso para reforzar ideas intolerantes, arraigar posturas radicales y odios irracionales.

Una prueba empírica sencilla puede hacerse al observar el entorno próximo con las conversaciones de boca en boca.

¿Cuántas ideas puede usted distinguir que circularon por las redes sociales y ahora son tema de conversación? ¿Cuántas ideas, posturas, opiniones, puede usted distinguir que empezaron tomando como referencia una cadena de Whatsapp, un video de YouTube, o mensajes publicados en Twitter o Facebook?

Cuando usted interactúa dentro de las redes sociales, ¿quién es su fuente, su referencia, para formar una opinión?
¿Por qué? ¿Sabe quién es y qué le da la autoridad para hablar del tema y sustentar una opinión que usted comparta?

Y aún más. Con quien usted interactúa, ¿ejerce algún llamado a la acción? ¿Le convoca a bloquear, reportar u ofender a otros usuarios? ¿Lo convoca a usar hashtags o formas de interacción para marcar tendencias?

Si usted participa de esas prácticas, ¿por qué lo hace? No son respuestas sencillas, además implican primero y antes que nada hacer una revisión profunda y honesta de sí mismo.

Tal vez sea usted objeto de una estrategia de manipulación a partir de sus sesgos cognitivos.

Hagamos red, sigamos conectados. Claro, solo es una sugerencia, si usted gusta.

*Leo García (@leogarciamx) es desarrollador web y analista de tendencias de Twitter.

Las opiniones expresadas en este artículo corresponden al autor y no representan necesariamente la postura de Quinto Poder.

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