La economía colaborativa y sus desafíos


#HuellaDigital | *Leo García (@leogarciamx)

La economía colaborativa principalmente se da de persona a persona respondiendo a un principio muy simple: “Yo necesito, tú tienes”. Hoy día tal vez todos de alguna manera hemos estado en contacto con esta dinámica. ¿Cuándo fue la última vez que abordó un coche solicitado por el servicio de Uber, Cabify o Didi? ¿Un alojamiento publicado por Airbnb? ¿Que hizo la compra mediante Cornershop? ¿Que visitó una oficina en un edificio administrado por WeWork?

Sin propiedad, para todos

Posiblemente la característica más distintiva de la economía colaborativa es el principio de compartir. Se antepone la posibilidad de ofrecer un servicio o satisfacer una necesidad antes que la venta en sí misma. Y así, bajo esa lógica, se deja de lado la propiedad de los recursos para dar ese servicio o satisfacer esa necesidad de manera que no se limita a la atención de un solo grupo de personas sino de todo aquel que lo solicite. Además de aprovechar recursos que pasan largo tiempo ociosos.

De esta manera, el propietario de un auto puede ofrecer su servicio como chofer sólo durante el tiempo que dura el traslado, tantas veces como traslados pueda realizar en su jornada de trabajo, que queda abierta al tiempo que disponga. El auto sigue siendo propiedad de quien ofrece su servicio y los usuarios sólo pagan por el traslado que requieren.

Quien dispone de una propiedad, como una casa o un departamento, lo ofrece en alquiler que se negocia directamente con los huéspedes y sólo por el plazo que les interesa.

Si una persona tiene su jornada sujeta a horario de oficina y no dispone de tiempo para hacer la compra de su mandado, puede encargar que alguien más lo haga y lo entregue en un lugar y horario pactado entre ambas partes.

Por mencionar apenas unos cuantos de tantos servicios que ahora se ofrecen bajo este modelo.

La app como intermediario

Una característica muy distintiva de la economía colaborativa es que ya no se requieren contratos para ofrecer y solicitar los servicios. Ambas partes, quien ofrece el servicio y quien lo solicita, se sujetan a las condiciones en términos de un contrato común de una empresa que funciona como intermediario y opera mediante una aplicación o servicio web.

Las aplicaciones en los dispositivos móviles son el principal factor disruptor que ha permitido el crecimiento de la economía colaborativa, donde un grupo de proveedores, pueden ser personas o empresas, ofrecen bienes, productos y servicios. Hasta ese punto se estaría describiendo el comercio tradicional, lo que marca el principal diferenciador es que no solo se puede vender, sino también compartir, intercambiar, prestar, alquilar y regalar, productos o servicios, y sólo en cantidad, lugar y tiempo, que se necesita.

Ventajas

Una de las ventajas más evidentes es el aumento de oferta mediante autoempleo para satisfacer demanda de servicios, donde además se aprovechan recursos que de otra manera estarían ociosos. A su vez permite ahorro, no sólo por ofrecer precios competitivos, sino también por el mejor aprovechamiento de esos recursos ociosos.

Aprovechar mejor los recursos ya existentes ayuda también a reducir el impacto ambiental implícito en el consumo de servicios. En un edificio administrador por WeWork los recursos disponibles no son aprovechados solo por una empresa sino por todos quienes conviven y colaboran en el mismo espacio: agua, electricidad, comunicaciones, etcétera.

La economía colaborativa ha traído nuevas formas de competencia, y si alguien lo duda, basta ver la resistencia que aún enfrentan los servicios de transporte compartido.

Otra de las ventajas evidentes, y muy apreciadas, es la posibilidad de comunicarse uno a uno con quien realiza el servicio, considerando que la intermediación se da por una aplicación, que tiene casi exclusivamente la función de ser el medio de conexión entre quien ofrece el servicio y quien lo necesita.

Desventajas

La economía colaborativa se ha vuelto un medio muy accesible de oportunidades de ingreso económico para quien dispone de algún recurso que pueda ocupar para prestar sus servicios. Pero justo a la vez ahí está el principal problema de este modelo.

La mayoría de las empresas que proveen la plataforma tecnología que sirve como intermediario entre el servicio y el usuario que lo requiere, establecen relaciones limitadas de compromiso y responsabilidad con ambas partes. Siguiendo con el ejemplo, quien hace trabajar su coche en Uber, Didi o Cabify, debe cargar con el costo de su mantenimiento y la depreciación respectiva al desgaste.

El compromiso por la seguridad de los usuarios de estos mismos servicios, en su mayoría quedan limitados a herramientas para reportar situaciones de peligro y alguna póliza de seguro, pero nada más.

Cuando quien presta el servicio incurre en prácticas poco éticas, o definitivamente fuera de la ley, el usuario puede quedar en total desamparo. O viceversa, cuando los abusos y excesos son de parte de un usuario a quien se le está prestando el servicio.

Esto se resume en un término: falta de regulación. Que en sí mismo el planteamiento es un contrasentido. La economía colaborativa nace aprovechando huecos y oportunidades sin atender en la prestación de servicios de manera tradicional.

El problema es que las empresas de tecnología, en general, han logrado disrumpir modelos económicos y sociales con una gran resistencia a la regulación, y lo que proponen como autorregulación ha quedado corto contra los problemas que se han presentado.

Así, como el beneficio es directo para el consumidor, también las desventajas de esta falta de regulación dejan al consumidor desprotegido.

Y es ahí donde los gobiernos encuentran la grieta en el sistema que les puede dar la oportunidad de influir y aprovechar, una vez más y como siempre, como un medio político, lo que de otra forma de antemano habían dejado desatendido.

Hagamos red, sigamos conectados.

*Leo García (@leogarciamx) es desarrollador web y analista de tendencias de Twitter.

Las opiniones expresadas en este artículo corresponden al autor y no representan necesariamente la postura de Quinto Poder.

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