El lenguaje de la ciberpropaganda


#HuellaDigital | *Leo García (@leogarciamx)

Así como en este espacio se comentó cuáles son los rasgos que distinguen a las campañas de desinformación, ¿hay rasgos que delaten a las campañas de ciberpropaganda? Sí, los hay. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) ha estudiado la comunicación que se genera desde distintos regímenes, sus figuras aliadas y sus agentes de influencia, lo que ha permitido detectar rasgos comunes independientemente del país o ideología.

Eslóganes

Lo primero que resalta en la comunicación propagandística es la simpleza. Para eso se vale, principalmente, del uso del lenguaje con palabras sencillas, comunes, fáciles de recordar, pero además fácil de difundirlas por ser parte del vocabulario habitual de la audiencia objetivo. El lenguaje sencillo es efectivo porque permite mandar mensajes que se replican por identificación. La comunicación propagandística efectiva encuentra formas sencillas de presentar ideas en frases cortas, los eslóganes. Me canso, ganso.

Sobresimplificación de problemas

La forma de ganar la simpatía y confianza de una audiencia objetivo a la que se dirige la propaganda es ofrecerles que se tiene la solución a los problemas y que es posible de realizar. La manera más efectiva de presentar problemas complejos, de cualquier tipo, es de manera sencilla y presentar de manera aún más sencilla la solución, aunque no lo sea. Aunque en la realidad lo que siga sea un desfile de justificaciones por las que no se llegue a las soluciones ofrecidas.

Apelar a la autoridad

En la comunicación propagandística los emisores, casi siempre agentes afines al régimen, recurrirán a sustentar sus dichos en su supuesta autoridad, basada en experiencia, preparación académica, intachable ética, alta moral, visión amplia de los hechos, o cualquier otra virtud que permita construir una narrativa que por su propia palabra y dicho se dé por válida. Aunque no lo sea.

Apelar al miedo y la desconfianza, en el otro

Las falacias “argumentum in terrorem” o “argumentum ad metum”, infundir miedo y desconfianza en quienes no concuerdan en ideas o no simpatizan con el régimen. Se construye una narrativa donde se genera la percepción que quienes critican y exhiben las malas prácticas, errores, corrupción, o cualquier otro defecto del régimen, lo hacen por motivos que lleven a percibirlos como dignos de desconfianza y de ser temidos. A quienes no concuerdan con el régimen, se les demoniza señalándolos como parte de los males y problemas que necesitan ser resueltos.

Adversarios como una figura de desaprobación

Cuando se necesita inducir una idea para generar una percepción la manera más fácil para lograrlo, o en su caso reforzarla, es ofrecer un factor que dé puntos de comparación y contraste. Si el régimen en curso es el gran salvador, entonces necesita villanos y culpables. Si el régimen en curso es quien reclama todas las simpatías, méritos y virtudes, los defectos, toda la antipatía y desaprobación deberá caer en quienes el régimen señale, que además, entonces, son los adversarios y oponentes a ser combatidos. Tener un elemento de contraste siempre da una salida para justificar que si algo resultó mal, antes estaba peor.

Adjetivación y prejuicios

La propaganda se hace de adversarios y oponentes de una manera relativamente sencilla, recurre a los prejuicios de la audiencia. Para presentar como adversario a una persona, un grupo de personas, una institución, basta asociarlos ante la audiencia objetivo a un prejuicio con connotación negativa, o en su defecto, asociarlos a tantos adjetivos negativos como sea posible.

En el mundo los prejuicios más efectivos que se usan con connotación negativa son los referentes a la disparidad económica y los adjetivos que genera la percepción más negativa son los relativos a la corrupción.

Testimonios convenientes

La comunicación propagandística difícilmente se sustenta en hechos verificables, datos comprobables o cualquier otra forma de información precisa. Sin embargo, es común que se recurra a expertos que ofrezcan datos que, aparentemente, confirmen y validen la narrativa oficial. Un ejemplo muy claro es el caso del cambio climático y sus negacionistas. En ambos casos se exhibe información con sustento científico, valida, pero que se aprovecha según ideología.

Pertenencia y grupos simpatizantes

El lenguaje es un poderoso instrumento para la propaganda donde lo que importa es la narrativa que la audiencia consuma y haga propia por identificación y la acepte sin cuestionar. Pero además esta afinidad permite ofrecer falacias ad-populum que refuercen la idea que “todos” simpatizan con el régimen y es una minoría quien se opone o quiere dañarlo.

Esto además tiene una arista muy interesante. Si se logra ofrecer una perspectiva donde parece que efectivamente el régimen goza de una simpatía absoluta, es más fácil que los indecisos se decanten a aceptar esta idea por la necesidad de sentir que no se quedaron fuera ni que le están llevando la contraria “a todos los demás”.

Redefinición de conceptos y reinterpretación de la historia

Los regímenes tienen prisa por redefinir conceptos y usarlos como propaganda para que sirvan como sustento, guía y medio, para la difusión de ideas afines a la narrativa oficial. Pero además, llevando el efecto y alcance más allá de las palabras al entorno social con la percepción de la realidad. Es decir, hacerlas verdad según les convenga.

También aplica para la historia. Bien dice el dicho, “la historia la cuentan los vencedores”. Como parte de la dinámica de comunicación propagandística la forma en que se aborda la historia depende de que tanto le favorece o no algún suceso o las acciones e ideas de algún personaje.

Lenguaje grandilocuente y de adjetivos virtuosos

En la propaganda lo que sobra es la emotividad sustentada en un discurso de orgullo patriótico y nacionalista, deseos de paz y concordia, aprovechando palabras tan efectivas como justicia, nación, país, orgullo, honor, además asociándolas a los anhelos válidos y reales de cualquier persona como prosperidad, trabajo, familia y hasta felicidad.

Imprecisiones intencionales

La comunicación propagandística es disfuncional, difícilmente encuentra sustento en datos comprobables porque lo que se busca es generar afinidad, reforzar la simpatía y difundir ideología. Así, los datos que se usan en la información que se ofrece no necesariamente son reales, de hecho, es recurrente que sean imprecisos, a favor del régimen y en contra de regímenes anteriores o en su defecto que sirvan para sustentar el rechazo a quienes no comparten la simpatía en el régimen. “Los números no mienten, pero se puede mentir usando números”.

Así, sirva esta breve aproximación a distinguir los rasgos comunes que se presentan en las dinámicas de interacción en las redes sociales cuando son parte de un ejercicio de ciberpropaganda.

Hagamos red, sigamos conectados.

*Leo García (@leogarciamx) es desarrollador web y analista de tendencias de Twitter.

Las opiniones expresadas en este artículo corresponden al autor y no representan necesariamente la postura de Quinto Poder.

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