El neoliberal que no soportó visitar a AMLO en Palacio Nacional


Carlos Ruiz Sacristán no pareció acudir a Palacio Nacional para el anuncio de un acuerdo ganar-ganar entre el gobierno federal y las empresas Carso, TransCanada (TC Energy) y IEnova.

Tenía cara de funeral. Parecía estar en el entierro de un ser no amado.

El director general de IEnova, empresa asociada con TransCanada para la construcción del gasoducto Sur de Texas-Tuxpan en el consorcio Infraestructura Marina del Golfo, no sonrió salvo cuando se terminó la conferencia matutina del presidente López Obrador este martes 27 de agosto.

El exfuncionario del sexenio de Ernesto Zedillo, padeció el evento. Lo sufrió. Se aburrió. Se hartó. Estaba desesperado. Contaba los minutos. No sabía para dónde voltear. Se cansó de apretar los labios.

Como se puede ver en la imagen, miraba hacia el piso.

Fruncía los labios.

Apretaba las manos con fuerza, disimulando su incomodidad mientras cruzaba las piernas.

Se le notaba nervioso, incómodo, desde antes de que empezara la conferencia matutina, conversando con sus compañeros y colegas de industria.

Mantenía el rostro adusto, rígido, áspero, casi denotando desprecio, al mismo tiempo que preservaba los labios apretados, en una señal inequívoca de fastidio, irritación.

El impecable traje negro, la camisa y el pañuelo blanco, la corbata rojo carmín y los lentes color naranja, no podían ocultar su incomodidad en el escenario que mayor repulsión le podía provocar. Imagine usted, uno de los hijos más “aventajados” de la tecnocracia avenido en alto ejecutivo de una empresa “prestigiada” con intereses en Estados Unidos y México, sentado en primera fila en el escenario favorito del llamado presidente populista que no pierde oportunidad en despreciar a los tecnócratas-neoliberales como él.

Ruiz Sacristán miraba al techo del Salón Tesorería de Palacio Nacional en cada oportunidad que podía, en una escena que parecía caricaturesca para un personaje de su talla.

Resultó épica su gesticulación cuando López Obrador habló de los proyectos en el sureste del gobierno de la llamada Cuarta Transformación.

A Ruiz Sacristán, se le escaparon unos gestos de desaprobación, como si dijera “¡no puede ser!” o simplemente “noooooo”, tras mover la cabeza como si rechazara los planteamientos de AMLO. Claro, fue sutil, pero perceptible.

Enseguida volteó a ver el reloj. Me pregunto si habrá pensado: “trágame tierra, que ya termine esto”.

A unos metros de él, el lenguaje corporal y la postura de Carlos Slim, era diametralmente opuesta, igualmente incómodo, por lo desfavorable que pudo haber sido el arreglo para Carso, pero mucho mejor desenvuelto, liberado, maduro, estratégico.

El ingeniero Slim enfrentó las preguntas, incluso las incómodas, tomó la palabra cuando le fue concedida por el presidente de la República y ofreció su postura sobre lo que a su juicio ocurre en el país y respecto a las medidas que toma la actual administración. Fue políticamente correcto, educado y directo.

Mientras, Ruiz Sacristán le seguía haciendo el favor al país de estar en la conferencia matutina.

Cooperó con la causa cuando los fotógrafos y videógrafos pidieron una foto grupal. Incluso se atrevió a aplaudir cuando López Obrador soltó un lamentable comentario al más puro estilo de Peña Nieto sobre si la prensa no aplaudía.

Este que ve arriba, es el resumen en representación gráfica de Carlos Ruiz Sacristán, el director general de IEnova. Con los labios apretados, las piernas cruzadas, una mano encima de la otra, la mirada perdida. Oyendo, pero no escuchando.

Lució incómodo en el momento, tras la fotografía oficial, en el que se saludaron-no se saludaron “el populista” AMLO y el neoliberal-tecnócrata Ruiz Sacristán. Intercambiaron una sonrisa, diría yo, cortés, pero hipócrita, de esas que si no existiera el lema de “abrazos, no balazos”, bien podrían interpretarse como una puñalada por la espalda, metafóricamente hablando, claro.

Ruiz Sacristán tuvo que estirar las piernas, porque AMLO y Bartlett, sentado a la derecha de Slim, parecen haber ganado el primer round. Digo parece, porque al presumir el acuerdo, desde el gobierno federal hablaron de los “qués”, pero no de los “cómos”.

El tecnócrata-neoliberal se fue como llegó, con los labios fruncidos.

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