Datos personales: El usuario como mercancía


*Leo García

Todo lo que haces en internet deja un rastro: publicaciones, estados, tuits, likes, shares, imágenes, videos, audios, ubicaciones, entre otros. Además de pasar a formar parte de la Big Data, al originarse directamente por la propia acción de los usuarios, se considera que forma su identidad digital.

La capacidad de conexión para los usuarios ha llegado a todos los rincones. No sólo en cuanto la conectividad a las redes, cada vez más móviles que fijas, sino también por la variedad de los dispositivos que tienen la capacidad de conectarse a esas redes, los servicios, las apps, los sitios web y todo lo que forma el entorno digital.

Pero el factor común es el usuario y el rastro de información que ahora, de manera incesante, genera, manifiesta su existencia, y que tiene riesgos y responsabilidades que es necesario entender.

Datos personales y personalmente identificables

Un dato es la unidad mínima de la información y en sí misma carece de sentido. Cuando se reúne en un conjunto de datos, se convierte en información y toma sentido. Por ejemplo, un dato puede ser el número 2 y carece de sentido por sí mismo más allá del símbolo, pero si decimos “2 manzanas”, ahora tenemos el dato “2” y el dato “manzanas”, es decir, la cantidad (2) de algo (manzanas), y esos datos formaron una pequeña pieza de información que tiene sentido.

Todo cuanto aporta el usuario se considera datos personales, y los datos que identifican o describen a cada usuario como persona de manera individual se conocen como datos personalmente identificables.

Mencionar un nombre propio, una calle, un número de teléfono, un lugar de nacimiento, como datos sueltos no significarían nada. Pero, cuando esos datos tienen una referencia directa hacia una persona, entonces son datos personalmente identificables.

Se consideran datos personalmente identificables al rostro (la propia imagen), el nombre, la fecha y el lugar de nacimiento, el domicilio, el RFC, la CURP, por mencionar algunos. Existe también la consideración acerca de los datos biométricos como datos personalmente identificables, aunque sin un completo consenso, el nivel de estudios, las ideologías políticas, fe religiosa, trayectoria profesional y otros que varían dependiendo de algunas fuentes y marcos legales.

Específicamente en el entorno digital, la IP, las ubicaciones de georreferencia, el correo electrónico y las contraseñas, también caben en la categoría de datos personalmente identificables.

Acerca de los datos personales, el primer responsable de su seguridad y resguardo es el usuario, la persona misma a partir de la cual se generan. Sólo que con frecuencia el desconocimiento del alcance y riesgo de compartirlos hace que se subestime su cuidado. Ya sea que se compartan voluntariamente, sin considerar la seguridad y garantías que pueda ofrecer a quien se le están proporcionando, o que sea por total desconocimiento de las consecuencias y se compartan indiscriminadamente.

 

Las redes sociales y demás servicios en línea siempre harán lo posible por obtener tanta información de sus usuarios como sea posible, para después aprovecharla y generar ganancias con ella. Aunque para lograrlo recurran a prácticas si no fuera de la ley, cuando menos cuestionables, con Facebook y Google a la cabeza.

Las empresas legalmente constituidas y las instituciones de gobierno deberán siempre sujetarse a las leyes y normativas en el área de seguridad y manejo de datos.

En México, todas las personas físicas y empresas, tanto del sector público como el privado a nivel federal y estatal que lleven a cabo el tratamiento de datos personales en el ejercicio de sus actividades, están regidas por la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de Particulares (LFPDPPP).

Después de lo anterior se puede retomar por qué se afirma que en el nuevo paradigma de conexión e interacción digital el usuario es la mercancía.

Información y datos: la nueva “fiebre del oro”

La información como industria no inicia con las redes sociales ni el entorno digital, sin embargo, se han convertido en el factor disruptivo en la forma que se obtiene, procesa y monetiza.

El potencial de captar información a escala global en tiempo real de manera incesante es el elemento que les da a las empresas de información la ventaja en esta área. Los usuarios en sus interacciones forman en la Big Data el activo intangible más altamente monetizable que ha existido, tanto que es una industria completa la que se construye para aprovecharla.

Los datos crudos, es decir, tal como son recolectados, no servirían de nada. El valor lo aporta el soporte tecnológico desarrollado por parte de las empresas para darle sentido a esa inmensa cantidad de información aportada por unos usuarios y ofrecerla de manera útil para otros. Un ciclo ganar-ganar ininterrumpido.

 

No sólo en formato de publicidad, como las inserciones de Facebook, Google y YouTube, y sus algoritmos de sugerencia de contenido. El potencial es mucho más amplio al aprovechar los datos abstractos que alimentan y hacen funcionar servicios.

El levantamiento masivo de ubicaciones de usuarios de Android y otros servicios de Google, analizado y ofrecido mediante algoritmos hace de Waze una herramienta útil para el traslado en auto encontrando las mejores rutas. El levantamiento de los registros de usuarios de pulseras deportivas clasificado y presentado a otros usuarios aumenta la motivación para mejorar la rutina de ejercicio. Los títulos elegidos en Netflix analizados por segmentos sociales, referencias por ubicación y demás preferencias, les aportan inteligencia de negocios para administrar tu catálogo y determinar las temáticas a tratar en las series que producen.

Ejemplos hay muchos, es esta misma la dinámica que incentiva al usuario a seguir participando del ciclo de donde obtienen sus ganancias las empresas que explotan este modelo. Y no está exento de excesos y abusos.

En la próxima entrega platicaremos sobre los riesgos del manejo negligente de los datos personales, especialmente los personalmente identificables, como parte del ciclo de monetización por parte de las empresas de tecnología.

*Leo García (@leogarciamx) es desarrollador web y analista de tendencias de Twitter.

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