Antes de enojarte por lo que ves en redes sociales, recuerda esto


*Leo García

Y empezó el 2019. Recibir un nuevo año siempre es oportunidad de marcar el final de un ciclo y el principio de otro con ánimos y actitud renovados.

El año que estamos empezando viene acompañado de una serie de cambios profundos en nuestro país que inevitablemente nos pondrán en estado de incertidumbre. Ya sea que se tenga mucha confianza y esperanza en los resultados esperados o que se vea con desconfianza y duda lo que está sucediendo, pero no quedaremos indiferentes.

La plaza pública donde se realiza el debate se ha movido al entorno social digital, y entonces es ahí donde puede venir también la manifestación de ese estado de incertidumbre. Permítanme una sugerencia, tomen el control, sean responsables de su uso de los medios digitales y no dejen que les afecte la interacción de otros usuarios.

Actualmente las redes sociales como principal medio de interacción carecen gravemente de respeto y consideración.

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En la constante búsqueda de confirmarnos como personas a través de nuestras interacciones procuramos mantenernos lejos de las posturas discordantes. Sin embargo, como parte de la estrategia de grupos de apoyo y difusión política es usual encontrar quienes buscan alimentar el conflicto e imponer sus ideas y posturas.

Es común encontrar los grupos que aprovechan este espacio de manera coordinada en cada oportunidad que se presenta. La difusión es la parte amigable y sencilla del modelo de acción. Basta inducir los mensajes que correspondan y según la simpatía que se tenga encontrarán las vías naturales para propagarse voluntariamente por quienes concuerdan con la idea del mensaje. O bien, se aplican técnicas de amplificación artificial, los tan llevados y traídos “bots”.

Sean partidarios o no de algún grupo político, las redes sociales se han convertido en el principal foro de difusión de mensajes y consignas, y de persuasión para futuros posibles militantes. Además de buscar aumentar, o al menos mantener, la simpatía actual.

Si alguno de estos mensajes llega a sus interacciones, y ustedes simpatizan o concuerdan con él, es muy probable que no duden en difundirlo voluntariamente e incluso manifestar su apoyo. El problema empieza cuando se encuentran usuarios que no concuerdan en sus ideas o simpaticen en la misma postura política.

Seguro los han visto. Cuando se expresa una idea es frecuente que aparezcan usuarios a cuestionar, criticar, juzgar, y hasta ofender. De la misma manera, es frecuente que la interferencia se realiza con mensajes que carecen de algún argumento válido, cargados de adjetivos, le cuestionan a nivel personal, o definitivamente pasan a la ofensa y el agravio.

La intención en estos casos es interrumpir el flujo de ideas y el intercambio de argumentos que permitan enriquecer la participación de los usuarios en el diálogo de interés.

Causar malestar además trae confusión y duda. Esta forma de influencia hostil tiene como objetivo poco legítimo evitar la difusión de mensajes opuestos a los que corresponde a su propia agenda y la organización de otros grupos contrarios a la postura que estén apoyando.

Este planteamiento forma parte del ciclo de polarización que estamos experimentando desde hace varios años y se ha ido agravando. No se puede señalar que este ejercicio corresponda a una sola postura en alguno de los extremos de la escala ideológica, porque además de la agenda política o los intereses de gobierno, también aplica a grupos activistas de diversas causas sociales. El modelo de influencia hostil es especialmente susceptible de afectar al exagerar posturas confrontadas.

Y visto desde el otro extremo, los invito a que consideren que ejercer tolerancia y respeto es una forma de mantener la sana interacción que inevitablemente termina influyendo fuera de la pantalla los ejercicios de civilidad en los que todos, seamos o no usuarios de redes sociales, es donde efectivamente convivimos en nuestro día a día.

La polarización en el entorno digital es una de las grandes fuentes de nuestra época donde se gesta la intolerancia que ha llegado a explotar en violencia en las calles. Difamación, saqueos, linchamientos, por mencionar algunos, encuentran en las redes sociales el medio ideal para difundirse.

Consideren y evalúen la necesidad y pertinencia, o no, de participar de estas prácticas que en la mayoría de los casos resultan en una violencia innecesaria y sin sentido que dejan frecuentemente daño a gente inocente. Baste recordar cuántas vidas han costado los linchamientos convocados por alertas infundadas.

La posibilidad de entablar conversaciones en las redes sociales se ha limitado. El modelo es efectivo porque los usuarios no hemos aprendido aún a ceder cuando es necesario, ni a distinguir las circunstancias en las que sí es posible un sano intercambio de argumentos, ideas, opiniones e incluso discrepar sin llegar al tono de la ofensa personal.

Justamente ese es el punto: el poder que tienen ustedes. Les propongo, véanlo como parte de su propio bienestar. Las redes sociales han logrado influir al punto en que los estados de ánimo que inducen son contagiosos más allá de la pantalla.

¿Por qué permitir que un usuario, oculto en el anonimato, sin argumentos, afecte su ánimo?

El inicio de este año es la oportunidad para que como usuarios tomemos la responsabilidad y el control de hacer que la interacción social digital sea mejor y ayude a la vez a tener una convivencia sana más allá de los dispositivos. Todos lo merecemos.

Hagamos red. Sigamos conectados.

*Leo García (@leogarciamx) es desarrollador web y analista de tendencias en Twitter

Las opiniones expresadas en este artículo corresponden al autor y no representan necesariamente la postura de Quinto Poder.

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