La vulneración de la privacidad y la intimidad en lugares públicos


#HuellaDigital | *Leo García (@leogarciamx)

Hace unos días empezó a visibilizarse un problema real, grave, que sucede en el Metro de la ciudad de México: intentos de secuestro. Esto a la vez está sacando a la luz víctimas de otro problema igualmente grave que es cosa cotidiana en el transporte público, el acoso sexual. Es motivo de comentarlo en este espacio por uno de sus comportamientos asociados, compartir las fotos y los videos de las víctimas en línea.

Abundan los espacios en internet específicamente dedicados a compartir las fotos y los videos que algunos hombres toman, sin conocimiento y en consecuencia sin autorización de las mujeres a quienes están grabando o fotografiando, lo que las vuelve víctimas no sólo del acto mismo de acoso, sino también de la violación de su privacidad e intimidad.

La vulneración de la privacidad y la intimidad

En el transporte público uno de los problemas más comunes para las mujeres es el acoso. Insinuaciones, miradas lascivas, exhibicionismo o frotamientos son cosa cotidiana. Con el auge de los dispositivos móviles y la integración de cámaras, para las mujeres que son víctimas de estas prácticas se suma la posibilidad que quien lo realiza conserve fotos de ellas o del acto mismo.

Pero no sólo eso. Aunque no existen estudios serios que sustenten un aumento o factor de influencia en la práctica, en línea se han formado espacios donde usuarios comparten una filia que se ejerce con este medio: el voyerismo. El interés con índole sexual de mirar, vulnerando la intimidad y privacidad. Voyerismo es la forma de estimulación a partir de la mirada. El interminable tumulto del transporte público más la disponibilidad de tener prácticamente a cada momento una cámara al alcance, es el escenario ideal para este comportamiento, esta parafilia.

Algunos estudios refieren que el perfil voyerista principalmente son hombres heterosexuales, carentes de agresividad, pero altamente inseguros, que se excitan al espiar, es decir, observar sin ser descubiertos. Así, para los voyeristas tomar fotos y videos de quienes despiertan su interés es una práctica totalmente de índole sexual.

Para hacer aún más complejo el problema, el objetivo final de esta práctica está en sí mismo en el hecho de obtener la imagen y posteriormente compartirla en línea a manera de trofeo formando comunidades.

En Facebook, Twitter, YouTube y todas las grandes plataformas de interacción social este tipo de contenido no está permitido.

Es por eso que las comunidades que se forman con este interés como eje central de su interacción se hospedan en servicios donde el marco legal, no es que lo permita, sino que no lo prohíbe. No necesariamente se recurre a la deep web. Basta encontrar algún proveedor de hospedaje que tenga su operación en algún país en el que su marco legal, o la ausencia del mismo, cumpla con esa característica.

En estos espacios se publican tips de cómo y dónde acosar; que cámaras usar y donde ocultarlas o como sujetar el teléfono celular de forma que puedan tomar imágenes de sus víctimas. El afán es captar cualquier imagen que pueda ser publicada bajo el contexto de erotizar a su víctima, aunque en el transporte público y en las calles son dos sus principales objetivos, los escotes y mirar bajo las faldas.

Estas prácticas en Europa, específicamente en Inglaterra y Alemania, se busca que sean tipificadas de manera similar al abuso sexual, y razones no faltan.

El negocio de la intimidad y otras formas de abuso

Un gran incentivo para la difusión de este contenido esta en los sitios mismos que dan el espacio a los usuarios para publicarlo. Pornhub, XVideos, entre otros, son sitios legalmente establecidos, que mediante el registro de una cuenta permiten que cualquier persona pueda compartir el contenido que desee. Estos sitios no devuelven a los autores ninguna forma de remuneración ni comparten nada de la ganancia que obtienen de la monetización de los videos y fotografías aportados.

Pero como parte de su modelo, lo que sí hacen es permitir que la base de datos de su contenido sea accesible y descargable para quien quiera montar su propio sitio para adultos y hacer negocio.

En las bases de datos de estos sitios se puede revisar el tipo de contenido que permiten compartir de manera libre por parte de los usuarios, y se puede tener una aproximación a otros problemas graves donde las víctimas, una vez más, son casi exclusivamente mujeres.

Al buscar en los registros de los videos y fotografías que están marcados con las palabras “novia” o “esposa”, algunos de los criterios secundarios que aparecen y llaman la atención son “borracha”, “dormida”, “drogada” y “cámara oculta”. Es decir, contenido de mujeres que por la condición en que ha sido tomado es poco probable que haya sido de manera consensuada y quien lo realiza lo hizo en la intimidad victimizando a su pareja.

También se puede encontrar contenido de menores de edad; contenido donde la pareja explícitamente pide no ser grabada, el llamado ‘revenge porn’, distintas formas de violencia (real o simulada), y ’packs’.

Otro gran riesgo son los propios dispositivos móviles, ya que uno de los criterios que se observaron en estas bases de datos es el contenido marcado con palabras que indica que fue obtenido de teléfonos robados, perdidos, o “encontrados”.

Las autoridades responsables de la seguridad del transporte público ¿tienen conocimiento del alcance y gravedad de estos problemas? ¿hasta dónde el modelo de convivencia y educación que nos hemos formado estimula y hasta propicia este comportamiento como algo dentro de la normalidad? ¿El marco legal mexicano está preparado para atender a quienes quisieran tomar acción al ser víctimas de esta vulneración de la privacidad e intimidad? ¿Qué hace falta para que quienes son víctimas de sus propias parejas sepan que esta también es una forma de abuso?
Hagamos red, sigamos conectados.

*Leo García (@leogarciamx) es desarrollador web y analista de tendencias de Twitter.

Las opiniones expresadas en este artículo corresponden al autor y no representan necesariamente la postura de Quinto Poder.

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